Juan Molinar Horcasitas. Las posibilidad

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Zacarías Ramírez T.

El analista político e investigador de El Colegio de México entrega su visión sobre el aporte del Partido Acción Nacional (PAN) a la democracia mexicana.

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¿Cómo explicaría el ascenso del PAN?
Por un lado, por su larga trayectoria -en que ha acumulado organización, experiencia, simpatizantes- y porque tiene buena reputación. Por otro, porque el desempeño del país ha sido menos que satisfactorio en las últimas dos décadas; hemos ido de crisis en crisis y el electorado percibe que el país está mal gobernado, lo cual evidentemente está detrás de mucha de la votación panista. Con la crisis de diciembre, esto tomó mayor impulso y hay una especie de desengaño en la gente, de frustración. Desde 1994 se ve que el PAN se ha convertido en un partido con apariencia de gobernabilidad.

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En principio, esto tiene un buen significado, independientemente de qué partido se trate. Muestra una mayor pluralización política, mayor competencia. El electorado siente que en muchos lugares tiene ya opciones reales a la mano; si el gobierno anterior no le pareció satisfactorio, puede votar por otro partido con la expectativa razonable de que su voto se va a convertir en un hecho positivo, en un cambio de gobierno. Permite que el país pase de la visión monopólica de un solo partido, sin opciones, a una política con opciones.

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El PAN es ahora un partido comprometido con el desarrollo del país, leal a su desarrollo político. Se ubica del centro a la derecha, y ahí sí que cada elector juzgará si prefiere un gobierno así o del centro hacia la izquierda. En todo caso, no es un partido antisistema, ni totalitario. Es una opción muy coherente con el desarrollo democrático del país.

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Al identificársele con organizaciones de derecha, ¿no le afectará en su aspiración a ser gobierno y en donde ya lo ha conseguido?
Muy pronto será evidente que, como cualquier otro partido, alberga una gama de alternativas relativamente variadas, pero unidas por una serie de puntos comunes muy importantes. Tiene un empaque ideológico más o menos claro, es una "marca reconocida", pero tiene líneas distintas, que se ven en los estilos también diferentes entre los gobiernos de Jalisco y del ex gobernador de Guanajuato y los de Chihuahua y Baja California. Y es explicable: Jalisco y Guanajuato son en términos generales sociedades conservadoras; Ernesto Ruffo y Francisco Barrio son mucho más liberales y tolerantes. Espero que esta última línea sea la dominante dentro de AN.

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Episodios como el de Guadalajara, donde el funcionario de Obras Públicas del municipio intervino en la vestimenta de las secretarias no son comunes, no creo que se repita; ha sido criticado, incluso dentro de su partido. Y ese tipo de funcionarios públicos, al ser rechazados por el electorado, no van a prosperar dentro de AN. El mercado político y partidario se dedica a poner a cada quién en su lugar.

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Al interior del partido hay quienes respaldan la ciudadanización y los que impulsan el aspecto político partidista...
Hay diferencias, aunque no comparto esa dicotomía, porque a fin de cuentas todos en un partido como el PAN son partidistas. Pero hay un poco de cierto en lo que dice. Desde algún punto de vista, los partidos son como una franquicia; los dirigentes nacionales y locales son dueños de esa franquicia, la han cuidado, desarrollado, han creado la marca, le han dado identidad al "producto" frente al electorado, y están dispuestos a buscar candidatos capaces de atraer electores y, como en una franquicia, se establece una relación de franquiciador a franquiciatario. El partido le da la franquicia a políticos ambiciosos, con capacidad de organización, con empuje, y de ese corte llegan muchos tipos de aspirantes.

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La ventaja de AN es que ha sabido tener un sistema muy eficiente de extensión de la franquicia, que pasa por los filtros internos de la organización, de modo que cuando un militante llega hasta una posición de candidatura, ya ha pasado por dichos filtros. Esto le ha funcionado muy bien. No es el único partido en el mundo que lo hace así; todos de una u otra forma se han estructurado de esta manera porque es la más eficiente. Sólo los partidos muy ideológicos no salen a buscar candidatos que sean líderes locales con arrastre y capacidad organizativa. Son partidos de cinco o 3%, y precisamente por eso, por la pureza de la ideología, no buscan candidatos adecuados a cada uno de los lugares en donde compiten.

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También hay diferentes enfoques sobre la relación que deben mantener con el gobierno, algo que en su nueva posición ya debieran resolver...
Hay una constante a lo largo de su historia, sobre todo de los años 60 para acá, después de Adolfo Christlieb Ibarrola (presidente nacional 1962-68): siempre ha estado dispuesto a negociar; de hecho, lo que ha buscado una y otra vez es negociar con el gobierno el desmantelamiento de este régimen. Y negociar, porque, por vocación y decisión, no es un partido que vaya a recurrir a mecanismos extrainstitucionales para lograr estos cambios, aunque sí pueda recurrir a la protesta e incluso a la desobediencia civil. En ocasiones ha tenido resultados razonablemente buenos y entonces aparece en una relación cercana e incluso amistosa con el gobierno, y cuando no obtiene lo que quiere, la relación es tirante y hasta lejana. La primera situación se produjo, por ejemplo, cuando logró que se aprobaran las reformas a los artículos 3° y 27° constitucionales, muy parecidas a las de su plataforma de campaña.

