Juan Francisco Beckmann Vidal

-
Jaime Santiago

No en pocas ocasiones esta columna ha hablado de empresarios cuyo primer gran mérito fue el de heredar bien. Ni hablar; nada como una buena fortuna familiar para alcanzar las alturas en los negocios. Claro, argumentan siempre los afortunados, la cosa es saber qué hacer con lo recibido, aumentarlo y dejar más para los que vienen.

-

Si éste es el caso, habrá que decir que el presidente de Casa Cuervo y anexas no lo ha hecho mal. Desde que tomó las riendas, a los 32 años, en 1972, Beckmann ha consolidado la presencia internacional del famoso tequila a niveles que sólo tienen paralelo con la cerveza Corona. Es decir, nadie como los mexicanos para hacer buenos tragos para todo el mundo.

-

Claro que este contador público con la clásica maestría en Administración por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) sí se las vio negras y pagó los costos del aprendizaje, luego de que su papá (Juan Beckmann Gallardo) dejara el changarro nada más porque le vino en gana retirarse a los 65 años.

-

Tal vez la escasez de agave azul y el gobierno echeverrista hayan sido problemas fuertes, pero uno de los peores que enfrentó el joven Beckmann en aquel tiempo fue el de sacar a su muy numerosa familia de la operación de la empresa y mandarlos a su casa como accionistas. La dificultad de tal cosa se entiende: Cuervo fue una empresa familiar durante más de 200 años.

-

Pocas empresas pueden presumir una historia tan larga en este país: en 1795, mucho antes de que al padre Hidalgo le diera por tocar campanas, un tal José María Guadalupe Cuervo recibió del mismísimo rey Carlos IV (el del caballito) la licencia para producir vino de mezcal en sus tierras, que después darían lugar a Tequila, Jalisco.

-

El negocio prosperó durante más de un siglo, hasta que el último José Cuervo murió en 1921, quedando su fortuna en manos de dos hermanas que se habían casado con sendos industriales tequileros. Por esa línea materna, el apellido cambió de González a Gallardo, y por fin a Beckmann, gracias a la oportuna (para él) intervención de un cónsul alemán en Guadalajara.

-

Así que, sin ser descendiente directo de algún Cuervo, Juan Beckmann Vidal sí tuvo varias decenas de tíos y primos con quienes lidiar para darle dirección a la compañía. Al parecer ahí pesaron dos cosas: la mayoría accionaria que le heredaron en vida y su conocimiento del negocio.

-

Tal vez por tener que darle resultados a sus accionistas, tal vez por jalisciense, tal vez por su origen alemán, Juan Beckmann no se ha metido mucho en la grilla empresarial. Si acaso, dedica algo de tiempo a hacer -lobbying en contra de los fabricantes de “tequila” gringo o japonés y a promover la denominación de origen en todo el mundo (pos’n, luego). También tuvo que dedicar en años pasados algo de tiempo (casi nada) a defenderse de los ataques de quienes ahora piden que el tequila sea 100% de agave azul, sin otros azúcares; como el fabricante más grande del ramo, debió asegurarse de que hubieran márgenes de, por ejemplo, 60% en adelante en la mezcla (de lo contrario, los cerros se volverían a quedar pelones, nada más para surtir la producción de Cuervo).

-

El que sí estuvo haciendo sus pininos en la polaca fue su hijo Juan Beckmann Legorreta, quien un tiempo se asoció con Carlos Slim Domit (nada menos) para formar una cosa que llamaron Generación Empresarial. El grupo tuvo algo de éxito trayendo a los famosos personajes del “fin de la historia” (Margaret Thatcher, Mijaíl Gorbachov, Brian Mulroney), para que derramaran su infinita sabiduría sobre los chavos mexicanos. Sin embargo, al final los dos fueron llamados por sus padres para atender sus respectivos negocios y ahí quedó todo. Habrá que imaginarse ese cuadro: –“Mire, m’hijo, el negocio está acá en la fábrica; ponga a alguien a hacer sus conferencias y véngase a trabajar”… –“Sí, apá”.

Inicia el día bien informado
Recibe todas las mañanas las noticias más importantes para empezar tu día.

-

Al fin, el cuarto Juan Beckmann tequilero debe imaginarse que su papá también puede optar por retirarse a los 65 y, pues, no sea que lo agarren tan tierno como al hijo del Tigre... (¿pintito?).

Ahora ve
Trump retira certificación al acuerdo nuclear con Irán y considera sanciones
No te pierdas
×