José Madariaga, de la ABM. &#34Reestruc

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José Madariaga Lomelín, presidente de la Asociación de Banqueros de México (ABM), habló a EXPANSIÓN sobre algunos de los problemas más apremiantes para las instituciones financieras del país y para sus cuentahabientes.

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Convencido de que el camino actual para la banca es la fusión, venta o alianza con instituciones financieras del exterior, y de que no es factible renegociar créditos con deudores organizados ("nosotros no le prestamos a grupos, ni podemos reestructurarle a grupos, tenemos que hablar con personas", defiende), Madariaga elude hablar de cifras, aunque no rehuye pregunta alguna.

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Rara vez interrumpe a sus interlocutores y en su hablar pausado no se percibe molestia o enojo. Puestos frente a frente, la pasión de los barzonistas contrastaría sin duda con la mesura de un hombre que tres décadas atrás podría haber estado del lado opuesto de la mesa.

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Aquí, un versión editada de la charla.

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¿Cuáles son las perspectivas para las instituciones financieras en relación con su capitalización, cartera vencida, reestructuración de adeudos, no sólo en términos cualitativos, sino también cuantitativos?
Es difícil concretar números. Lo que sí podemos ver es que el proceso de deterioro que ha sufrido la banca es producto del deterioro de sus clientes. En la medida en que ellos se deterioran y no pueden cumplir con sus compromisos, aumenta la cartera vencida y se obliga a la banca a crear reservas que afectan directamente sus resultados. Al mismo tiempo, como producto de los resultados bajos y de la alta cartera vencida, se genera la necesidad de mayor capital para mantener los índices de capitalización mínimos que son requeridos.

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Por ello, lo que ha pasado en el primer semestre de este año afecta mucho a toda la estructura de los bancos. En este lapso hemos pasado casi tres meses de absoluta oscuridad, después uno o dos con tasas de inflación alarmante, pero, finalmente, desde mayo o junio la tendencia de la tasa de inflación ha quebrado. Esto nos hace suponer que puede venir una disminución de las tasas de interés, que de hecho ya se dio en una proporción, pero que podrá seguir hasta llegar a una situación donde la variabilidad nos permita planear. Si bien el segundo semestre no será de recuperación, al menos será de menos deterioro que el primero. Los bancos van a seguir distintas alternativas para lograr las capitalizaciones, de acuerdo con sus circunstancias y necesidades específicas. Y no será remoto que para fin de año y principios de 1996 podamos ver un sector financiero con grandes cambios -adquisiciones, fusiones, modificación en algunos accionistas, etcétera-, como consecuencia de todo lo que implicará el proceso de capitalización.

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Los empresarios aluden al costo del dinero y a la dificultad de acceder al crédito como obstáculos para su supervivencia. Los reclamos cada vez son más fuertes; incluso, se ha llegado a acusar a la banca de prácticas de usura y de contravenir el código civil en lo que toca al cobro de intereses re intereses. ¿Qué puede decir sobre esto?
Dividamos la pregunta en dos: la cantidad del crédito y el costo. Seguramente en EXPANSIÓN tienen reportajes de empresas que durante 1994 decían que el crédito era escaso, y ahora resulta que la cantidad de crédito que tenían las empresas en 1994 no lo pueden pagar. La realidad es que el crédito creció enormemente entre 1990 y 1994. Para dar un dato: el crédito hipotecario creció 30 veces. Tan ha habido crédito, que por eso hoy existen tantos problemas. Lo ha habido en exceso: en tarjetas, en hipotecario, en créditos a los distintos sectores empresariales.

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Durante 1995, precisamente por la crisis, sí hemos tenido escasez, pero es parte de la política monetaria del banco central: es una escasez necesaria dentro de un esquema de recesión, que es lo que estamos viviendo para poder absorber en el menor tiempo posible el ajuste de nuestra economía.

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En relación con el costo del crédito, yo entiendo que muchos clientes -que no tienen exactamente por qué conocer los movimientos financieros- estén desconcertados y no encuentren una explicación lógica, que la hay: el costo del dinero, cuando es escaso y cuando hay alto riesgo, sube. Es lógico, ¿no?

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¿Y qué hay sobre la ilegalidad de cobrar interés sobre intereses?
A ver: si usted deposita dinero en mi banco y me da instrucciones de que al vencimiento de sus intereses se los abone en cuenta, ¿qué espera que el banco haga con esos intereses? Pues que se los vuelva a invertir, y entonces, ¿usted cobraría intereses sobre sus intereses?

