IQ + EQ = OK

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Ma. Josefa Cañal

“El que se enoja pierde” reza un refrán y, lleva mucha razón. - Aplicado a las empresas, el manejo adecuado de las emociones puede constituir - la diferencia entre el éxito o fracaso de un ejecutivo: “Hemos detectado - directivos o empleados que, aunque poseen un alto coeficiente intelectual - (IQ), no se adaptan al medio y sus reacciones suelen estar fuera de lugar. Es - en estas situaciones donde se aplica el concepto de inteligencia emocional - (EQ) —propuesto por David Goleman en 1995—, cuyo coeficiente indica el - grado de madurez de una persona para echar mano y aprovechar sus diferentes - capacidades en la interacción con los otros”, explica Eduardo Mouret, - consultor en recursos humanos y desarrollo organizacional.

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- La idea no es nueva. En realidad, es parte de una asignatura pendiente en - la educación formal que enfatiza las capacidades intelectuales, pero descuida - las habilidades sociales. Para la contratación del personal se toma en cuenta - su IQ, pero cuando los superiores analizan una posible promoción o elaboran - el plan de carrera de algún ejecutivo, la decisión recae sobre el EQ. Es - decir, los responsables de la evaluación califican el desempeño del - candidato, cómo se relaciona con sus compañeros y su capacidad de - adaptación. Incluso, asegura el psicólogo entrevistado, en el currículum - académico hacen énfasis sobre una participación activa y vivencial en - dinámicas de grupo o procesos de desarrollo humano.

- Aunque los especialistas Cooper y Sawat desarrollaron una prueba para medir - el coeficiente de inteligencia emocional (en el libro La inteligencia - emocional del ejecutivo), y existen algunos otros en el mercado, Mouret - piensa que cada compañía requiere un traje a la medida.

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