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¿Son factibles las aspiraciones del PAN, de ganar las elecciones legislativas en 1997 y las presidenciales en el año 2000?
Son realizables. En las 15 elecciones que hay este año vamos a ver cómo le va, pero no se ha planteado un objetivo absurdo. En Guanajuato, además de obtener las plazas importantes, logró que un gobernador panista saliente hiciera que su partido triunfara en la elección y que ésta, hecha con una ley panista, no fuera discutida; es decir, ganó el poder y la legitimidad como organizador.

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En Chihuahua, donde el descalabro fue muy duro, parece ser que el panismo no cuidó bien al partido pero sí cuidó bien al país, para usar los términos de la dirigencia panista: aunque electoralmente le fue muy mal, la elección salió impoluta y por más que María de los Angeles Moreno hizo esfuerzos por dañar la credibilidad de la elección, no tuvo eco, nadie le creyó.

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En síntesis, el PAN nunca tuvo un año electoral tan bueno como éste; se ha convertido en un partido contendiente. De las tres gobernaturas disputadas hasta ahora, ha ganado dos; un saldo muy satisfactorio.

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Por la forma cambiante en que el electorado mexicano ha votado de 1988 a la fecha, parece estar buscando un proyecto de gobierno que le satisfaga, ¿cree usted que Acción Nacional tiene ese proyecto?
Para que la democracia funcione se necesitan estructuras y una combinación de dos cosas: ciudadanos con compromisos muy fuertes y con un partido que los sostenga permanentemente, de manera que haya continuidad institucional, política y partidaria, y una parte del electorado que sea independiente, para que haya legitimidad. Imagínese qué sucedería si todos los ciudadanos de un país estuvieran fuertemente identificados con un partido: la competencia de partidos sería una guerra demográfica, ganaría el que se reprodujera más rápido, la competencia estaría congelada.

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Lo que ha pasado en México es un poco eso; en las dos últimas décadas ha habido un crecimiento muy notable de ciudadanos que no tienen inclinación partidaria fuerte, que se consideran independientes, apartidarios, y cuando van a votar, primero se preguntan si el gobierno la hizo bien o mal. Si piensan que estuvo mal tienen el problema de buscar a quién de la competencia quieren apoyar. Por eso vemos que hay bandazos, oscilaciones en la conducta del electorado; pero qué bueno, si no hubiera esas oscilaciones no habría posibilidad de democracia.

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Las circunstancias políticas y económicas actuales reclaman respuestas sólidas y convincentes. ¿Tiene el PAN esas respuestas o, por la inexperiencia que muestra en ocasiones, está aprendiendo apenas a ser gobierno?
Esto último es cierto, pero el hecho de que el país sea federal es una ventaja, tanto para el país como para Acción Nacional, como lo es que las elecciones en los estados no se realicen todas al mismo tiempo. Eso ha permitido un esquema de pagos políticos en la transición, distribuirlo a lo largo de ésta, lo que es un amortiguador del cambio político, no un freno; lo hace más suave, dosifica el cambio.

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Es una ventaja para este partido, para el país y para el electorado porque se va a ir viendo cómo gobiernan los panistas, como ya está sucediendo, y con resultados diferenciados, pero así es la democracia. Y nos da una lección interesante. En primer lugar, nos muestra que hay vida política después del PRI, es decir, que si la oposición gana una elección, la vida cotidiana de los ciudadanos no cambia, como si hubiera pasado del purgatorio al cielo. Ahora, la llegada de la oposición al poder no significa que se vaya a quedar ahí; igualmente el electorado se puede deshacer de ella tres o seis años después.

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Frente a un partido que crece decididamente, ¿qué resistencias opondrá el PRI a fin de conservar el poder?
Da señales mixtas; en algunos casos son francamente malas. Yucatán y Tabasco son señales muy obscuras y tampoco olvidemos lo que hizo el PRI en el Distrito Federal: en la elección, por primera vez en siete décadas, de los consejeros ciudadanos, que son los representantes populares en la capital de la República, el PRI decidió organizar un proceso sin partidos. Es una pésima señal, porque esa decisión se debió a que, según las encuestas, se dieron cuenta de que aparentemente 38% de los sufragios eran para el PAN, 20% para el PRI y 10% para el PRD. Como esto era un desastre para ellos, en lugar de enfrentar una elección, buscaron escamotearla, desaparecerla.

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Pero también hay señales positivas, como el intento del presidente Ernesto Zedillo de establecer un acuerdo político nacional. Se le cayó estrepitosamente porque fue mal operado, pero la señal que se envió es que había una intención positiva en esa acción.

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¿Cuál de las dos clases de señales va a imponerse al final? No lo sé. Ese es justamente el juego que estamos jugando.

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El PAN tiene un problema muy simple: tratar de reformar un sistema autoritario con mecanismos democráticos. No es fácil el truco, la resistencia es muy dura. Es someter a reglas democráticas y justas un sistema que tenía una sola regla, que se hacía a la conveniencia del partido en el poder. Pero no van tan mal las cosas. En medio de la situación, que es dura y tensa, creo que políticamente el país va avanzando en la dirección de su democratización, y eso será bueno para todos, porque la democratización implica el fin de la impunidad y atenerse a reglas claras.

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