Intuye y actúa

Los grandes emprendedores tienen en común un <b>sexto sentido</b> que los hace exitosos: la intuici
Sandra Plata

El 22 de julio de 2002, Carlos Espinal asumió la dirección de Iusacell en un difícil contexto financiero. “Es una situación de retos –explica–. El mayor: cómo reenfocar los recursos y procesos de la organización, para lograr una balance entre lo que los accionistas desean o requieren, la realidad del mercado y lo que la empresa es capaz de hacer.” Actualmente se concentra en reestructurar la deuda de la firma.

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Ese cúmulo de variables puede confundir a cualquiera que emplee un método lineal, racional, de pensamiento. Cada elemento representa un largo listado de pros y contras. En ese caso, el momento final implica un poco el azar y otro poco las corazonadas. El directivo observa que su método para tomar determinaciones lo ha copiado de mucha gente y de experiencias. Con estudios en ingeniería industrial y administración, reconoce ser “muy cuantitativo, me gustan los datos y los hechos. Pero muchas veces hay que tomar una decisión con 40% de la información que se quisiera. En tales casos tengo que confiar más en mi intuición.”

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Intuición… esa palabrita
La intuición no es una función cerebral localizada en algún centro específico. Es el nombre que se le da a un conjunto muy diverso de fenómenos intelectuales y de percepción. De hecho, más que de intuición, debe hablarse de una forma intuitiva de proceder. “La intuición se puede presentar como un sentimiento, una sensación corporal, o un pensamiento que indica una dirección a seguir”, señala Jesús Benítez, psicólogo académico del Tecnológico de Monterrey, Campus Toluca.

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Para Rafael García Pavón, filósofo y profesor de la Universidad Anáhuac del Norte, las corazonadas tienen tres características básicas: 1) Se puede confundir con un me late, aunque es una forma de conocimiento racional, pero inconsciente; 2) tiene cierto grado de inmediatez, no es igual a la reflexión en la que identificamos como mediador al análisis: en ella parece no haber etapas previas; 3) es un conocimiento interno, que surge de nosotros mismos, basado en los estímulos que recibimos constantemente, ya que involucra experiencias e información precedentes.

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En su libro Teoría de la inteligencia creadora (Editorial Anagrama) el filósofo español José Antonio Marina dedica un capítulo al sexto sentido, que “alcanza el saber por un sentimiento”. Y apunta: “Tradicionalmente el mundo de los sentimientos se ha excluido de las tareas de la inteligencia, en parte porque se les consideraba fuerzas indómitas y a su aire, y en parte también porque se confundía a la inteligencia con la razón. Pero la inteligencia penetra el ámbito entero de nuestra vida consciente, con mayor o menor energía. Las fuentes más originarias del sentimiento son orgánicas, o pertenecen al campo de las necesidades básicas, y a ese nivel son autónomas. Ocurre que el hombre no suele vivir en ese nivel, y las emociones primarias se ven enriquecidas, transfiguradas por la inteligencia, que introduce nuevas informaciones en el sistema afectivo y crea, con ello, nuevos sentimientos, valores y necesidades.”

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Cabe señalar que para Marina la inteligencia consiste en “la constitución de un Yo inteligente que dirige su propio comportamiento, conoce la realidad e inventa posibilidades nuevas. No es una operación única sino un modo de realizar muchas actividades mentales, transfigurarlas y construir otras nuevas. Es un modo de crear significados libres.”

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Úsala con medida
Rocío Ordañana, psicóloga en desarrollo humano y organizacional, usa otras palabras para definir nuestro objeto de estudio: “La intuición es la voz del alma (esa parte intangible, espiritual, el inconsciente), que por el lenguaje del corazón nos permite establecer contacto con nuestra inteligencia superior. Se le llama así porque incluye a varios tipos de habilidades, como la capacidad de razonar, de introspección y de crear.”

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Debido al predominio que durante el siglo pasado tuvo el pensamiento lógico y el método científico –que han sido y son muy útiles–, muchas veces no estamos abiertos a reconocer formas inexactas de pensamiento como la intuición, asegura Jesús Benítez. El ritmo de vida actual, con la cantidad de información que nos rodea, nos hace tener una mente muy dispersa y llena de preocupaciones; a eso se agrega la forma en que nos enseñan a sentir, que descalifica o desconoce capacidades que tenemos, como utilizar equilibradamente nuestros lados racional y sensible, observa Ordañana.
Carlos Espinal narra más experiencias propias alrededor de la intuición: “Para entenderla hay que estar abiertos a escucharla, ser honestos con nosotros mismos.” Según él, cuando se toma una decisión “la información disponible es tan importante como la intuición”.

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La ventaja de usar esta capacidad, coinciden los entrevistados, es tener un panorama diferente, más información disponible, seguridad y tranquilidad al buscar la respuesta de un problema. Ayuda a lograr una percepción de la realidad más objetiva.

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La ciencia inexacta
La situación de la firma que dirige Espinal no es fácil: “Estamos en la fase más compleja.  La reestructuración de la deuda toma tiempo, pero hasta ahora lo hemos hecho de la manera más armónica posible. En los próximos tres o cuatro meses esperamos superar esta etapa. Después, nos concentraremos en el crecimiento.” Se trata de un momento de tan alta responsabilidad que el ejecutivo pudiera experimentar cierto grado de ansiedad ante la incertidumbre, pero no es así: “Parto de una premisa: yo me encargo de los problemas que puedo resolver; así, de un ataque cardiaco no me voy a morir. Además, recurro a gente conocida que me va a dar un consejo sano, el hecho de platicar con ellos me ayuda a encontrar la solución.”

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Para activar la intuición, se vale recurrir a estadísticas con validez científica e incluso a fórmulas más o menos subjetivas que pueden ir del esoterismo al consejo religioso o de la apreciación estética al psicoanálisis. Espinal tiene su propio método: “Cuando se trata de una situación muy compleja o de implicaciones severas, que afecte a muchas personas, tomo a Cristo como modelo de principios, aunque no en el aspecto religioso, y pienso: ¿qué haría él frente a esta situación? Una vez completo el proceso, tomo la decisión que considere correcta y hago el seguimiento para garantizar su ejecución, estando siempre atento a corregirla.”

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La intuición es un mecanismo personal. Los entrevistados señalan que no se trata de ser 100% intuitivos. Conviene mezclar la corazonada con el pensamiento racional y respaldar las determinaciones con información.

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