Internet está subestimado

Intel reorientó sus esfuerzos y se alineó con Internet. Craig Barrett describe los cambios que vie
Andrés Piedragil Gálvez

A principios de 1998, Craig Barrett se convirtió en el presidente y director ejecutivo de Intel. Su arribo al puesto de liderazgo no sólo significó un cambio de guardia histórico para la compañía: Barrett sustituyó a Andrew Groove, uno de los fundadores de Intel y a quien siempre se ha considerado como un visionario de la industria informática. Al mismo tiempo, marcó el inicio de una nueva visión de negocios dentro de la compañía.

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¿Qué representó ese cambio de visión? En líneas generales, implicó concentrar, con mayor énfasis, los esfuerzos tecnológicos y comerciales de la compañía hacia Internet y las soluciones de conectividad.

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Actualmente todas las actividades de Barrett están orientadas a la satisfacción de dos objetivos: ampliar el liderazgo de Intel en el espacio de los procesadores y colocar a esta empresa, con la oferta de nuevos productos y desarrollos tecnológicos, en una posición estratégica que le permita aprovechar el potencial de los mercados de las redes y el Internet.

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Hasta el momento, sus directrices se han materializado en acciones precisas. Tres ejemplos: Intel está promoviendo equipos de conectividad para el hogar y la pequeña empresa: dispositivos Any Point y la línea de servidores InBusiness, respectivamente; la arquitectura de los procesadores Pentium III está totalmente orientada hacia la Web: es decir, los chips están diseñados para ofrecer un desempeño sobresaliente en aplicaciones de Internet, y por último, la firma anunció recientemente que entrará al mercado del almacenamiento de datos web (data hosting).

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Todos estos factores ubican al director ejecutivo en una posición especial; hoy, Barrett es una de las voces que, con mayor insistencia, difunde los beneficios que Internet brinda a los sectores empresariales.

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México es una de las naciones que ya ha escuchado esa voz. Incluso, en forma directa: en el curso de los últimos 10 meses, Barrett ha visitado el país en dos ocasiones. En ambas oportunidades –la primera en agosto del año pasado, la segunda en mayo del presente– expuso ante las audiencias locales conceptos como “comercio electrónico”, “empresas basadas en la Web” y “economía digital”.

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A pesar de que el interés del público ha sido evidente, cabría preguntarse qué aspectos de la realidad mexicana garantizan que “las visiones digitales” de Barrett se traduzcan en un proyecto viable. A primer vistazo, la situación actual no invita al optimismo o la confianza: la plataforma de Internet está limitada por la calidad y el  alcance de la infraestructura telefónica, un consumo no masivo de dispositivos tecnológicos (con el argumento del precio como el principal obstáculo) y una cultura de negocios apegada aún a parámetros tradicionales.

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Sin embargo, para el CEO de Intel estos elementos, aunque dignos de toda atención, no restringen las oportunidades “digitales” de México. Desde su punto de vista, sólo definen una cosa: la velocidad y las condiciones que guiarán la integración del país al nuevo contexto tecnológico y comercial. Internet es una fuerza incontenible y los sectores productivos mexicanos no podrán resistirse; la dinámica de los mercados del futuro se los impedirá.

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Pero, aun cuando los pronósticos resultaran desfavorables, ¿no existen más opciones que seguir el camino de las tendencias digitales y aprovechar las oportunidades que éstas puedan ofrecer desde la perspectiva local? La respuesta de Barrett –en el marco de una entrevista exclusiva realizada durante su segunda vista– es un contundente “así es.”

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Muchos analistas financieros hablan de las economías y los mercados digitales. ¿No cree que estos conceptos resultan demasiado amplios?
Por principio de cuentas, diría que Internet ha tenido un gran impacto en las corporaciones de todo el orbe. Lo que ocurre es que, en muchos lugares, los beneficios que ofrece esta tecnología apenas se están haciendo evidentes. Durante los próximos años, las ventajas empresariales que brinda la Web serán mayores y, por lo tanto, más visibles.

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En este momento, cierto, la economía de Estados Unidos es la que, en comparación con las del resto del mundo, está más orientada hacia Internet. No obstante, en todos los países que he visitado pude observar un mismo comportamiento: los sectores gubernamentales y corporativos se están preparando para la era de los negocios electrónicos.

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Se puede hablar de una tendencia hacia la adopción del nuevo modelo comercial, pero ¿para qué tipo de mercado electrónico se prepara México?
En Latinoamérica, las operaciones de negocio que se realizan vía comercio electrónico no representan, en este momento, una cantidad importante de dinero. Así lo establecen diversos estudios de mercado; de hecho, creo que las últimas proyecciones, que analizan las tendencias en comercio electrónico para el periodo 2000-2003, ubican el valor del mercado latinoamericano en $10,000 millones de dólares. Sin embargo, considero que esas cifras están subestimando el crecimiento real que tendrá la región.

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¿Por qué?
Las proyecciones que actualmente se difunden son, desde mi punto de vista, totalmente conservadoras. Las investigaciones que miden tanto la penetración como el nivel de ganancias que generará el comercio electrónico, no reflejan la verdadera dimensión del fenómeno tecnológico-empresarial. Menciono un ejemplo. De acuerdo con investigaciones recientes, en 1999 el mercado estadounidense de comercio electrónico producirá utilidades por $100,000 millones de dólares. De acuerdo con nuestras expectativas para este año, en Intel los sistemas de e-commerce de la empresa –página web, catálogos y órdenes electrónicas, etcétera– generarán $15,000 millones de dólares. Si tomamos como marco de referencia ambas estadísticas, cualquiera podría pensar que Intel obtendrá una participación de 15%. No creo que eso vaya a ocurrir. Nuestro porcentaje será menor, ya que el valor total del mercado estará por arriba de los $100,000 millones de dólares. En ese sentido, todas las proyecciones internacionales, relacionadas con el comercio basado en Internet, están subestimadas.

