Jefes duros

No tocarse el corazón para alcanzar los objetivos es la filosofía de management que cobra auge en
Gabriela Ruiz

Cuando Emilio Azcárraga Milmo, el legandario Tigre, subió al elevador donde estaban varios técnicos y vio que uno portaba el gafete en el cinturón, le dijo: “¿Para eso te pago tanto… pa’ que traigas el gafete en los huevos?”. El empleado se llevó la mano a la garganta  y respondió: “No señor, ésos los traigo aquí”. Al salir del elevador, el Tigre se quitó su Rolex y se lo dio al técnico asustado: “Te lo mereces, cabrón”, relatan Claudia Fernández y Andrew Paxman en El Tigre, la biografía no autorizada del empresario fallecido. Su estilo no era precisamente tierno, pero este hombre transformó a Televisa en el emporio de comunicaciones más importante de habla hispana.

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En su época, este estilo de gestión lo llevó a ser el hombre más influyente en los ámbitos político, cultural y económico. Empero, siempre fue paternalista —aclara Marielle de Spa, socia de Heidrick & Struggles, firma de cazadores de talentos—, situación que está cambiando radicalmente hacia el interior del empresariado mexicano. El no tocarse el corazón para alcanzar una meta está cobrando auge a decir de Spa, debido a que las empresas mexicanas y las filiales internacionales necesitan perfiles autocríticos, exigentes y transparentes para dar credibilidad.

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“Se trata de una nueva estirpe de ejecutivos, para quienes las cosas no han sido fáciles. Se han exigido mucho para llegar a donde están. No la tenían garantizada como los hijos de papi. Como a ellos les costó trabajo, dedicación y tiempo, esperan lo mismo de la gente con la que trabajan. Creo que lentamente se está transitando hacia este perfil”, comenta John Smith, legendario cazador de cabezas en México.

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Tener un estilo directo y orientado a resultados dista de la injusticia o irreverencia.  La cursilería corporativa que ha predominado dentro del empresariado mexicano durante décadas, se resiste a aceptar que los nuevos líderes no buscan popularidad sino resultados.

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Las fuentes consultadas coinciden en que tradicionalmente la comunidad corporativa local se ha basado en el nepotismo, el compadrazgo y las relaciones personales, reflejo fiel de la propia cultura mexicana.

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Tal esquema funcionó bien durante la época en la que el Estado y los empresarios tenían un contubernio, a decir de Rafael Sánchez Navarro. Hoy, en ausencia de la protección del gobierno, numerosas empresas mexicanas han pasado a manos de extranjeros. Este fenómeno es resultado de malas gestiones y carencia de estrategias sólidas.

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Adiós a las celebridades
La tendencia ha dado cabida al ingreso de ejecutivos que ven oportunidades en los problemas, una generación de directivos a los que la comunidad empresarial califica de duros. Sin embargo, ¿tiene la dureza que ver con la falta de sensibilidad o con la autocracia?  En un esfuerzo por detectar el estilo de esta nueva especie de líderes, Expansión trabajó con sus consejeros editoriales, contactos corporativos y analistas para ofrecer una galería de jefes duros, como una muestra mínima de un estilo distinto de gestión. El común denominador de los candidatos e investigados consistió en ser exitosos en su trayectoria dentro de una empresa, pero sin ser parte de las familias accionistas.

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Se solicitó a un universo de ejecutivos de varios sectores nominar nombres de líderes que consideraran duros. A partir de los nombres más recurrentes se armó este listado, que integran Jaime Chico Pardo (Telmex), Luis Téllez (Desc), Alfonso González Migoya (Alfa), Pedro Padilla Longoria (TV Azteca), Rogelio Rebolledo (Frito- Lay International), Francisco Gil Díaz (Hacienda y ex Avantel) y Adolfo Lagos (Banco Santander).

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Jim Collins, coautor de From Good to Great y experto en liderazgo, comentó en el título Leaders Talk Leadership que los líderes de primer nivel son fundamentalmente ambiciosos para lograr la grandeza de su empresa a largo plazo… no para sí mismos. “Como resultado suelen ser personalmente modestos, humildes y reservados, pero extremadamente  tozudos en nombre de la compañía. No tienden a convertirse en celebridades. No tienen el ego concentrado en hacerse conocidos. No son los líderes famosos, sin embargo destronan a las celebridades empresariales en términos de resultados”, citaron los editores del tomo, Meredith Ashby y Stephen Miles. Collins apunta a la gran diferencia entre hacerse publicidad a sí mismo y entregar resultados.

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Por su parte, Sam Podolsky, cazador de cabezas y experto en gobernabilidad corporativa, dice que se trata de ejecutivos que no mezclan el sentimiento con el trabajo, tratan a los demás como adultos y establecen relaciones perdurables con su equipo. A continuación nuestra galería  inédita de esta nueva generación de líderes. Élite que, a diferencia de otros personajes de ayer y hoy, no recurre a la autocracia o a la siembra de temor para sustentar su talento.

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—con  la colaboración de Bárbara Anderson.

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