Intolerancia e intolerantes

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Ricardo Medina

Una singular carta del señor Guillermo Saucedo me brinda un par de regalos insospechados: incursionar en el periodismo epistolar, género que casi siempre detesto porque suele convertir al periodista en ombligo del mundo (los ombligos tienen una ubicación privilegiada pero una conformación incómoda), y dilucidar los equívocos semánticos de la palabra “tolerancia” cuyo significado, a últimas fechas, se nos enreda con el de la palabra “disimulo”. Respondo la atenta carta y espero que resulte interesante no sólo para el destinatario sino para la generalidad de los lectores.

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Estimado señor Guillermo Saucedo:

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Lamento ser “el prietito en el arroz”, “el pelo en la sopa” dentro de la revista Expansión. Según deduzco de su amable carta al editor de la revista, usted quincena a quincena disfruta la lectura de cada nueva edición, salvo al llegar a la última página donde con desagrado comprueba que el señor Ricardo Medina no es objetivo ni veraz y es incapaz de ocultar “su odio y aversión desmedida por cualquier acción u omisión del Partido de la Revolución Democrática”.

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Por si esto fuera poco usted ha comprobado con el tiempo que no se trata de un punto de vista aislado sino que mis textos “tendientes a desacreditar las acciones de este partido (el PRD) continuaron apareciendo”. Eso significa que cuando menos hay consistencia: a usted le siguen desagradando mis textos, y yo incurro en el desacato de seguirlos escribiendo (tal vez haya que añadir que los editores son consistentes al seguirlos publicando al final de la revista y que algunos pocos lectores son consistentes al decir que les agradan). Esto ya es una ventaja, me apenaría doblemente que además de antipáticas mis opiniones fueran tachadas de volubles.

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Señor Saucedo: tiene usted razón al invocar la tolerancia. No sé si el tolerar la pluralidad es novedoso en México, en todo caso la pluralidad en sí misma no es novedad ni en México ni en el mundo. Por fortuna hay diversidad de opiniones y lo que a unos agrada a otros les repugna. Tal vez entre los protagonistas de la pluralidad que al fin y al cabo somos todos, haya algunos que a usted, señor Saucedo, no le agrademos. Es su derecho y su privilegio. Usted aventura que los protagonistas de la pluralidad política no son de mi agrado. Le respondo: algunos sí, otros no. ¿Podría apelar al beneficio de su tolerancia?

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Me conmina a que permita expresarse a la opinión pública “en sus tiempos y sus formas”. Buen consejo, pero me permito llevarlo un poco más lejos: jamás he restringido (ni puedo, ni quiero hacerlo) ninguna expresión de la opinión pública y creo, con todo respeto, que no hay que ponerle traba alguna. Por eso, no entiendo eso que usted menciona de “sus tiempos y sus formas”... ¿algún intento de censura?

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Señor Saucedo, no tengo batallón alguno, ni tropa, ni artillería, ni resorteras para dirigirlos contra tales o cuales objetivos. Avasallar ni puedo, ni quiero hacerlo. Tampoco entiendo a qué se refiere usted con objetivos “que no han probado que merezcan ser avasallados”. En el terreno de las opiniones no hay tal cosa. No hay opinión alguna que merezca ser avasallada, las opiniones se intercambian, se discuten, se critican, se aceptan o se rechazan, pero no se aplastan. Lo siento, señor Saucedo, pero esos sustantivos y verbos militares no se conduelen con la discusión racional sino con la falta de democracia, con la intolerancia.

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Créame que también festejo, celebro y canto la oportunidad de ejercer el voto, ¿cuándo censuré tal oportunidad?

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De cualquier forma, muchas gracias por sus críticas. Revisaré con esmero mis textos para evitar que alguien pueda sospechar siquiera que son animados por propósitos aviesos, odiosos o sectarios. Si así ha parecido lo lamento. Pero también festejo que mis opiniones sean desagradables para algunos y no sean compartidas con unanimidad sospechosa. Eso es la pluralidad y es parte de la democracia.

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Saludos.

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Posdata: Pocas cosas me desagradan en el PRD, pero esas pocas me desagradan mucho. Sobre todo, las semejanzas y afinidades del PRD con la vertiente más antidemocrática e intolerante del PRI.

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