La enfermedad y el enfermo

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La situación del país obliga a reconocer que las condiciones en las que se desarrolla la actividad empresarial no son, para nada, las mejores. Por si fuera poco, entre los hombres de negocios existe la percepción de que el manejo dado a la actual crisis económica es "malo". De la consulta efectuada recientemente aunque antes del anuncio del actual programa de ajuste económico entre 270 ejecutivos de empresa, se desprende que no hay confianza en que la actual administración lleve a buen puerto al aparato productivo del país.

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La falta de definición sobre el esquema que finalmente se aplicaría había generado gran incertidumbre en los mercados. Ahora, es importante tener claro que el programa de choque en sí no generará automáticamente las condiciones necesarias para tranquilizar a los mercados. Se podría decir que ahora cada quién sabe a qué se debe atener, si bien esa información es poco alentadora.

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Y es que el programa gubernamental, que no es otra cosa que un plan de choque que deja de lado poco más de seis años de políticas económicas pactadas, resultó una medicina mucho más amarga de lo que se esperaba en los diferentes sectores de la actividad económica.

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La magnitud del esfuerzo que se requerirá hacer por México está plasmada con relativa nitidez en el paquete que recientemente dio a conocer el secretario de Hacienda y Crédito Público. El país está urgido de generar recursos propios que le permitan hacer frente a los compromisos de corto plazo y, además, obtener los insumos indispensables para mantener en operación a la planta productiva.

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Para justificar el tipo de medidas anunciadas por Guillermo Ortiz el 9 de marzo, se puso de ejemplo el caso de la familia que, ante la expectativa de obtener mejores ingresos se endeudó y derrochó recursos por encima de sus posibilidades. Como no hubo mayor ingreso, la necesidad de satisfacer los compromisos adquiridos obligó al jefe de familia a apretar el cinturón. Era necesario reducir gastos para poder pagar sus deudas.

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El ejemplo parece bueno, sólo que para reflejar las condiciones del país habría que hacer algunos señalamientos adicionales. Lo menos que se puede esperar del padre es que, junto con todos los miembros de la familia, adopte medidas para impedir que dicho apretón conduzca a los hijos a abandonar su preparación profesional o lleve a la desnutrición a los más pequeños y débiles. Obviamente, todos deberán tratar de aportar recursos y vigilar que los gastos que se eliminen sean los superfluos, más no los indispensables. En esa familia, en particular, será necesario aplicar algunos correctivos para evitar que el padre vaya a gastar en vicios o, bien, habrá que actuar con energía con quienes obligaron al jefe a gastar en exceso, pese a que se preveían dificultades.

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En la actual situación, sólo queda esperar que así como las familias deben hacer acopio de fortaleza para enfrentar las dificultades, el país y sus empresas pueden salir adelante. Que el apretón del cinturón no vaya a implicar la pérdida irreversible de la salud de alguno de los integrantes de la familia. No vaya a ser la de malas que sea tan fuerte la dosis, que se acabe la enfermedad... pero también el enfermo.

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