Jorge y José Martínez Güitrón

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Jaime Santiago

Dicen que en Guadalajara Martínez Güitrón equivale a Garza Sada en Monterrey. Nada más cierto en estos tiempos de crisis. En 1982 la suspensión de pagos de Grupo Alfa desencadenó la desconfianza de los mercados internacionales.

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Así, el tapatío Grupo Sidek conmovió a banqueros y tenedores de papel en enero de 1995, cuando anunció que no podría cumplir con su primer compromiso de deuda ese año. Y es que cuando se deben $1,700 millones de dólares, el que tiembla es el mercado, no el deudor. Al menos eso esperaban los Martínez Güitrón... pero no los dejaron.

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Apenas abrieron la boca, el gobierno entró al quite; citó a las partes y las puso de acuerdo, rapidito y sin protestar. Así, quien se “quemó” fue Sidek y no México. Lo que siguió fue una negociación que duró más de un año y que culminó en una fuerte desinversión por parte de Situr, la empresa más -emproblemada del grupo. Ni modo, 45 hoteles ya eran mucho, así que de vuelta a los 18.

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Son malos tiempos para estos orgullosos tapatíos, que se desprendieron del enorme árbol familiar hace casi 30 años para formar sus propias empresas. Jorge y José son los menores de cinco hermanos varones pertenecientes a un enorme clan —el de los Martínez, claro— gobernado por su abuelo. Tras perder sus tierritas por la Reforma Agraria, este grupo se trasladó a Guadalajara para iniciar sendas fábricas de derivados del maíz y el trigo.

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Bajo el mando del patriarca las industrias prosperaron, y a ellas entraron a trabajar hijos y luego nietos, hasta que ya no había cupo para un solo Martínez más. Muy prudentemente, Jorge y José, ya con sus estudios de ingeniería mecánica y eléctrica en la Universidad Autónoma de Guadalajara, comprendieron que tendrían que formar su propio medio de sustento, y crearon una empresa de instalaciones eléctricas.

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Eso no impidió, claro, que usaran algunas de las “ventajas competitivas” de ser Martínez: las relaciones industriales y bancarias de la familia y, posteriormente, los contactos en Alemania de Jorge, quien había pasado unos cuantos años por allá aprendiendo metalurgia. Al negocio de instalaciones siguió otro de aparatos eléctricos y después la siderúrgica, un proyecto financiado casi por entero con capital alemán y que incorporó tecnología de punta.

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Pero uno de los mejores saltos de Sidek ocurrió cuando, por casualidad, entraron al negocio del turismo, el día en que les pagaron un trabajo de instalaciones con un terreno en Puerto Vallarta. Lo que después sería Situr despegó con la creación de Marina Vallarta, y, luego, de Marina Ixtapa.

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En los años que siguieron todo fue crecimiento para el grupo; todavía para 1994 los Martínez Güitrón revelaban sus fórmulas para triunfar: “Primero hay que creer en el país, luego tener confianza en las decisiones que se toman y por último, tener un buen equipo de trabajo.”

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Sin embargo, uno a uno estos principios se les han ido cayendo. El país les hizo el favor con el “error de diciembre”, porque en un ambiente estable la estrategia de Sidek hubiera resultado impecable: crecer vertiginosamente a partir de créditos baratos en los mercados internacionales.

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Igual puede decirse de sus decisiones: algunos analistas calificaron de “irresponsable” su intento de suspender pagos, acción que determinaron sin hablar antes con gobierno y banqueros. Y poco antes, un miembro de su equipo les hizo pasar una vergüenza del tamaño de Jalisco: Juan José Bortoni Garza, entonces directivo de Sinam, tuvo la ocurrencia de sobornar a un funcionario de Pemex para obtener un contrato, con tan mala suerte que los $26,000 dólares que usó para tal efecto resultaron estar marcados por haber sido utilizados en el rescate de Alfredo Harp Helú. De inmediato, los hermanos —quienes predicaban que entre las principales enseñanzas de su clan estaban el trabajo, la disciplina y el respeto a la autoridad—, declararon que no sabían nada al respecto, y despidieron de inmediato al ejecutivo.

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Personalmente, ni José a sus 57 años, ni Jorge a sus 61, parecen haber quedado muy raspados —aún les quedan Simec y sus fuertes participaciones en Banamex, Bancomer, Probursa, Operadora de Bolsa y Promex—, pero no puede decirse lo mismo de Situr. Lo que quede de esta compañía dependerá de su propio capital para crecer, porque por ahora su crédito es comparable al de un barzonista. Pero este par de hermanos no parecen tener problema en volver a la austeridad que, dicen, es otra de las enseñanzas de su padre. El tiempo pasa, y los mercados perdonan y olvidan a quien hace suficiente penitencia.

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