Krisis

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Dolores Carbonell

Con personajes ficticios y actitudes reales, Sabina Berman traza una nueva parodia de la “Krisis” nuestra de cada día. También desmiente aquello de que la corrupción somos todos, porque es lo mismo —dicen quienes cuentan ya el dinero por kilos, que no con la angustia de si alcanza para acabar el mes— robar un costal de dólares que darle una lana al mordelón de la esquina... eso dicen.

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La corrupción no es genética, aunque así lo informe el panfleto que se reparte al público al entrar al teatro; aunque la lista de implicados en la historia que se está a punto de ver incluya una foto del “gene de la corrupción”; aunque quienes viven de ella se empeñen en señalar que la corrupción es el aceite que engrasa al sistema.

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Desenmascarar las motivaciones de quienes así lo afirman parece ser el resorte que lleva a Sabina Berman a tocar un tema ante el que ya no se sabe si reír o llorar, o mejor... llorar riéndose.

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Además del susodicho gene, la lista de implicados en esta puesta en escena —como da noticia un original y divertido programa de mano que introduce a la historia— es afortunada. Pedro -Armendáriz (alias Pedrero), Alvaro Carcaño (alias León Seijas), Luis Felipe Tovar (alias Jorge Buenaventura) y Miguel Guizar (alias Polo Serrano), encabezan el reparto de la tragicomedia que se desarrolla en el recién adaptado Telón de Asfalto.

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En un escenario poco convencional, Sabina Berman se arriesga una vez más a jugar un doble papel, el de autora y directora de la puesta en escena, y una vez más sale bien librada. Como autora, es diestra al contar una historia dolorosa con un sentido del humor que ya distingue a su teatro. Como directora, sabe contener a sus actores, marcando sus movimientos para lograr los efectos deseados.

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Hay que decir, sin embargo, que Krisis no alcanza las alturas de Entre Pancho Villa y una Mujer Desnuda; tampoco araña el fino tejido de la autora en -El Pecado de tu Madre. Krisis es, más bien, una obra coyuntural que, no obstante, es importante no -dejar pasar si se valora el teatro inteligente.

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Los sucesos que se narran en Krisis son —según declara la misma dramaturga— “reales, la secuencia de sucesos (la historia) es ficticia. Los personajes son ficticios, sus actitudes son reales”.

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Para penetrar al mundo del que habla Krisis hay que hacer de cuenta, dice la autora, que “el país se tendió a dormir y soñó esto. Creo que es un sueño colectivo posible. De cualquier manera, la realidad es otro sueño colectivo”.

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En ese sueño colectivo, el público se sumerge en el turbio mundo de una pandilla de cuates que se ha propuesto heredarse el poder, y al país, sin importar si en la empresa se llevan al mundo entero entre las patas. Pero los conflictos surgen cuando la impaciencia y la diferencia de proyectos llevan a la traición...

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