Jorge Edwards

La memoria como leit motif

Con 74 años recién cumplidos, el escritor y Premio Miguel de Cervantes, -Jorge Edwards, visita México para promocionar su nueva novela: El inútil de -la familia. De gesto amable, nos habla de los recuerdos que fundamentan su -creación literaria. Un mundo nostálgico pero vital y plenamente relacionado -con la actualidad.

- Acostumbrado a hacer lo que quiere, este escritor chileno se ha dado el gusto de ser diplomático, profesor, ensayista, periodista, amigo y conocido de presidentes, políticos y actores. No existe país que no haya pisado y en donde no tenga una anécdota mejor que la otra. Es un placer conversar con él.

- ¿Cómo era su tío, Joaquín Edwards Bello, protagonista de su novela?
Fue un hombre que comenzó a escribir en una época en que dentro de su mundo y su familia era muy difícil hacerse escritor; era mucho más fácil hacerse banquero, abogado, empresario. Tuvo una lucha, una ruptura fuerte, que dio inicio con un gran escándalo que fue la publicación de su primera novela titulada El inútil. Y a mí no me extrañó que se llamara así. Cuando se le mencionaba en casa de mi abuelo, siempre se referían a él como “el inútil de Joaquín“. Su libro es por ello una historia del rompimiento, provocada por la vocación literaria. También trata el tema de la vocación literaria como apuesta, porque Joaquín era un tremendo jugador, era un loco del juego. Caballo, ruleta, póker, dados, incluso en la bolsa de valores, se lo jugaba todo. Yo he tratado de entender toda esta historia trágica que terminó con un suicidio.

- ¿Y era realmente “el inútil“ de la familia?
(Ríe con una mueca de complicidad) Me parece que el escritor siempre es el inútil de la familia, y no sólo eso, sino el inútil de la familia humana, pero termina siendo útil, no se sabe en qué. Tal vez en el uso de la lengua, en formar una conciencia, en mirar las cosas con una perspectiva más independiente. Pero es un inútil-útil.

- ¿Cómo comenzó a sumergirse en esta novela tributo… si pudiéramos llamarla así?
Empecé a escribir muy chico; mis primeros escritos están publicados en la revista de mi colegio, el San Ignacio, cuando tenía 12 años. Yo no sabía que existía Joaquín, porque en la familia no se hablaba de él. Mi tía Elisa, que era muy intuitiva, adivinó que yo iba ser escritor. Un día me llevó a un rincón y me dijo: “¿Tú sabes que tienes un tío escritor?“, y me mostró las tapas de unos libros que había escrito Joaquín. Desde ese entonces comencé a seguirle la pista y él también me seguía en la distancia —tenía un archivo con las primeras críticas de mis ensayos.

- Hay un momento en su libro donde habla de México D.F., donde se queda para tomar un avión soviético con destino a La Habana. ¿Cómo era ese México?
Primero fui a la Zona Rosa. Pero no sé si está tan de moda como antes… era un área muy bonita. Ese México era muy grande pero tenía un carácter de ciudad muy acogedora, con mucho árbol, mucho jardín. Recuerdo un lugar muy agradable, en el centro, el café de La Ópera… también visité lugares de libros viejos, antiguos. Una ciudad muy hermosa.

- Periodista, abogado, narrador, escritor, diplomático, amigo de Pablo Neruda…
Me recibí de abogado pero nunca he ejercido. Terminé la carrera de Derecho porque ya que empecé a estudiar preferí completarla. Diplomático, dejé de serlo en 1973, así que es una historia del pasado. Sí fui amigo de Pablo Neruda, eso sí. Pero ya se murió, ya, ya se fue...

- ¿Cuál es su apuesta, desarrollo económico o desarrollo educativo?
Si uno observa el mapa del mundo y su historia, los únicos países que han obtenido un verdadero desarrollo son las naciones con cultura. Alemania, Inglaterra, España, Francia, incluso Estados Unidos –con sus errores–, tienen un gran sistema universitario, hay un nivel de investigaciones científicas y un tema de cultura impresionante. El gringo que toma una refresco de cola y que masca chicle, no es la única imagen de Estados Unidos. Desarrollar la economía, para después desarrollar la cultura, eso nunca pasa, no ocurre. Tienen que suceder al mismo tiempo para que funcionen los países. La educación es la base del progreso.

- ¿Vivimos en una América Latina represiva?
Bueno, tanto la democracia como la libertad política y de expresión han progresado. No es el momento de las grandes dictaduras en Brasil, Uruguay, Chile, Argentina. Pero todo lo que se hace en América es frágil y está expuesto a retrocesos. Yo creo que Chile ha logrado estabilidad política, nadie tiene miedo a que haya cambios. La economía y la cultura seguirán el mismo camino, con matices, por supuesto, pero sin grandes alteraciones.

Ahora ve
Esta feria funeraria en Ámsterdam mostró ataúdes “a la moda”
No te pierdas
×