Juan Diego Gutiérrez Cortina

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Jaime Santiago

La fortuna de los dueños de Gutsa había sido más o menos discreta hasta el sexenio pasado. Fundada hace 54 años, la empresa de Antonio Gutiérrez Prieto fue progresando poco a poco. Sin embargo, Gutiérrez senior logró ir amasando una muy considerable riqueza, que le permitió hacerse socio minoritario de otras muchas compañías de gran tamaño.

- Los clientes de Gutsa han pertenecido tanto al sector público como al privado, y la firma pocas veces le ha hecho el “feo” a obras pequeñas (es más, hoy ha vuelto a la construcción de vivienda de interés social).

- Sin embargo, parece que ni un monstruo de su tamaño puede sostener la explosión demográfica. Don Antonio fue bendecido con 14 hijos, mismos que simplemente se desbordaron de Gutsa al tiempo que fueron creciendo.

- Con el “autodescarte” de Antonio (quien partió a fundar el ya de buen tamaño Fondo Opción), de Bosco (cabeza de una firma de arquitectos) y de Bernardo (especialista en mercadotecnia), el camino quedó libre para que en Gutsa mandara Juan Diego Gutiérrez Cortina, un licenciado en administración por la UNAM a quien se responsabiliza tanto del fuerte crecimiento de la constructora en los últimos sexenios, como de sus recientes problemas económicos.

- Juan Diego ha ganado importantísimos contratos de infraestructura pública. Por ejemplo, Gutsa participa en el abastecimiento de agua potable a varias ciudades del país, entre ellas el DF; también es de los desarrolladores de los 4,000 kilómetros de carreteras del salinismo (quedándose con los elefantes menos blancos), y ha participado en las licitaciones de no pocos contratos de cogeneración de electricidad.

- Pero, sin duda, uno de los principales trompos que se echó a la uña es el famoso World Trade Center México (WTCM). Corría 1993: la familia de don Alfredo Suárez (el empresario que pensó que construir edificios era como levantar pirámides, piedra a piedra) y Vicente Bortoni estaban tronando por la falta de recursos y el viejo proyecto del Hotel de México estaba más maldito que nunca. Circulaba el rumor de que el coloso de Insurgentes Sur estaba mal construido para los estándares de un México sísmico y que más bien habría que echarlo abajo.

- Entonces Gutsa entra al quite: resuelve el pleito de dinero de los señoritos Suárez, aporta millones en recursos frescos, renegocia adeudos y modifica otra vez el proyecto. Esta vez se dice que el WTCM costará unos $500 millones de dólares, que representará unos 560,000 metros cuadrados de construcción y que estará listo para finales de 1995.

- ¡Beeeep! Error. Primero, Gutsa tiene que enfrentar a los propietarios de oficinas en el edificio, a quienes se les anuncia que ahora no tienen derecho a tantos metros cuadrados, y que encima tendrán que pagar un poquito más por sus espacios, todavía en obra muy negra. Luego llega la crisis; la debacle de las aspiraciones primermundistas del país cae como un balde de agua fría sobre las esperanzas de hacer del edificio el centro del libre comercio al sur del río Bravo. Vuelven los problemas de dinero, esta vez para Gutsa, que tenía ya en puerta una entrada a la bolsa para mejorar sus finanzas.

- La cosa se le fue poniendo difícil a don Juan Diego, e incluso circularon chismes acerca de una división entre los hermanos. Al parecer, el acuerdo es que la mayoría de los Gutiérrez Cortina saldrá de la operación de Gutsa, para quedarse como accionistas de 40% de la empresa, que después irá vendiendo a socios extranjeros o en bolsa, mientras Juan Diego se queda con 60% pero, dicen otras fuentes, tan sólo del negocio de construcción, el que anda mal, pues.

- Porque la maldición del WTCM no ha dañado al resto de Gutsa, que tiene intereses en importantes centros comerciales y desarrollo de oficinas y vivienda por todo el país. De hecho, a pesar de que el consorcio buscó el consejo de la Ucabe de Eduardo R. Bours para renegociar su deuda bancaria, nada ha impedido que le siga “entrando” a las licitaciones de aeropuertos, carreteras y proyectos de dotación de agua por todo el país.

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- También ha dirigido al consorcio hacia interesantísimas asociaciones con una gasera estadounidense y otra canadiense (algo muy te-ele-cé), para entrarle a la distribución de gas natural, la solución energética que se propone para el próximo siglo.

- Los contactos de este millonario, consejero en Comercial-América, Banamex-Accival y Elektra, siguen tan bien como antes, gracias a que además está participando en cosas de tan buena imagen como el Fondo Chiapas y el Consejo Mexicano de Promoción Turística. Pareciera que la política de Juan Diego ante la crítica es hacer como que la Virgen le habla y seguir haciendo negocios.

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