Juan Sánchez Navarro <br>El hombre de E

Indiscutiblemente líder moral del sector privado mexicano, el Vicepresidente de Grupo Modelo y cons

“No soy un ideólogo del empresariado; sólo soy un empresario viejo”. Así se califica Juan Sánchez Navarro, vicepresidente y director general de Grupo Modelo, empresa en la que colabora desde hace 53 años. Y más sabe el diablo por viejo, que por diablo.

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Nacido en 1913, Sánchez Navarro es hoy un indiscutible líder moral en el sector privado mexicano. Y cómo no, si desde las trincheras de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, el Consejo Coordinador Empresarial y el Consejo Mexicano de  Hombres de Negocios (cofundador de los tres organismos) ha levantado una y otra vez la voz para defender la libre empresa, con una filosofía desprendida de la doctrina social cristiana y siempre con espíritu de largo plazo.

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¿Por qué es el Hombre de EXPANSIÓN de 1995? El Consejo Editorial de esta revista, luego de varias reuniones de evaluación del año que todos quisiéramos olvidar, decidió premiar la trayectoria de un empresario con visión de largo plazo, de probada honorabilidad y al frente de un consorcio exitoso aún en tiempos de crisis. El nombre de Juan Sánchez Navarro, inevitablemente vinculado al de Grupo Modelo, fue el más mencionado.

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Inquieto desde muy joven, este hijo de padre coahuilense y madre yucateca, participó en la lucha por la libertad de cátedra en las facultades de Derecho y Filosofía de la Universidad Nacional de México y, junto con Manuel Gómez Morín (de quien sería socio años más tarde en una no muy afortunada agencia de publicidad), Efraín González Luna y otros ideólogos de diversas regiones del país, fundó el Partido Acción Nacional. Más adelante, cuando se decidió por la vida empresarial (“había que vivir de algo y la empresa era el camino”), decidió no mezclar la política con los negocios. “Un empresario no debe tener participación directa dentro de la estructura de un partido, aunque eso no significa que no pueda tener ideas políticas”, subraya.

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Simultáneamente al Derecho, don Juan estudió Filosofía. “Era frecuente en esos años hacer una doble carrera”. Y en esa doble maratón, le quedaron marcadas huellas profundas de profesores como Vázquez del Mercado, Martínez Báez, Adalberto García de Mendoza, Enrique Aragón y García López en la primera disciplina, o Antonio Caso (de quien llegó a ser su secretario) en la segunda.

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Después vino una beca a Madrid que, sin saberlo, cambiaría drásticamente su vida. Luego de cuatro años más de estudio de Derecho y Filosofía (con profesores como José Ortega y Gasset), Sánchez Navarro partió a un curso de verano a Santander, donde lo atrapó sin pasaporte (lo dejó en Madrid) la Guerra Civil española.

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“No por gusto —cuenta— tuve que luchar del lado de los anarquistas. Los estudiantes, con José Antonio Primo de Rivera al frente, tenían fama de ser los falangistas, es decir, fascistas enemigos de la República Española. Los anarquistas llegaron a las universidades, hicieron prisioneros a los estudiantes y mataron a muchos. Me salvé porque insistí en que era mexicano, pero me hicieron ingresar a las filas. No fue por amor.”

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Periodista, profesor y publicista. De vuelta a México, “sin recursos económicos mayores ni menores”, don Juan descubrió lo mismo que todos los jóvenes, tarde o temprano: había que trabajar.

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Su primera oportunidad se la dio Rafael Herrerías como editorialista del periódicoNovedades. “Era un problemón. Teníamos que escribir muy rápido: nos daban los temas a las 11 de la noche y había que entregarlos antes de las dos de la mañana.” Al mismo tiempo, comenzó a dar clases en la Universidad Motolinía. Su primera materia fue Introducción al Estudio del Derecho. “Ya más adelante llegué a la cátedra que me interesaba y gustaba: Filosofía del Derecho, de la cual fui profesor (nocturno) durante 40 años”.

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Llegó la hora del matrimonio, “pero ni el periodismo ni siete clases al día daban para casarme. Ahí entendí, o creí entender, que el camino más adecuado era el de la empresa”.

