Jorge Miguel Carrillo

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MO

Director de la Escuela de Graduados en Administración y Educación Continua ITESM, campus Ciudad de México
38 años

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Entre campeonatos deportivos –ganados, por supuesto-, decisiones de vida que se toman en vísperas de Navidad y un inmenso amor a la academia, 38 años son suficientes para generar una exitosa trayectoria profesional, en la que el humanismo es parte fundamental del desarrollo. Con estas palabras podría retratarse el éxito de Jorge Miguel Carrillo, que a su edad ha logrado dejar huella en una de las instituciones académicas de mayor prestigio en México: el Tec de Monterrey.

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Todo comenzó en Canadá, donde fue para prepararse y desarrollarse profesionalmente. Una vez concluidos sus estudios, tuvo la opción de trabajar allá o regresar a su patria, y la decisión la encontró en un semáforo de la ciudad de México, justo el 24 de diciembre: “Vine con mi esposa a México para pasar la Navidad y, en un alto, vimos a una señora joven cargando a un bebé en su espalda y pidiendo limosna. Fue ahí donde decidí que la mejor manera de hacer algo por esa gente era regresar y aportar a nuestro país. El vehículo para realizar ese propósito fue el ITESM”.

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A Carrillo le encanta traer el futuro al presente y tener una visión con un telescopio y no con binoculares. Para llegar al éxito, un factor primordial en su desarrollo fue ser humilde, estar consciente de que siempre hay cosas que absorber y tener conciencia de que no hay una fórmula del éxito. “Tengo una obsesión por aprender y el líder debe tener la capacidad no de dar órdenes... sino de inspirar.”

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Antes de entrar a la academia, Carrillo trabajaba para un grupo inmobiliario del cual eran socios Bancen, Grupo Gigante, Carrefour e inversionistas de Jalisco. Como director de Planeación Financiera, a los 26 años, la presión era impresionante por tener a su cargo la elaboración de los análisis financieros.

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En una ocasión tuvo un error de dos puntos porcentuales en el cálculo de un estudio, lo que le costó a la empresa cerca de $2 millones de dólares. Su jefe, lejos de utilizarlo como una fuente de castigo, lo empleó como aprendizaje. “Se compartió con toda la organización y así todos aprendimos del error para no cometerlo en el futuro. Ese es el estilo de liderazgo que me marcó y que me ayudó a afrontar mi carrera de forma distinta.”

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