La caricatura mexicana

Tanta irresponsabilidad ya dio los primeros frutos: desazón de inversionistas y expectativas empañ

El presidente Vicente Fox ha perdido a su mejor aliada en el PRI, Elba Esther Gordillo, luego de que se impusieran Roberto Madrazo y el ala más conservadora (emisarios del pasado, dirán algunos) de ese partido. La previsible división en el seno del instituto político complicará aún más la posibilidad de concretar reformas antes de que termine el año. Otro duro revés.

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El problema es que toda esta caricatura en que se ha convertido el sistema político mexicano ya tiene secuelas: la prevalencia de la inacción y la profundidad de la incertidumbre fastidiaron, ahora sí, a los inversionistas. Ahí están los movimientos de la Bolsa Mexicana de Valores, del tipo de cambio y de las tasas de interés para atestiguarlo. El triunfo de la irresponsabilidad de varios actores de la vida pública (de todos los poderes de la Unión), más preocupados todos ellos por ganar espacios políticos que por ceder posiciones en beneficio del país, permite asomarse a un escenario donde la parálisis legislativa continuará como el eje dominante.

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Estamos lejos, pues, del país de las maravillas del que habló el mandatario hace unas semanas, cuando presentó su balance sobre los primeros tres años de gobierno. Ciertamente, Expansión no pretende sumarse a las visiones catastróficas y apocalípticas sobre el futuro de la nación que circulan por las páginas de varios diarios y por diversos pasillos de la opinión pública, porque sería adicionarnos a la larga lista de irresponsabilidades. Entre el blanco y el negro, la realidad se tiñe de colores; y el gris –característica del sexenio– no debería encontrarse en el lienzo nacional. Insistimos: la política es el arte de ganar-ganar, pero hoy está opacada por la grilla partidista.

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Para el buen funcionamiento económico del país (y no existe otra maquinaria para crear bienestar que una economía creciente y saludable), se requiere de una mínima base de estabilidad –que la hay– y de certidumbre –que no la hay–. ¿Cómo pueden planear los empresarios sus inversiones sin una plataforma con cimientos sólidos? Ahí está el meollo del asunto. Dentro del análisis de riesgos que contempla cualquier ejercicio de planeación estratégica, las empresas que operan en México han dedicado los últimos meses del año a especular si habrá o no impuesto al valor agregado en alimentos y medicinas, si disminuirá el impuesto sobre la renta, si habrá un nuevo tributo especial, etcétera. El mismo cuento de cada año, en que propuestas de potenciales reformas fiscales integrales se transforman en mamarrachos tributarios, que lejos de resolver el flujo de ingresos hacia el gobierno sólo complican la vida a compañías de todos los tamaños.

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El tiempo pasa y los pendientes se acumulan. Quizás en estas líneas se mezcle una excesiva dosis de ingenuidad, pero no podemos más que hacer votos porque los líderes de los partidos políticos, los congresistas y el gobierno federal asuman el papel que hoy les corresponde. Que la tragicómica caricatura se transforme en novela histórica con final feliz.

–Los editores
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