Iridium <br>Capricho de mujer

Surgida de una simple ocurrencia, esta firma planea cubrir el planeta con sus servicios de telefoní

Todo comenzó hace 10 años, cuando Karen Bertiger quiso llamar de las Bahamas a Estados Unidos para cerrar un negocio. Al no lograr el vital enlace telefónico, le sugirió a su marido –Barry Bertiger, ingeniero espacial y vicepresidente de la División de Satélites de Motorola– inventar un teléfono que se pudiese utilizar desde cualquier lugar del planeta. Así se concibió el germen de lo que en Iridium –compañía de telecomunicaciones personales que forma parte del corporativo de dicha empresa estadounidense– hoy se llama telefonía satelital. Tras una década de experimentación, de inversiones multimillonarias y de un inédito esfuerzo mundial, la tecnología de marras está a punto de convertirse en realidad.

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Para los ejecutivos de Iridium, esta tecnología significará la entrada de una nueva era. “Llegaremos antes que la competencia, con un servicio que revolucionará las telecomunicaciones”, asegura Jesús Díaz, gerente de Mercadotecnia de Iridium para México y América Central. Pero es en Estados Unidos donde los pronósticos van aún más lejos. “Iridium será como si Dios se estuviese manifestando a través de nosotros”, se atreve a decir, sin rubor, Raymond Leopold, gerente general de Asuntos Técnicos de este consorcio.

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Lo que está claro es que la empresa con sede en Washington (pero de operación meramente global) tendrá el mérito de haber llegado antes que sus competidores a uno de los mercados que más prometen en el siglo XXI. Iridium comenzará a comercializar sus servicios de telefonía y radiolocalización (paging) satelitales en todo el mundo a partir del próximo 23 de septiembre de 1998, enfocando su interés en clientes que, por sus necesidades de trabajo, viajan constantemente a lugares remotos.

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ALIANZAS GLOBALES
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Iridium ha tenido tanto triunfos como reveses tecnológicos. En su corta existencia, la firma ya tiene registradas cerca de 40 patentes y en total ha generado arriba de un millar de patentes de diseño. Para cuando el proyecto comience a operar en septiembre próximo, este consorcio habrá gastado cerca de $5,000 millones de dólares tratando de hacer realidad uno de los proyectos privados más ambiciosos y costosos de la historia moderna.

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La idea de la telefonía satelital pertenece a varios ingenieros de Motorola, entre los cuales destaca Bertiger, quien decidió tomar en serio la ocurrencia de su esposa para crear un sistema global de telecomunicaciones.

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Pero no fue hasta 1991 cuando Motorola se interesó formalmente por este proyecto, iniciando un largo proceso de negociación con inversionistas de todo el mundo. Frente a las enormes perspectivas que presenta el mercado de comunicaciones satelitales, Motorola logró hacerse de poderosos socios. En la actualidad, Iridium está formado por 17 grupos, entre los cuales destacan Motorola (que detenta el 19% de los títulos), Sprint, Lockheed Martin, Korea Mobile Telecommunications, Nippon Iridium, el Centro de Investigación y Producción Espacial Khrunichev (Rusia), STET (Italia) y Verbacom (Alemania). La complejidad tecnológica, política y regulatoria de Iridium es impresionante.

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Entre sus creadores se cuentan científicos de la Administración de Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA) que, para poder dar el servicio de intercomunicación satelital antes de que concluya el milenio, han trabajado en condiciones de gran presión desde que el proyecto se creó.

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A pesar de sus excelencias académicas, los ingenieros aeroespaciales de Motorola no lograban armar un servicio viable de comunicaciones global, aunque les sobraran las ideas (una de ellas proponía lanzar a la estratósfera globos de aire caliente que llevarían estaciones de relevo, de las cuales rebotarían señales celulares). Finalmente, Leopold y Bertiger (que trabajaban en este proyecto en sus ratos libres) encontraron la solución: lanzar pequeños satélites de órbita baja que estarían conectados a varias estaciones en tierra (o gateways) para permitir el enlace global.