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Curiosamente, la primera incursión empresarial de Sánchez Navarro fue en la competencia directa de la Modelo: la Cervecería Cuauhtémoc. “Un abogado amigo mío me dijo: ‘bueno, ¿dónde quieres trabajar?’ Pues maestro, en algo que me deje dinero, le respondí. Y me recomendó con el señor Enrique Sada (hermano de don Luis Sada y primo hermano de don Eugenio Garza Sada) y fui a buscarlo a la Cervecería Central, subsidiaria de la Cuauhtémoc. Tardó cuatro horas en recibirme, pero no me importó, porque yo me dediqué a estudiar. ‘¿Sabe usted por qué lo recibo?’, me dijo. ‘Porque su familia fue la que le dio dinero a mi padre, pagándole honorarios, porque llevaba los muy numerosos pleitos jurídicos entre la familia Sánchez Navarro y el gobierno’ (mi bisabuelo fue ministro de Maximiliano y su latifundio, expropiado después, llegó a ser el más grande de América).”

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Después de que le pidieran que olvidara sus títulos de filósofo, jurista, periodista y profesor, don Juan tuvo que empezar desde abajo: con un camión “destartalado”, brocha y engrudo en mano, se dedicó a pegar en las calles carteles publicitarios de la cervezaQuijote. Luego de “subir un poco en la escala burocrática”, llegó a ser jefe de Publicidad de la compañía. Estando ahí, Manuel Gómez Morín lo llamó para participar en una agencia de publicidad, que “en el fondo tenía cierto propósito político, de tocar algunos problemas nacionales con objetividad en la prensa nacional”. Y ahí estuvo don Juan cerca de dos años. Si bien la aventura fue bastante fallida, la experiencia funcionó cuando recibió un nuevo llamado, en este caso de Pablo Díez, presidente de la Modelo. Eso fue hace 53 años.

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El camino de la empresa. “Sería absurdo que fuera un ciudadano sin ideas. Alejado del partido, pero con ideas cercanas al PAN, decidí dedicarme a la carrera empresarial”, anota Sánchez Navarro, quien es todavía un voraz lector de historia, derecho y ciencias sociales (su biblioteca tiene más de 26,000  volúmenes) y suele reunirse a menudo con políticos, empresarios, periodistas e intelectuales para charlar sobre los principales problemas del país.

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Siempre activo en organismos empresariales, don Juan habla de que la influencia actual de las cúpulas es mayor a la de hace 25 años. “La empresa era un parte pequeña (10%) de la economía nacional. El Estado lo era casi todo. Hoy, en cambio, 80% es sector privado”, anota.

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Ya como ejecutivo de la Cervecería Modelo, comenzó a participar en todo tipo de organismos empresariales: Canacintra (“la izquierda del empresariado”), Canaco, Concanaco, CCE y el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (“donde están las cabezas más importantes del sector privado”). De hecho, es célebre la carta que, como miembro de este último organismo, Sánchez Navarro escribiera al presidente Adolfo López Mateos, en la que cuestionaba el camino que quería seguir el gobierno. “Don Adolfo subió al poder con la fama de que era comunista entre algunos grupos empresariales. Si bien sus ideas eran de un ‘socialismo moderado’, hubo claras manifestaciones de su izquierdismo durante la Revolución Cubana, porque la tendencia del Estado mexicano era ir abarcando más actividades productivas, estaba llevando a cabo la socialización paulatina de la economía. Yo tuve la encomienda de escribir el manifiesto, en el que le hablaba claro al presidente. El título lo decía todo: ‘¿Por cuál camino, señor presidente? ¿Quiere usted seguir el camino de Cuba o el camino del mundo libre?’” La carta se publicó el 18 de marzo de 1958, justamente en el aniversario de la expropiación petrolera. “En ese momento, el presidente dejó la tendencia socializante para convertirse en un hombre de conciliación y moderación. Y fue el inicio de la gran expansión mexicana.”

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¿Cuál es el concepto de empresario de este hombre, consejero de bancos y de más de 60 compañías importantes? “El que crea y desarrolla toda una serie de actos humanos en favor de la producción. El actor clave del desarrollo económico y que crea la riqueza. Y el éxito es el pago del buen empresario.”

