La eficiencia inoxidable

Tras operar durante décadas con números rojos, la industria siderúrgica mexicana se ha transform
Lucía Pérez Moreno

El actual éxito de la industria siderúrgica mexicana se debe a que las principales empresas del ramo (Hylsamex, Altos Hornos de México –AHMSA–, IMSA, Imexsa, TAMSA y Sicartsa) lograron en un plazo relativamente corto ampliar su planta productiva, abatir costos de producción, diversificarse y formar alianzas estratégicas con otras firmas, como lo han hecho Hylsamex con la alemana Schloemann Siemag, TAMSA con la argentina Siderca y AHMSA con la estadounidense Inland International.

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Esta modernización “forzada” permitió a las empresas que antes se encontraban en manos del Estado, como AHMSA y Sicartsa, iniciar un ciclo diferente. Entre 1992 y 1996, la producción acerera nacional se incrementó en más de 50% y las exportaciones de productos semiacabados y acabados se multiplicaron por cuatro. Así, México pasó del 20º al 14º lugar en la producción mundial de acero.

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Evidentemente, estas compañías debieron invertir mucho: $3,200 millones de dólares en los últimos seis años. Y en este 1997 se programan inversiones por otros $1,000 millones de dólares en modernización, diversificación y equipos ecológicos.

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La reconversión de esta industria también tiene su rostro triste: en los años señalados se eliminaron 10,000 plazas, por lo que hoy por hoy trabajan en el sector alrededor de 20,000 obreros. Por supuesto, el paso de la guadaña tuvo un efecto positivo en la productividad, la cual se incrementó en el periodo 1991-1996 de 259 a 594 toneladas anuales por trabajador, es decir, 130%, según cifras del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP).

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En 1995, cuando el país sufrió una fuerte contracción, el sector siderúrgico tuvo, paradójicamente, uno de sus mejores años: el Producto Interno Bruto (PIB) de la industria siderúrgica tuvo un crecimiento de 5.3%. Aunque no todas las empresas del ramo lograron sortear bien los efectos de la crisis. Las pequeñas acerías se vieron fuertemente golpeadas por la estrepitosa caída de 50% en el consumo nacional de acero. En contraparte, las grandes siderúrgicas exportaron todos sus excedentes. “No era posible cerrar las llaves de las plantas y por eso buscaron las salidas adecuadas”, indica Rodolfo Tapia, presidente de la Cámara Nacional de la Industrial del Hierro y Acero (Canacero).

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Aun cuando las exportaciones acereras venían registrando un flujo ascendente desde 1992, la devaluación del peso mexicano las hizo llegar a su apogeo en 1995, cuando éstas alcanzaron 6.4 millones de toneladas (160% más que un año antes), equivalentes a $2,700 millones de dólares. Si bien en 1996 las ventas foráneas cayeron a 5.7 millones de toneladas, esto se debió a un ligero repunte en la demanda interna. Las importaciones, a su vez, decrecieron de 3.1 millones a 900,000 toneladas de 1994 a 1996, registrándose un importante superávit.

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BENEFICIOS DE LA GLOBALIZACIÓN
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La conquista de nuevos mercados se produjo a pesar de que el mercado del acero se caracteriza por una creciente oferta internacional. Según Tapia, la capacidad mundial instalada sobrepasa con creces la demanda y los precios tienden a caer. El presidente de la Canacero asegura que esta tendencia se agudizará en los próximos años, por lo que las siderúrgicas deberán encarar una competencia más feroz hacia finales del milenio.

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Aun en estas condiciones, los acereros mexicanos son de los más beneficiados por la globalización. Gracias al Tratado de Libre Comercio (TLC), las ventas a Estados Unidos y a Canadá se han disparado de una manera exponencial. Y en esto ayuda que, a diferencia de la fragmentada estructura que tiene esta industria en otros países, en México el sector es controlado por un puñado de empresas, con enorme capacidad exportadora gracias a sus programas de modernización y su eficiencia en costos. AHMSA (filial de Grupo Acerero del Norte), Imexa e Hylsamex (de Alfa) detentan el 64% de la producción nacional de acero.

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El problema lo tienen las pequeñas acerías mexicanas, que en conjunto representan 19% de la producción nacional, pero su papel es bastante limitado ya que no cuentan con los recursos suficientes para modernizarse y poder acceder a los mercados internacionales.

