La divina tragicomedia

La corrupción, desde la mordida hasta la arbitrariedad pagada, es uno de los lastres que nos conden
Adina Chelminsky

Los mexicanos somos almas en pena, atrapados entre un paraíso macroeconómico –números y cifras que pintan en papel una historia de éxito– y un inframundo microeconómico, que nos condena a problemas de la vida diaria, aparentemente imposibles de resolver y que asumimos completamente resignados. Bien dice la puerta del infierno “Abandonen, los que aquí entran, toda esperanza.”*

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¿Qué es lo que falla en el camino que impide traducir los éxitos teóricos en bienestar práctico? La respuesta no se centra solamente en la teoría económica, sino en conflictos que, por considerarlos sociales y/o culturales, no asociamos directamente con el desarrollo.

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La corrupción, desde la mordida hasta la arbitrariedad pagada, es uno de los lastres que nos condena al purgatorio económico. Estimar su costo exacto es imposible, ya que el país sufre por lo que se pierde y por lo que se deja de ganar.

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Pecados capitales
Las prácticas corruptas no sólo afectan la moral y la gobernabilidad del país, también ahogan a la economía por diversos canales: en primer lugar, desalientan la inversión privada al aumentar los riesgos y costos que enfrentan los empresarios. Los efectos sobre el financiamiento extranjero son particularmente desastrosos, ya que reducen la competitividad que tiene la nación frente a otros destinos de inversión; se estima que México deja de percibir anualmente más de $8,500 millones de dólares como consecuencia de la falta de transparencia.1

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Por otro lado, encarece el costo de establecer y mantener un negocio registrado, haciendo más atractiva y redituable la opción de dedicarse a la economía informal. Pero su costo más grave es el papel que juega en la desigualdad del ingreso. La corrupción afecta a los estratos bajos de la sociedad de una manera especialmente directa y cruel, al limitar la calidad y el acceso a servicios de salud y educación, perpetuando el círculo de la pobreza.

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“Si el mundo se destruye, la causa en ti debe ser buscada”*
A diferencia de los otros cambios que requiere el país, que están en manos de unos pocos legisladores, el luchar contra la corrupción es un tema en donde cada uno de nosotros puede marcar una diferencia.

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¿En cuánto ayuda lo poco que un solo individuo puede hacer para solucionar un enorme problema? La respuesta podemos encontrarla en una reflexión que el propio Dante hace al entrar al paraíso: “Una pequeña chispa genera una gran flama.”*

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*Versos de La Divina Comedia, de Dante Aligheri.
1 Índice de opacidad,
generado por Pricewaterhouse Coopers.

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