<I>¿Quo Vadis?</I>

Satanizadas unas políticas y rebasadas históricamente otras, la gran pregunta es hacia dónde apun

Convocados a la residencia presidencial de Los Pinos, en cumplimiento exacto al rito anual de inyección de optimismo al amanecer del año, los representantes de las empresas extranjeras establecidas en México pusieron en la mesa su ofrenda, ahora estrictamente redondeada: $10,000 millones de dólares... a cuyo efecto milagroso, señalaba el cálculo, se crearán 41,559 nuevos empleos...

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No se requiere una calculadora profesional ni un ábaco gigantesco para colegir que cada una de las plazas equivale a una inversión de $241,000 dólares, o si lo prefiere $2’280,500 pesos, digo al tipo de cambio de este momento.

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El caso es que semanas después el gobierno reunió todas las cifras ofrecidas por los actores económicos del país con las suyas, calificadas optimistamente como raquíticas, y ofreció un global más que espectacular de apuestas para este ya no tan joven 99: $121,000 millones de dólares, cantidad suficiente, se dijo, para cubrir la meta de 700,000 empleos.

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Naturalmente, cualquier estudiante de secundaria acertaría rápidamente en la división: $160,000 dólares, es decir $1’520,000 pesos.

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Había, pues, una disparidad de $81,000 dólares en el costo por plaza ofrecido por el capital foráneo y el estimado por el gobierno.

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¿Exageraron los hombres de la Coca-Cola, Anderson Clayton, Warner Lambert, Wal-Mart o Nestlé en sus cálculos?

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¿Abarataron el costo los magos oficiales en espectacular  ejercicio demagógico, en afán de cuadrar las cifras?

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Lo cierto es que a ninguno le falló la calculadora. La diferencia, en tal caso, la da el tipo de empleo a crearse...o si lo prefiere el grado de productividad a que se apunte.

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Digamos que para aspirar a plazas como las ofrecidas por los capitales extranjeros, y para llenar la promesa real del régimen  de un millón de nuevos empleos por año del sexenio, el país reclamaría una inversión anual de $241,000 millones de dólares, es decir justo el doble de lo previsto.

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El hecho es que paulatinamente el país está regresando a los estándares de crecimiento que se privilegiaban en la fase previa a la industrialización, en afán de abatir un rezago social que se torna cada día más crítico.

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¿Se acuerda usted cuando el peso del comercio en el PIB era de 37%? ¿Se acuerda cuando era prácticamente nulo el crecimiento de los servicios para empresas, personas y el hogar?

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Para no ir lejos, mientras las estadísticas del Instituto Mexicano del Seguro Social muestran un incremento en enero pasado, en relación con el mismo mes de 1998, de 3.2% en los niveles de empleos permanentes, los eventuales saltaron 43%...

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Más allá, de mantenerse viva la tendencia al primer bimestre del año, en que se habían inscrito 27,029 nuevos derechohabientes al propio IMSS, llegaríamos al último día del año a 162,174...

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...lo que implica que de cumplirse la promesa de 700,000 plazas, 537,826 no cubrirán el requisito de seguridad social reclamado por la ley, es decir se incrustarán en el marco de la semiclandestinidad.

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¿Y usted cree que una empresa con vocación exportadora; una firma con tecnología de punta o una planta de producción en serie trabaje de esa manera?

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Y conste que no estamos hablando de los cálculos que ubican el manejo de recursos de la economía informal o subterránea del país en un tercio del Producto Bruto Nacional, es decir $146,000 millones de dólares...

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Satanizadas las políticas de fomento, privilegiando los sectores estratégicos; descartado un eventual regreso al desarrollo estabilizador; cerrado el paso a la sustitución de importaciones; rebasadas históricamente las políticas estatistas, y desgarrado el modelo maquilador de los tigres de la Cuenca del Pacífico, la gran pregunta es a dónde apunta el timón al arribo del milenio.

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