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AHMSA, privatizada en diciembre de 1991, es la mayor empresa siderúrgica del país. Propiedad de las familias Autrey y Ancira, la firma de Monclova, Coahuila, tiene costos de producción inferiores al promedio mundial, en buena parte gracias a que cuenta con sus propias minas de carbón para abastecer sus plantas. Tras haber presentado durante años pérdidas de operación, a partir de 1993 su situación financiera cambió drásti­ca­mente gracias a un agresivo programa de modernización, que le implicó inversiones de $850 millones de dólares desde 1992 y proyecta $500 millones más de aquí a finales de 1998 para elevar su producción de acero líquido. Entre 1992 y 1995 sus activos se elevaron en 67%, mientras que sus embarques han pasado de dos a casi tres millones de toneladas anuales. En 1996 AHMSA tenía 38% del mercado.

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Hylsamex, de Alfa, cuenta con las plantas más modernas de México, según la correduría JP Morgan. Ha invertido cerca de $1,000 millones de dólares en los últimos años en la ampliación de su capacidad y durante este 1997 erogará $210 millones más para expandir su producción. Cuenta con nueve unidades productoras y procesadoras de acero, una línea diversificada de productos, costos inferiores al promedio nacional y una capacidad de producción de 2.75 millones de toneladas anuales. En 1994 abrió el primer -minimill de acero en Mon­terrey, la única planta en el mundo que produce lámina rolada en caliente con un calibre inferior a 1.5 milímetros. Entre los planes de la compañía está su expansión hacia el mercado latinoamericano. Se encuentra entre los postores de la única empresa de la región que aún no ha sido privatizada: la venezolana Sidor.

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Imexsa, antes conocida como Sicartsa II, es propiedad 100% del consorcio indio Ispat. Es la tercera productora de acero en México, con 19% de la producción nacional, altamente enfocada a la exportación de productos no planos.

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Sicartsa, propiedad de Grupo Villacero, concentra 12% de la producción nacional y cuenta con plantas de aceros planos y no planos. Entre 1997 y 1998 invertirá $400 millones de dólares para elevar en 150% su capacidad instalada.

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TAMSA, el principal productor de tubos de acero sin costura, es propiedad de la argentina Siderca y concentra 5% de la producción nacional. Según estimaciones de Merrill Lynch, sus ingresos en este año rondarán los $205 millones de dólares. En los últimos años la empresa redujo 16% sus costos de producción, al tiempo que elevó sus ventas y disminuyó sus pasivos de $405 a $265 millones de dólares. Exporta las tres cuartas partes de su producción y, pese a verse afectada por disposiciones antidumping en Estados Unidos, ha logrado penetrar con éxito los mercados europeo, latinoamericano, africano y del medio oriente.

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PERSPECTIVAS DE ACERO
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Los expertos mundiales vaticinan un gran potencial de crecimiento para la industria siderúrgica mexicana. El Instituto Internacional del Hierro y el Acero prevé que la demanda de acero en México crecerá en promedio 6% anual entre 1996 y el 2000, mientras que a escala mundial el aumento será de sólo 1.8%. Esto demuestra que el principal mercado para los productores nacionales seguirá siendo el interno. El lado negativo del asunto es que su evolución dependerá en buena parte del desarrollo de la economía nacional.

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Un estudio realizado en 1996 por el CEESP sobre la industria siderúrgica mexicana afirma que, a pesar de su buen desempeño, las acereras deben continuar realizando esfuerzos por cerrar la brecha que persiste respecto de los países desarrollados. El buen desempeño de este sector dependerá de la industria para superar dos grandes retos: elevar la capacidad instalada de producción a fin de abastecer en calidad y volumen las crecientes necesidades de la industria de bienes de capital e incrementar su participación en la producción de aceros especiales de elevado valor agregado, porque es en este rubro donde la demanda crece mas rápidamente y la rentabilidad es más atractiva.

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Asimismo, un estudio realizado por Macroasesoría Económica supone que el PIB siderúrgico nacional crecerá 9.3% en 1997 y 8.3% en 1998 debido a las favorables expectativas de precios, la retracción de los inventarios y el crecimiento de la industria automotriz (gran consumidora de acero). La balanza comercial del sector seguirá presentando superávit, debido al crecimiento de la demanda de planchón y productos planos en el exterior.

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Así las cosas, los acereros mexicanos deben estar preparados para aprovechar todas las oportunidades internas y externas.

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