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En un principio se pensó en utilizar un sistema formado por 77 satélites. De ahí el nombre del consorcio, que hace referencia al número atómico del iridio (un metal blanco parecido al platino).

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Con el tiempo, el proyecto se fue ajustando y los ingenieros determinaron que sólo serían necesarios 66 satélites (de los cuales más de la mitad ya han sido colocados) y otros cuatro o cinco más, para casos de emergencia. Además, para volver el proyecto más atractivo, se decidió incorporar la tecnología celular, lo que permitía ahorrar el costo de uso constante del sistema por satélite cuando éste no sea necesario. Cuando salgan al mercado, los teléfonos de Iridium ofrecerán conexiones para computadoras portátiles, agendas digitales y otros equipos de comunicación. “Hoy en día no existe otro medio que te permita rastrear cualquier señal en el mundo”, asegura Alejandro Benvenuto, gerente de Mercadeo de Iridium en Venezuela y El Caribe. El suscriptor tendrá la posibilidad de elegir entre un teléfono o un pager satelital y de utilizar, según su conveniencia, ya sea las comunicaciones satelitales o celulares.

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A diferencia de los satélites geoestacionarios, que se sitúan a unos 35,000 kilómetros sobre la superficie del planeta, los pequeños artefactos de Iridium (con un peso de 689 kilogramos y un tiempo de vida de cinco a ocho años) se colocarán a unos 780 kilómetros sobre la superficie de la tierra. Estos estarán interconectados para, a través de las redes de telefonía pública, ofrecer una cobertura mundial. Las instalaciones del Control Maestro de los satélites se encuentran en el estado de Virginia, Estados Unidos, donde los datos de facturación y de localización de todos los usuarios serán almacenados.

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En marzo de 1998 Iridium calcula tener operando al 100% su constelación satelital; tres meses después comenzará a promocionar sus servicios. En cada una de las 16 regiones del orbe (divididas en gateways), el consorcio –que cuenta ya con 20,000 empleados directos e indirectos en todo el mundo– dará a prueba 300 teléfonos.

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LATINOAMÉRICA VÍA MÉXICO Y BRASIL
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A diferencia de sus principales competidores (Globalstar, Odyssey e ICO), Iridum es la única firma de telefonía satelital que tiene una fecha de arranque fija y que desde el principio dará un servicio global. “Nuestro sistema es el único que ya está en el espacio”, asegura Díaz. Pero, al ser el primero en llegar al mercado, admite que el gran reto será captar suficiente clientela para amortizar sus inversiones.

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Es difícil predecir qué tan grande será el mercado de la telefonía satelital, aunque es posible establecer algunos parámetros. Se sabe, por ejemplo, que los principales mercados de Iridium serán, por estricto orden de importancia, Estados Unidos, Europa Occidental y el Sudeste Asiático. América Latina ocuparía el cuarto lugar, gracias a México y Brasil, principalmente, donde las telecomunicaciones experimentan un fuerte empuje. De acuerdo con los dos gerentes de Latinoamérica, “este crecimiento se verá reflejado en las ventas de los servicios Iridium en la región”.

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Desde principios de 1996, Iridium ya cuenta con oficinas en Monterrey (que será la matriz regional) y México (desde donde cubrirá América Central), así como en Argentina, Venezuela y Brasil, desde donde se abarcará Sudamérica y la región del Caribe.

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Aunque en un principio el consorcio no prevé entrar con gran fuerza al mercado de comunicaciones satelitales, sus perspectivas de crecimiento son impresionantes. Los ejecutivos de Iridium aseguran tener localizado un importante nicho de mercado entre los viajeros que, en la actualidad, usan celulares, pero que no siempre pueden sacar provecho de este servicio por la incompatibilidad de estándares o la inexistencia de servicios en lugares remotos. La empresa promete que los precios no asustarán a los clientes y que se tratará de un servicio único, que permitirá la comunicación donde no existe otra oferta telefónica. “Los clientes serán viajeros de negocios, que necesitan permanecer en contacto con sus casas matrices”, prevé Díaz.

