La cara de la crisis

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Los editores

Como tantas veces se advirtió durante el sexenio pasado, uno de los principales problemas del gobierno de Carlos Salinas de Gortari fue el no haber entendido que la apertura de la economía tenia que ser acompañada con la correspondiente apertura política. Esto viene a colación porque, como apunta el columnista Sergio Sarmiento en la página 11, el año pasado los mercados financieros no parecieron mostrar demasiada preocupación ante el déficit de cuenta corriente en ese difícil año. Los inversionistas reaccionaban con más alarma ante las fuertes sacudidas de los acontecimientos políticos, que ante, por ejemplo, el déficit en cuenta corriente.

- Por lo pronto, uno de los enormes obstáculos que debe vencer el gobierno de Ernesto Zedillo, mas allá de la magnitud del boquete económico del país, es controlar esa variable esquiva y caprichosa llamada política. Si bien el famoso Acuerdo de Los Pinos, firmado a mediados de enero, fue un buen avance -un paso más- en la consolidación de la democracia mexicana, tal acción no bastó. A las pocas horas, la rebelión de cuadros priístas -como sucedió en Tabasco-  contra decisiones que buscaban distensionar la relación con el Partido de la Revolución Democrática y allanar el camino para las conversaciones de paz en Chiapas, echaron por la borda el esfuerzo logrado de conseguir un acuerdo (para algunos, el Pacto de la Moncloa mexicano, en memoria del acuerdo que puso las bases del paso a la democracia en España, tras el desmantelamiento del franquismo) que puso a la mesa al presidente Zedillo, así como a los representantes de los cuatro partidos políticos con registro legal.

- Los inversionistas saben que un déficit en cuenta corriente puede ajustarse con relativa facilidad, pero la transición de un país a una democracia cabal puede ser mucho más compleja. De manera pues, que no tiene mucho caso resolver el problema económico, si no se trabaja en serio para apuntalar el edificio de la convivencia social organizada. Se trata, por ejemplo, de fijar nuevas reglas, claras y justas, para la acción política, de reformar en serio y a fondo las vías de la competencia partidista por el poder.

- Y en cuanto a lo netamente económico, una cosa es enfrentar la emergencia, y ser simplemente reactivo, y otra muy distinta es ser proactivos y desarrollar una estrategia de largo alcance. En el análisis de la página 16 se comenta que la incertidumbre actual podría superarse una vez que se muestre la viabilidad de la estrategia definida para el largo plazo. Aunque por ahora la prioridad gubernamental es evitar la crisis financiera (como es el caso de los vencimientos de Tesobonos en poder de extranjeros), es importante no perder la vista en el largo plazo. Los agentes económicos -lo mismo en Nueva York que en México- requieren conocer el programa de desarrollo de largo alcance que se instrumentará una vez que se trascienda la actual turbulencia.

- Si no, considérese el pesimismo de empresarios, como los que participaron en el Indicador Empresarial de EXPANSIÓN. Esta encuesta semestral muestra con nitidez el tamaño del deterioro de la confianza en la economía del país: apenas 40% de las empresas participantes confía en la actual administración y manifiesta optimismo sobre el futuro de México. Entre las causas de este clima están la incertidumbre económica, la recesión, la falta de liquidez y la poca claridad del programa económico del gobierno de Zedillo.

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