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Sí.
Porque si el cliente me dice: cuando reciba mis intereses me los cobras y no me los inviertes, pues el cliente no estaría haciendo un buen manejo de sus finanzas. En cambio dice: cobro mis intereses, los invierto y recibo intereses de mis intereses. Y por lo tanto yo tengo que estarle cobrando intereses al señor que no me los pagó, porque se los estoy prestando.

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¿Agrupaciones como la Asociación Nacional de Tarjetahabientes (ANTAC) o El Barzón, y la ABM viven entonces en mundos distintos?
Hay una enorme cantidad de deudores que son responsables de sus compromisos; se han acercado y se han hecho muchas reestructuraciones. En lo que va del año hemos hecho más de 265,000 reestructuraciones.

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¿De un total de cuántos emproblemados ?
Sería muy difícil que le dijera. Pero bueno, el número por sí mismo es muy importante, aunque consideramos tarjetahabientes, créditos hipotecarios, etcétera. Sin embargo, y todo mundo lo sabe, buen deudor no debe perder de vista la importancia que tiene su prestigio como buen deudor, y aún los buenos deudores en momentos pueden no tener posibilidad de pagar. Pero si ese deudor da la cara, muestra su deseo de pago y renegocia nuevas fórmulas con su banco, yo diría que en estos casos, prácticamente todos o una gran mayoría ha llegado a acuerdos adecuados. Sin embargo, aquel deudor que para pedir su crédito vino solo y hoy quiere ampararse a través de grupos para hacer negociaciones de grupo, bueno... Nosotros ni les prestamos a grupos, ni les podemos reestructurar a grupos, tenemos que hablar con personas.

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Lo que es muy importante para que hablemos el mismo idioma es que el deudor entienda que su necesidad de reestructuración no implica no pagar, así como el banco tiene que entender que la necesidad de reestructuración significa adecuarse lo más posible a las necesidades del deudor. Pero es factible que ninguno logre todo.

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Nosotros no podemos dejar de cobrar, porque precisamente el día que lo dejáramos de hacer, quienes tendrían que empezar a preocuparse serían los clientes que depositan con nosotros su dinero y su confianza. Y, por otro lado, no se debe interpretar que reestructurar es cancelar. Restructurar es adecuar las obligaciones en plazos y cantidades que permitan al deudor cumplirlas y que no afecten patrimonialmente al dueño del dinero.

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Hace unos meses, en una entrevista con EXPANSIÓN, usted dijo, a propósito de los alcances del programa de apoyo a la planta productiva, "no podemos enmendar problemas que no tienen solución". ¿Qué quiso decir?
Lo que quise decir es que, en este proceso de reestructuración, nos dimos cuenta de que es necesario afrontar con mucho realismo las circunstancias, y que así como debemos apoyar a las empresas que tienen viabilidad, debemos afrontar con realismo la situación de las que ya no la tienen, y en esos casos, hablar con los clientes en la mejor manera hasta encontrar una solución que finiquite esto. Si no, lo que estaríamos haciendo con recursos nuevos es hacer mayor el problema y diferirlo.

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Con respecto a las UDIs, se escucha en el sector empresarial que son los bancos los que están frenando la posibilidad de acceder a ellas. ¿Por qué existe ese sentir?
Nosotros estamos promoviendo la reestructuración en UDIs, y además sentimos que es un producto adecuado en algunos casos. Como todos los productos financieros, no es adecuado para todos los casos, ni para todas las empresas, pero para algunas sí. Quizá la expectativa inicial que causaron las UDIs fue porque el empresario se dio cuenta de que en vez de pagar una tasa de interés alta, iba a pagar una baja, pero no percibió de igual manera que el capital que iba a pagar con el tiempo crecería en los términos en que lo hiciera la inflación. Esto, cuando ya se analiza, resulta problemático para hacerle frente en el futuro. En este momento, todos en la banca estamos haciendo un esfuerzo muy grande para poder incrementar el uso de esta fórmula en aquellos casos que sí convenga.

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¿En qué casos no la recomienda?
Si los flujos previstos de capital de las empresas no son suficientes para ir permitiendo abatir el crecimiento del principal, evidentemente se puede generar una cantidad de difícil manejo en el futuro. Es necesario tener flujos para amortizar.

