La era de los indignados

El desempleo en el mundo está generando un descontento social del que no se tienen las dimensiones de cómo acabará.
Luis Miguel González

‘Juventud' y ‘empleo' son dos palabras que no riman bien por estos días. En Estados Unidos, la tasa de desempleo juvenil es de 18.2%. En Egipto, 29.3%. La de Grecia roza el 34% y en España supera el 43%. En México, la cifra oficial no pasa de 11%. Esto no significa que estemos más allá de todos los males: el subempleo, la migración hacia Estados Unidos y el empleo en actividades ilegales son una válvula de escape que permite entender de qué está hecho ese ‘milagroso' 11%.

El empleo es un bien escaso y la incertidumbre, algo más abundante que el aire limpio. La generación de oportunidades laborales es uno de los grandes retos de nuestra época, pero hasta ahora no hemos podido hacer la tarea. Tenemos más preguntas que respuestas y más problemas que soluciones. Ansiedad, culpa, furia y vergüenza son síntomas frecuentes entre jóvenes desempleados, registra un estudio de la Universidad de Bremen. Por eso hablamos de los ‘ninis' (ni estudian ni trabajan) y los indignados. Por razones parecidas, vivimos en una época en la que la rebelión juvenil es ubicua. Ellos protagonizan las revueltas en los países árabes, en Europa del Este y en las plazas de Grecia y España... por lo pronto. No es una casualidad que el libro más vendido de los últimos seis meses en Europa sea un manifiesto de 33 páginas llamado Indignaos. Es el alegato de un ex combatiente y diplomático francés de la Segunda Guerra Mundial, Stéphane Hessel. Indígnense, rebélense porque el mundo no tiene un lugar digno para ustedes, dice el autor, de 93 años. "Nosotros combatimos contra enemigos terribles, como Hitler y Mussolini, pero la gran ventaja de entonces es que ellos tenían rostro. Los jóvenes de ahora pelean contra enemigos enormes a los que hay ponerles una cara: el desempleo o la exclusión social".

Educados, tecnológicamente sofisticados y descontentos. Así son los jóvenes de 2011, señala el estudio 2011 World Youths, hecho por la Fundación para la Innovación Política, con sede en París. El bono demográfico se convirtió en una pesadilla para la clase política y para los arquitectos de las políticas públicas. En México, no hay forma de generar el millón 200,000 empleos que se requieren cada año para atender las expectativas de aquellos que alcanzan la mayoría de edad. La situación es parecida en América Latina: el crecimiento económico, en el mejor de los casos, puede generar oportunidades laborales para la mitad de los que cumplen 18 años.

Les gusta la época que les tocó vivir, pero más de la mitad considera que su generación no tiene un futuro brillante, dice el 2011 World Youths, un estudio que incluye encuestas a más de 3,000 jóvenes de una treintena de países. Hay excepciones notables: los chinos, los brasileños, los indios y los escandinavos son los más optimistas del planeta. Confían en que los años que vienen serán mejores para sus países.

Estamos ante un problema que es económico y tiene dimensiones político-sociales o viceversa. La inserción laboral es un tema que aparece como una de las tres principales preocupaciones de los menores de 30 años en todo el mundo. La preocupación de los jóvenes es patente y explícita, pero es procesada como si fuera un mensaje cifrado en una botella al mar. ¿Quién lo recoge? Las empresas no tienen mucho margen para abrir plazas laborales, la coyuntura macroeconómica no es la más propicia. Además, el marco legal es rígido y la necesidad de generar eficiencias, abrumadora. Los políticos no están interesados en los jóvenes porque ellos no votan, dice Dominique Reynié, coordinador del estudio 2011 World Youths. La tasa de abstención de los menores de 25 años supera 66% en todos los países, incluyendo México.

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Las cifras de paro entre jóvenes son las más altas de las que se tiene registro para un periodo de paz, desde la década de los 30 del siglo pasado. Reflejan la crisis que estalló en 2008 y mejorarán cuando el ciclo económico entre en fase expansiva, pero no volverán al territorio de un solo dígito porque estamos ante un asunto estructural: el ritmo de creación de nuevos empleos no puede competir con la dinámica poblacional. Hay 1,100 millones de jóvenes de entre 18 y 24 años en el orbe y se encuentran con un mercado laboral poco propicio, advierte la Organización Internacional del Trabajo.

El autor es director editorial del periódico El Economista.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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