Jugar a ser Dios

Los científicos estudian la creación de nueva vida.
Cuauhtémoc Valdiosera

El asombro ya no tiene límites en el campo científico: emulando el mito del Golem y de la historia del Dr. Frankestein, el hombre juega ahora a ser Dios y aspira a crear vida a partir de materia inerte… y lo más increíble es que está a punto de lograrlo.

- No hace mucho, J. Craig Venter, el científico que elaboró el mapa del genoma humano, vuelve a la luz pública con su anuncio: crear nuevos organismos a partir del entrelazamiento de genes. Y como él un gran número de investigadores trabajan en la posibilidad de crear vida con todas sus propiedades.

- Se les conoce como ‘biólogos sintéticos’ y afirman con osadía que poseen la habilidad de crear, molécula a molécula genética, seres vivos nunca vistos.

- Mezclan, ensamblan y amontonan componentes químicos del ADN como si fueran microscópicos bloques de Lego, en un empeño por fabricar computadoras biológicas, medicinas y fuentes alternativas de energía. Este campo en rápida expansión ha puesto de cabeza el añejo sistema taxonómico de la clasificación de las especies, pero también es una alerta roja ante el posible mal uso de los nuevos descubrimientos.

- Esta nueva generación de biólogos intenta separar células en sus componentes fundamentales y después reconstruir nuevos organismos.

- Ya antes los biólogos sintéticos han creado un virus de polio y otros pequeños hilvanando genes individuales adquiridos de compañías de biotecnología. Ahora están más cerca de crear seres vivientes más complejos, de verdadera utilidad como combustibles alternativos, por ejemplo.

- Apoyados por una donación que proviene de la fundación Bill y Melinda Gates, los investigadores de Berkeley crean un nuevo fármaco contra la malaria reemplazando genes de hierba santa o ajenjo y levadura.

- La Universidad de California espera crear moléculas vivas mediante la fusión de genes provenientes de tres especies: sería una nueva generación de bacterias capaces de secretar Artemisina para combatir la malaria, químico que ahora solamente se encuentra en pequeñas cantidades en la planta conocida como hierba santa o ajenjo.

- La Artemisina sirve como tratamiento para una variedad de padecimientos, pero el método es caro, requiere tiempo y está limitado por el acceso a dicha planta, la cual se encuentra principalmente en China y Vietnam.

- Ya existe un proyecto similar para crear de manera sintética un componente que se encuentra en árboles de Samoa y que parece prometedor en la lucha contra el sida.

- Los esfuerzos no sólo atraen donaciones. Un grupo de inversionistas muy importantes, encabezado por Vinod Khosla –fundador de Sun Microsystems– y otros a través de la empresa de capital de riesgo Perkins, Caufield & Byers, invirtió 13 millones de dólares en la firma Codon Devices para fabricar microbios que producirán fármacos nuevos o raros.

- Venter, mientras tanto, abrió Synthetic Genomics en asociación con el premio Nobel Hamilton Smith y competirá en la comercialización de la tecnología con Codon y otros que apenas empiezan.

- Pero con el éxito llegan los dilemas éticos. Por ejemplo, a los expertos en seguridad nacional e incluso a los mismos biólogos sintéticos les inquieta que científicos criminales, o biohackers, pudieran crear nuevas armas biológicas como virus mortales que carecerían de antagonistas naturales.

- También les preocupan los errores inocentes: organismos que podrían causar estragos si se les permitiera reproducirse fuera de los laboratorios.

- “Sin duda existen muchas implicaciones de seguridad nacional con relación a la biología sintética”, reconoce Gigi Kwik Gronvall, de la Universidad de Pittsburgh.

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- Los investigadores buscan establecer una política de seguridad en esa área antes de que levante el vuelo. Una solución podría ser obligar a las pocas compañías que venden material genético a registrarse con alguna entidad oficial y reportar a los biólogos que soliciten cadenas de ADN cuyo potencial sea la transformación en armas biológicas.

- En junio, la fundación Arthur P. Sloan donó 570,000 dólares al Instituto Venter, al Instituto de Tecnología de Massachussets y al Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales para que estas instituciones los dediquen al análisis de las implicaciones sociales del nuevo campo que es como el hierro: Uno puede hacer agujas de coser o lanzas.

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