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¿Acepta que hay una corresponsabilidad entre banca y deudores con respecto a la cartera vencida? Y habiéndola, ¿no debería la banca buscar maneras menos particularizadas, quizá más grupales, de resolver el problema?
No podemos decir: a todos los clientes de tarjeta de crédito cuyo apellido empiece con la letra A, les reestructuro de esta forma, o a todos los clientes que se unieron con el señor tal para reclamarnos, pues se les hace igual. Pero sí le puedo decir que en varios de los bancos mexicanos, en el caso de tarjeta de crédito usted ya está reestructurando por teléfono. Telefónicamente le dicen cuáles son los planes de reestructura y los plazos. Usted se acoge al que le convenga, y en una conversación de 15 minutos deja cerrada la reestructuración de su tarjeta.

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¿Y no le parece terrible que la gente que estaba cumpliendo con sus adeudos en los plazos adecuados, de la noche a la mañana vio que se duplicaron sus deudas; tuvo posibilidad de reestructurar, pero se volvió algo así como deudora perenne, de aquí a 30 años...
Sí, eso sí...

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... y que ellos no son corresponsables, sino que de algún modo son víctimas de las circunstancias, porque iban al parejo con sus pagos, tenían una expectativa y de pronto llegó la crisis?
Sí, es muy lamentable. Pero me parece que en este momento esa es una situación que le ha pasado al tarjetahabiente y al empresario y al obrero. ¿A quién, en el momento actual del país, no le ha pasado9 Todos estábamos esperando que nuestro país entrara al investment grade y, en cambio, entramos a una situación de crisis. Y esto claro que ha afectado al tarjeta habiente y al que pidió un crédito hipotecario y al empresario. Y empresas que tenían viabilidad, hoy no la tienen, y la recuperación del salario que se podía ir teniendo, se ha perdido. La situación es tan grave que ha afectado a todos los mexicanos.

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¿Qué papel juega el Buró de Crédito en este contexto?
Este buró va a empezar a jugar un papel sumamente importante, porque nos dará la historia crediticia de cada una de las personas. Todos los bancos vamos a aportar nuestros datos y este buró los tendrá en forma confidencial dentro de una computadora. En lo sucesivo, tal como sucede en todos los países desarrollados, el buró será la fórmula de consulta para otorgar un nuevo crédito. Ahí consultaremos la historia crediticia del solicitante

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¿Es una especie de "lista negra"?
No, no exactamente, porque en las listas negras sólo están los malos, ¿no? Aquí, vamos a tener un análisis de todos los clientes para poder conocer su historia.

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Es decir, podrá haber un buen cliente que haya solicitado un crédito y quizá no se le dé la cantidad que pide, sino otra menor...
O mayor.

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En aquella entrevista con EXPANSIÓN usted afirmó que no había riesgo de quiebras en la banca. ¿Se puede volver a decir eso ahora?
Por eso estoy diciendo lo que estoy diciendo: el gobierno ha puesto, tiene instrumentadas, las fórmulas para apoyar a las instituciones en favor de los clientes y no en favor de los accionistas.

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Con respecto a este apoyo que le ha dado el gobierno a los bancos, ¿hasta dónde debe intervenir para rescatarlos?
Aquí tenemos que dividir en varios puntos. El primero, es que es muy importante que quede muy claro que, hasta hoy, el gobierno no ha entrado en un proceso de rescate, sino en uno de apoyo.

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¿Cuál es la diferencia?
El costo. Rescatar algo cuesta mucho más que apoyar en el momento en que hay que hacerlo. En segundo lugar, el gobierno está encontrando vehículos y mecanismos para apoyar a las instituciones, no para apoyar a los accionistas de las instituciones.

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¿Qué quiere decir con eso?
Que el interés está en que un banco, que es una institución que guarda los ahorros del público, no genere inseguridad de que esos ahorros van a ser regresados tal como se ha comprometido. Entonces, el gobierno está ayudando en el apoyo al banco, pero no en el apoyo a los accionistas. Puede verse en el análisis de las capitalizaciones que se están haciendo de los bancos, cómo los accionistas que tenían un determinado porcentaje de una institución, al capitalizarse tienen mucho menos; o sea, su posición relativa se ha disminuido, salvo que sean ellos mismos los que ponen el dinero.

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