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Para Sánchez Navarro, la responsabilidad social del empresario es una obligación. “En los tiempos de los romanos —dice—, el concepto de propiedad privada es absoluto: es el derecho de usar, gozar y abusar. Con el tiempo se modifica esto y aparece la exigencia de que no sólo se mantenga la propiedad y no se abuse de ella, sino que tenga un sentido social, que pueda a su vez determinar cambios para la sociedad en la cual el propietario está inserto. Es el concepto social de la propiedad: el empresario tiene derechos, pero también obligaciones. Y la primera obligación es crear empleos.”

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La gran base cultural filosófica-jurídica-social de don Juan, sumada a sus largos años de experiencia, le permite tener una visión del país mucha más amplia que buena parte de sus colegas. Sus apuntes sobre el delicado momento actual (ver recuadro) que vive el país deben ser considerados por el resto de los empresarios y, por supuesto, por la clase política en el poder.

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“En un momento de crisis, la obligación del empresario es cuidar la planta de trabajo”, insiste. Pero el hombre de negocios “tiene más obligaciones: capacitar a sus trabajadores y respetar los derechos sindicales. En conjunto, la empresa es un célula viva en la que participa el creador o administrador de la empresa, la mano de obra de los trabajadores y el interés público de una mayor productividad con bienes que sean competitivos”.

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No todos los empresarios cumplen, es  un  hecho.  Al  respecto, se le interroga a don Juan sobre los resultados de la reprivatización bancaria, donde se han dado, uno tras otro, escándalos de malos manejos y hasta fraudes de los compradores de bancos. “Bueno —dice—, la privatización como tal no fue un fracaso. Lo que sucedió es que, en el caso de la banca, la venta se hizo al mejor postor, sin considerar otros factores; el único criterio fue el dinero. Por eso, hay que distinguir entre tres tipos de banqueros, después de la privatización: los viejos banqueros (‘que lo han hecho bien’), los bolseros (‘que crecieron durante las dos administraciones pasados con las casas de bolsa, pero los bancos requieren manejos muy distintos’) y los pillos.” No es necesario que cite nombres, ciertamente.

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Empresario modelo, empresa modelo. ¿Qué tanto se ha llevado a cabo esa visión en Grupo Modelo? “En muy buena parte”, responde don Juan. Hoy día, la Modelo es la cervecería líder del país, con una producción de 200 millones anuales de cajas, que se rige por la reinversión casi total de utilidades, lo cual le ha permitido crecer con recursos propios. “No digo que sea mejor o peor que crecer con base en el financiamiento bancario, pero con esta política de reinversión se ha desarrollado esta empresa. Esa es la realidad”, apunta.

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En el rubro de la capacitación, el vicepresidente del consorcio asegura que sus trabajadores —de confianza y sindicalizados— son comparables “ventajosamente” con cualquier trabajador de la industria cervecera en todo el mundo.

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Y claro, la compañía ha mantenido un camino ascendente en la modernización de sus plantas. “Siempre tenemos los recursos suficientes para adquirir los insumos necesarios para nuestra planta industrial”, subraya. “No tenemos la fábrica que más produce en el mundo, pero sí la que tiene las mejores instalaciones.”

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Agrega: “Sin vanidad ni orgullo, porque es una realidad, todo esto se ha traducido en un producto de calidad. Cuando yo entré a esta cervecería, teníamos 20% del mercado; ahora tenemos el 56%”.

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Ciertamente, el éxito de Modelo es incuestionable. Desde hace años,Corona es la marca mexicana por excelencia en decenas de países del mundo. Y Juan Sánchez Navarro ha tenido mucho que ver con el asunto.

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Todavía hoy, a sus 82 años, se mantiene activo en las lides empresariales desde su austera oficina en la ciudad de México, desde donde vigila la operación de la Modelo. Sus tiempos libres los dedica a la familia (“lo principal en mi vida”) y a los amigos, o bien montando a caballo en su rancho de San Juan Teotihuacán, sumido en la lectura u observando obras de arte. Fiel testigo de la historia del siglo mexicano, tiene todavía mucho que decir.

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