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Los suscriptores tendrán un solo teléfono o radiolocalizador (que ya fabrican Motorola y la empresa japonesa Kyosera) y una sola factura mensual, enviada por un proveedor de servicio telefónico local. El costo será elevado en un principio pero, como sucedió con la telefonía celular, se irá ajustando de acuerdo con la oferta y demanda. Los ejecutivos dicen que el teléfono tendrá un precio de mercado de entre $2,500 y $3,000 dólares, dependiendo del modelo. Además, habrá que adquirir los cartuchos de protocolo (habrá cinco, dependiendo de la región desde donde se quiera llamar). Cada cartucho tendrá un precio de $100 dólares. La renta fija del servicio será de unos $100 dólares para la telefonía satelital y el minuto de uso costará cerca de $4 dólares. El servicio se ofrecerá a través de redes locales de telefonía que se conectarán al sistema Iridium.

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El perfil del usuario de Iridum también arroja datos interesantes: un ejecutivo realiza un promedio de 13 viajes al año y, por sus cuentas de celular, paga cerca de $350 dólares al mes.

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Con el tiempo, la empresa pretende atacar los mercados industrial, gubernamental, aeronáutico, marítimo y minero. “Conforme vaya creciendo la capacidad del sistema de la compañía, estos segmentos irán adquiriendo importancia”, asegura un informe especial elaborado por la correduría Merrill Lynch.

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FUTURO PROMISORIO
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Si todo sale de acuerdo con lo planeado, para el año 2000 Iridium deberá tener cerca de 650,000 clientes en telefonía y otros 350,000 usuarios de radiolocalización, lo que le generaría ingresos anuales por $2,500 millones de dólares. No obstante, para ese mismo año los expertos aseguran que a escala global el número de suscriptores de -telefonía celular en el mundo sumará casi 294 millones y 202 millones para el paging. Ello quiere decir que Iridium captará menos de un punto porcentual de los mercados de telefonía inalámbrica y pagers, lo que todavía le dará un amplio margen de crecimiento hasta bien entrado el siglo XXI.

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De acuerdo con Merrill Lynch, para el 2002 la empresa estima triplicar el número de suscriptores en ambos servicios y obtener ingresos por $4,200 millones de dólares; para el 2006, Iridium podría recaudar ingresos por casi $7,800 millones de dólares. Quizá es por ello que, en su primera oferta pública (junio de 1997) Iridium vendió 12 millones de acciones a un precio inicial de $20 dólares. El papel se proyectó a las nubes con la misma velocidad que sus satélites y en tan solo tres meses llegaron a $43 dólares por título.

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Para Merrill Lynch, el éxito bursátil está garantizado por varias razones: una temprana entrada al mercado, servicios globales y sus perspectivas de altos rendimientos. Para septiembre próximo, esta correduría calcula que las acciones de Iridum se cotizarán en unos $54 dólares. Dos son las principales razones por las que los inversionistas tienen los ojos puestos sobre esta empresa: su operación promete ser muy rentable y sus costos de operación relativamente bajos.

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Pero a pesar del buen desempeño de Iridium, los analistas admiten que nada garantiza su éxito y, si llega a producirse un accidente en los lanzamientos o alguna otra contingencia (como la pérdida de uno o de varios de sus satélites) que postergue su puesta en marcha, sus acciones podrían bajar repentinamente. En el pasado, los títulos de otras empresas espaciales se han visto fuertemente golpeadas; tomando en cuenta que Iridium tiene deudas por más de $700 millones de dólares, cualquier problema significaría un serio revés para sus planes de conquistar la telefonía global.

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Por ahora, nada de eso parece desvelar el sueño de los gerentes regionales. Todos los ejecutivos de Iridium se preparan para echar al vuelo las campanas en septiembre próximo, cuando al fin se volverá una realidad la ocurrencia de la señora Bertiger.

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