La embriaguez de la Eurocopa

Los éxitos futboleros inflan el orgullo galo.
Stephan Sberro

El auge futbolístico de Francia, con su victoria en la Eurocopa 2000, dos años después de coronarse en el Mundial, es el catalizador de una nueva confianza en los valores nacionales. Los franceses creen que este logro, en medio de una expansión económica no experimentada desde 1973, simboliza la Francia del nuevo milenio, rica e integrada a Europa sin renunciar a su identidad (de la cual está tan orgullosa que inventó la palabra "chauvinismo").

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Los comentaristas analizan las razones del éxito de un equipo que simboliza los logros de toda una nación y de su modelo de desarrollo. Jacques Attali, el gurú de los "años Mitterand", explica cómo la inversión en educación e integración de minorías garantiza el éxito del proyecto nacional, más que el tamaño de un país. Attali establece un contraste entre este modelo francés triunfante y el anglosajón (donde la noción de servicio público está ausente), o el alemán (condenado a envejecer por su rechazo a integrar inmigrantes). Estas autoalabanzas de los franceses son a dulce venganza tras dos décadas de Thatcherismo.

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Hoy los indicadores económicos mejoran en Francia, y no en el Reino Unido. El intervencionismo estatal, defendido en Francia por la oposición de derecha y por la izquierda en el poder, evitó la exclusión de miles de jóvenes, que en Gran Bretaña se transforman en hooligans.

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