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Como otras naciones latinoamericanas, México presenta dificultades económicas, que limitan la adquisición de tecnología, y una cultura de negocios tradicional.
No comparto esa opinión. El centro de la discusión, me parece, está más allá de los factores que menciona. El único criterio que se debe considerar es que Internet, la tecnología de cómputo y el comercio electrónico son tendencias de mercado reales; las cuales, además, ya tienen una gran influencia en la dinámica económica de nuestros días. En ese sentido, el comercio electrónico es una fuerza que ningún sector empresarial podrá evitar. De hecho, sólo existen dos opciones: adoptar el nuevo modelo o ignorarlo. Las organizaciones que no tomen medidas para integrarse al mundo de los negocios digitales, en el corto plazo se encontrarán en una posición de gran desventaja. Se puede decir que las tecnologías son caras y que la cultura empresarial local es un obstáculo. Sin embargo, el futuro nos ofrecerá los argumentos más contundentes: las compañías que ignoren el fenómeno e-commerce, en los próximos cinco años ya no estarán compitiendo en los mercados internacionales.

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Andrew Groove, ahora un miembro del consejo directivo de Intel, ha dicho que, hoy en día, se habla de las empresas que están basadas en la Web y de aquellas que no lo están. Pero él considera que esa distinción dejará de existir en unos cuantos años, ya que Internet será la columna vertebral de todas las corporaciones del mundo. Ese es el punto central: las tecnologías de información, y especialmente, Internet, hacen que las empresas sean más eficientes y productivas. Eso está más que comprobado.

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Hay otra barrera para Internet y el comercio electrónico: la limitada infraestructura telefónica de México. Sin esa plataforma, las oportunidades se reducen en forma significativa.
Es cierto. Para obtener todos los beneficios del E-Commerce, los países deben contar con una infraestructura telefónica bien consolidada y extendida. En ese sentido, sé que en México existen 11 líneas por cada 100 habitantes. Pero, francamente, no creo que ese sea un argumento que elimine las oportunidades locales para el comercio electrónico. ¿Por qué? Porque el concepto de las operaciones de negocio basadas en la Web es más amplio de lo que muchos han imaginado. Éste se divide en dos grandes modelos: transacciones empresa a empresa, y transacciones empresa a consumidor. Una plataforma telefónica endeble y poco propagada sólo limita la implementación del segundo esquema –es decir, el auge de compañías tipo Amazon.com–, ya que no es posible establecer una buena interacción con los clientes potenciales.

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Sin embargo, el esquema empresa a empresa es una historia totalmente diferente. Las organizaciones mexicanas, al igual que las del resto del mundo, siempre han tenido necesidades críticas de comunicación y colaboración, las cuales han provocado que se construyan plataformas telefónicas de alta calidad. Por tal motivo, las transacciones electrónicas entre empresas son absolutamente posibles; la infraestructura telefónica corporativa –que inicialmente se creó con objetivos poco relacionados con la Web—pueden soportar las operaciones de este tipo. Además, el hecho de que sea complicado crear una compañía tipo Amazon.com no debe preocupar a nadie. De acuerdo con diversos estudios, 80% de las actividades de comercio electrónico serán empresa a empresa, sólo 20% corresponderá al modelo empresa a consumidor. No obstante, la prensa está más interesada en las historias que rodean al porcentaje menor.

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México consume tecnología y no la produce, lo que lo vuelve un país dependiente. ¿No dificulta esto su transición  hacia la economía digital?
Todas las tecnologías de cómputo se construyen alrededor de estándares. Lo que implica que nada se crea localmente. La arquitectura Intel es un estándar en el ámbito del cliente –y espero que cada vez más en el lado del servidor– y Microsoft lo es en el campo del software. En ese sentido, ¿qué caso tiene preocuparse por el origen de las herramientas? Países como México, en realidad, deberían estar más atentos a las oportunidades de negocio que ofrecen dichas plataformas tecnológicas; por ejemplo, la creación de contenidos web locales. Insisto, no vale la pena angustiarse y exclamar: “¡Dios mío, estamos importando toda la infraestructura de Internet!” ¿Qué es lo verdaderamente importante? Darse cuenta de que en toda Latinoamérica existen millones de usuarios a los que se les puede ofrecer información local. Para los empresarios mexicanos, esta es una gran oportunidad de negocios: producir contenidos web que reflejen los valores sociales –idioma, cultura, filosofía, etcétera– de la comunidad local. Aunque ustedes no construyan los sistemas operativos o los chips que dan forma a la estructura de Internet, la creación de contenidos es un área que generará muchas ganancias en México. Los usuarios locales de Internet tendrán una respuesta favorable hacia los web sites que están cerca de su realidad.

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¿Qué podría frenar el desarrollo local de oportunidades de negocio electrónico?
En términos generales, la incertidumbre ante el cambio. No hay que olvidar que estamos viviendo una revolución: la transformación del concepto tradicional de comercio. Sin embargo, y como siempre ocurre en estos procesos que implican una reestructuración de fondo, hay quienes asumen una posición de liderazgo, mientras que los demás se quedan unos pasos detrás. De hecho, esa sería mi recomendación para los empresarios mexicanos: después de definir sus fortalezas y talentos, busquen y aprovechen las oportunidades de negocio que Internet y el comercio electrónico les ofrecen. Adopten la actitud de querer encontrar las razones para intentarlo y hacerlo, en lugar de una que sólo justifique la indiferencia. Eso es lo que distingue a un emprendedor de alguien que no lo es.

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