José Mendoza Fernández

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Jaime Santiago

¿Perdón?, habrá dicho el jovencito (entonces) y recién estrenado como ingeniero químico José Mendoza, cuando un funcionario del Banco de México le ofreció “la oportunidad de su vida”.

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Resulta que este joven resultó ser el mejor promedio de la carrera en la Facultad de Química de la UNAM, no sin antes sobarse el lomo durante el turno de la noche en la entonces activa Sosa Texcoco (cuyos restos contaminan aún el noreste de la ciudad de México con singular alegría). Corría la década de los 40, y a este “coco” se le estaba ofreciendo la posibilidad de ingresar a una de las primeras generaciones de posgraduados en el extranjero, financiados por la Revolución Institucionalizada.

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Lo malo es que, a su regreso, Mendoza tendría que soplarse otros cinco años -trabajando para Sosa Texcoco. Su respuesta hizo que México perdiera un administrador de paraestatales y que ganara un empresario a lo “bestia”.

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Eran los pujantes tiempos del “milagro mexicano”, cuando todo estaba por construirse y no había muchos dispuestos a hacerlo. Por ello, cuando en 1949 Mendoza se asoció con Rafael Pardo para fundar una empresa de ingeniería -multidisciplinaria, no fue sorpresa que le empezaran a caer contratos.

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Ahora puede suponerse que el propietario de Bufete Industrial (BI) estaba muy bien conectado porque, luego de desechar su beca, se ocupó en levantar su fortuna a fuerza de construirle plantas industriales a infinidad de empresas, entre ellas muchas paraestatales. La especialidad de BI ha sido siempre la ingeniería industrial, más que la infraestructura (de la cual se encargó ICA en gran parte).

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Hoy, a sus 71 años, Mendoza tiene en su haber más de 1,000 obras terminadas, para nombres de la talla de DuPont, Procter & Gamble, General Motors, Celanese, Kimberly Clark y algunas importantes vaquitas como Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Su empresita vendió en 1995 $2,340 millones de pesos, con todo y que fue uno de los peores años en su historia.

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¿Cómo le hizo? Con la ayuda de conceptos que hoy suenan por todas partes, pero que a él se le ocurrieron hace 50 años, como la integración vertical (es decir, la capacidad de levantar una obra completita, desde el proyecto hasta el que barre al final). También, claro, por ese fino sentido de las relaciones públicas con que cuenta: Mendoza es de los que no se pierden una gira presidencial y de los que siempre salen en la foto. Ha dirigido asociaciones, encabeza patronatos educativos y es uno de esos candidatos favoritos para recibir premios y reconocimientos en general.

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Por esto mismo, nadie puede esperar de su parte una crítica demasiado fuerte en contra del gobierno, ni siquiera en el fatídico año pasado, cuando su empresa reportó pérdidas por $461 millones de pesos. Para él, la devaluación y demás jinetes del Apocalipsis fueron causados en gran parte por la desconfianza causada por los asesinatos políticos y por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), al cual, por supuesto, quisiera ver “arreglado”, de una forma u otra.

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Más allá de su opinión con respecto a los grandes problemas nacionales, Mendoza ha conseguido convencer al gobierno de adoptar una manera de construir considerada como más eficiente, y que elevó a nivel de tesis de obra pública: la llave en mano. No es que él la inventara, por supuesto, pero por su misma estructura BI estaba completamente preparada para acomodarse a esta manera de levantar plantas cuando se generalizó por el mundo.

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Sin embargo, la competencia es cada vez más dura, con varias decenas de concursantes de diversos países en cada una de las escasas licitaciones gubernamentales, lo cual castiga los márgenes de BI, y la obliga, como a los otros grandes constructores, a aceptar contratos menores, para seguir andando. Cosa curiosa, Mendoza decidió salirse un poco de lo suyo para empezar a construir cines junto con United Artists; en estos tiempos lo que sea es bueno, aunque la crisis también parece haber frenado este proyecto (según sus proyectos, ya debieran tener 40 cines en la capital).

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La crisis también terminó de “sacar” a BI al resto del mundo. Ahora Mendoza coordina proyectos “llave en mano” en Bulgaria, Chile, Ecuador, Malasia y hasta en Estados Unidos, para lo cual vendió 25% de su consorcio a MW Kellog, y anda a la caza de constructoras en otros países.

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Personalmente, el también socio de Serfin, Gméxico y Sears, entre otros, es considerado por sus subalternos como inteligente y muy organizado. Conservador no sólo para vestir, Don José tiene seis hijos y va en los 13 nietos. Por supuesto, tiene dos delfines para cuando quiera retirarse: sus hijos José Pablo y Luis Felipe.

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¿Seguirá teniendo Mendoza “la llave en la mano”? Nada indica lo contrario. Además, si Pemex sigue dedicándose a que sus plantas vuelen por los aires... alguien tendrá que construirlas de nuevo.

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