La continuidad necesaria

Es hora de fortalecer las instituciones construidas en la última década. Hay que garantizar contin

La construcción de vivienda está en ebullición. Tres empresas, Sare, Urbi y Homex, emitieron acciones en los últimos 10 meses y captaron $4,934 millones de pesos en la Bolsa Mexicana de Valores y en el mercado internacional. Otras, como El Álamo y Casas Beta, optaron por emisiones de bonos, un mercado en el que también las Sofoles hipotecarias han estado muy activas. Buenas noticias para un mercado que perdió a Apasco y Bancomer, dos de sus emisores principales, y que no vivía una primera colocación desde la de Unefon a finales de 2000.

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Mucho de lo sucedido tiene un fuerte componente de política pública y está asociado a la vivienda de interés social. Al principio del sexenio se lograron un buen diseño institucional y reformas eficaces en el Infonavit y la Sociedad Federal Hipotecaria (SFH), que tienen al frente a dos gestores de talento, Víctor Borrás y Guillermo Babatz.

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La incertidumbre empieza a hacer estragos. Constructoras y Sofoles exigen garantías de que las políticas que tanto éxito han tenido en este crecimiento se mantendrán después de 2006, algo que parece razonable: necesitan previsibilidad para elaborar sus planes de negocio.

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No es el único caso. La Comisión Federal de Competencia (CFC) vivía al cierre de esta edición un impasse misterioso: Fernando Sánchez Ugarte, tras una década de presidir el órgano encargado de velar por las reglas del juego económico, anunció su retiro con seis meses de antelación... y nadie sabe qué hacer. Los nombres que se barajan como sustitutos suenan poco aptos para la institución que cualquier economista considera clave para ordenar el mercado y garantizar la actividad económica. Una vez más, vivimos en el cortoplacismo y la falta de visión de Estado.

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Poco se habla del pernicioso personalismo en que viven entidades que debieran ser más fuertes que cualquier nombre en México, lo que pone en riesgo los logros que se han hecho en la última década en cuanto a creación de organismos reguladores o de entidades públicas de fomento. La debilidad de las instituciones llega a la presidencia. La posibilidad no desmentida durante años de que la primera dama se convirtiera en candidata presidencial hizo a la gobernabilidad y la negociación de consensos un daño que conoceremos con el tiempo.

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Por ello se hace imprescindible establecer con claridad una carrera pública que logre formar reguladores, técnicos y gestores profesionales y unas normas de sucesión muy claras para los organismos públicos, fijadas con criterios profesionales. Igualmente, deberían crearse consensos de largo plazo en la definición de las políticas claves.

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El Infonavit nunca fue un buen constructor, pero hoy se ha visto que sí es un excelente intermediario financiero –y que esto no depende de la continuidad de Borrás, sino de un consenso interpartidista–.

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Es hora de dejar a los políticos lo que es de los políticos, y a nuestras debilitadas instituciones lo que es de las instituciones.

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–Los editores

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