La economía, según Los Pinos

El presidente Vicente Fox no pierde el optimismo, pese a las crecientes dudas y críticas. Pero, ¿h

Crece la preocupación de los grandes empresarios del país. Bueno, en realidad, de los pocos que ya quedan. Más allá de la complicada situación económica, agravada cada vez más por la profundización de los problemas en Estados Unidos, los hombres y mujeres de negocios se encuentran inquietos por la ausencia de un proyecto definido por parte del gobierno federal.

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¿Actitud nostálgica o temor justificado? ¿Gajes de la incipiente democracia? Quizá de las tres un poco. Varios empresarios cuestionan la supuesta falta de cohesión del gabinete, la continuidad de la ortodoxia económica (abatir la inflación a toda costa), la pérdida de competitividad de las exportaciones por la musculatura del superpeso, la apuesta casi única de Fox por una milagrosa reforma hacendaria, la excesiva confianza en la inversión extranjera, un mercado interno reducido y un estilo populista, que en ocasiones remite a una suerte de Echeverría posmoderno, impulsor del reino mágico de Foxilandia, donde cada mexicano es un microchangarro en potencia. De ahí que Expansión buscara entrevistar al mandatario, con el fin de poner sobre su mesa las preocupaciones que ha detectado en la comunidad empresarial (ver página 26).

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Desde Los Pinos se observan, sí, muchos de los problemas citados. Quizás algunos no los comparte el Presidente. Por ejemplo, a los exportadores que arguyen que la paridad les cancela oportunidades comerciales, él responde que la disminución en las tasas de interés compensa con creces la falta de competitividad de la moneda. A quienes argumentan que el gabinete se conduce con estilo Montessori (todo mundo hace lo que quiere), él les habla de cohesión y entendimiento en los objetivos finales. Para los que subrayan la ausencia de un proyecto definido, él vuelve a dejar clara su posición: "En los fundamentales de la economía vamos hacia la convergencia con Estados Unidos y Canadá; es decir, igualar tasas de interés, inflación y contar con una divisa estable."

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Según algunos, todo esto suena a más de lo mismo, pero con el ingrediente de la experimentación y la incertidumbre. Fox cede la responsabilidad de la conducción económica del país a los propios empresarios (de dentro o de fuera, da igual), mientras asume que el gobierno está obligado a poner las condiciones para que los capitales fluyan. Ahí se encuentra tal vez la mayor complicación actual: la sequía de capital. Para que los hombres y mujeres de negocios de este país logren transformarse en la locomotora del crecimiento, falta ese pequeño detalle: dinero. Por eso, en un descuido, todas las grandes compañías mexicanas podrían tener pronto sus headquarters en Nueva York, donde ya, de hecho, se mueven los hilos de los mercados. México sería entonces el gran país de los pequeños changarros, situación a todas luces insuficiente para transitar hacia la anheladísima prosperidad.

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–Los editores

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