Joaquín Vargas Gómez

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Jaime Santiago

Hoy está retirado de los negocios, con sus changarros muy seguros y creciendo en manos de sus hijos. A sus 71 años, don Joaquín es uno de esos hombres que todavía forjaron su fortuna “a mano”, peso sobre peso. Su diferencia con otros es que no se quedó en un sólo giro, como Servitje con el pan o Arango con los supermercados. Más bien, fue haciendo dinero por muy diversos negocios para cumplir su “modesta” meta de juntar $1 millón de pesos (que en los años 40 eran mucho más que uno de los actuales) antes de los 30 años.

- A todo le entró Vargas sin saber que el tiempo y la casualidad lo llevarían hacia sus verdaderas pasiones: la radio y la televisión. Pero el camino fue muy largo: a los seis meses de edad perdió a su padre, a los ocho años ya andaba vendiendo hilos en los camiones de la ciudad de México para ayudar a su madre y a su hermana mayor.

- Para todo aquél que se vaya con la finta de su Stereo Rey, hay que aclarar que Vargas es chilango de nacimiento; su madre tenía orígenes regiomontanos, mismos que aprovechó para poner una casa de huéspedes para los llegados del norte y, así, dar sustento a la familia. A Joaquincito, por cierto, siempre le tocó el cuarto de la criada (y todavía se acuerda).

- Después de la secundaria nocturna, continuó sus estudios en el Colegio Militar (en ese tiempo no había examen único para ningún Conalep), retirándose seis años después de la carrera de las armas, gracias a una muy oportuna hernia.

- Así empezó el empresario: primero con un camión de volteo y después con una minifábrica de herramientas que marcó su suerte. Un accidente le costó la pérdida de un ojo, y en su convalescencia el joven tuvo tiempo de repensar estrategias.

- A los 22 años se fue de vendedor de refrigeradores y herramientas. Los saltos que dio entonces son todo un milagro de asociación de ideas: le gustó vender partes de avión, luego la aviación, luego puso una gasolinera junto al aeropuerto (que se convirtió en una de las más importantes de la ciudad), luego una cafetería dentro de un DC-3 de desecho (que luego se transformó en la cadena Wings).

- Al mismo tiempo mantuvo su negocio de comercialización, por lo que para 1966 ya podía considerarse ricachón y se fue a comprar un carrazo a Estados Unidos. Él mismo se “chotea” al decir que, como todo nuevo rico, puso el radio a todo volumen... y descubrió la FM. Ése mismo año consiguió el permiso para abrir la primera estación en esa frecuencia, con una velocidad que añoraría mucho tiempo después, tras los siglos que se demoró la aprobación de Multivisión y DirecTV, los negocios que lo catapultaron al nivel de supermagnate.

- Así se hizo Joaquín Vargas Gómez, y con esa bandera se enfrenta a su actual competencia en los medios de comunicación: Emilio Azcárraga Milmo y Ricardo Salinas Pliego. Sobre el primero no oculta su desprecio, y lo califica de “soberbio, desagradable y altanero”. Famoso fue su enfrentamiento legal con el “Tigre”, acusándose de todo para, al final, muy pragmáticos los dos, olvidarse de sus mutuas demandas.

- En cuanto a Salinas, ahí está el comentario que deslizó el jefe de noticieros de Multivisión, Pedro Ferriz de Con, acerca de que Vargas se había negado a “transar” de alguna manera con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari para obtener la concesión de Televisión Azteca, como dejando entrever que el propietario de Elektra sí había aceptado hacerlo. El hecho de que éste devolviera el golpe sacándole sus trapitos al sol al propio Ferriz (con aquello de su sociedad con Adriana Salinas), indica que efectivamente Vargas tiene muy poca cola que le pisen.

- A esta imagen de “pobre pero limpio”, don Joaquín le puede agregar la afrenta de haber sufrido uno de los secuestros más sonados durante el salinato: el de su hijo Joaquín, por quien pagó una importante cantidad de dinero.

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- Hoy, su primogénito —junto con sus hermanos Ernesto y Adrián Vargas Guajardo— están al frente de los negocios (Francisco va y viene de algunos changarros propios), especialmente del nuevo DirecTV, que lograron sacarle con tirabuzón a la muy lenta Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).

- Y don Joaquín, dicen, cumple con ya no pararse nunca por la oficina, y se dedica a recordar el único agravio que él dice haberle hecho a México, y que lo ha de poner tan colorado como las minúsculas faldas de sus meseras de “El Barón Rojo”: allá en los 70, cuando entre sus múltiples ocupaciones dirigió el canal 8 de televisión, “inventó” al animador Raúl Velasco. Nadie es perfecto.

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