La era del hidrógeno

Este elemento será la fuente de energía cuando el petróleo se acabe. ¿Qué hará México al resp
Gabriela Ruiz

En un artículo sobre Pemex, publicado en The New York Times el 21 de enero, Raúl Muñoz Leos, director de la petrolera, declaró al diario estadounidense que la institución está cayendo financieramente. ¿La razón? Cada peso que gana se va al gasto corriente del gobierno. El reportaje señala que, después de pagar impuestos y derechos, la paraestatal registró una pérdida de $3,500 millones de dólares en 2001. Agrega que la savia económica de México está plagada de corrupción, deficiencias e intereses políticos. Para ensombrecer el panorama aún más, la misma fuente afirma que su producción va a llegar al techo de sus reservas en siete años y, de no darse un cambio para 2030, el actual cuarto productor del mundo se convertirá en importador neto. Los datos están avalados por la propia agrupación y por International Energy Administration (IEA), organización que aglutina a los principales productores de petróleo del mundo.

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Así las cosas, en febrero pasado el gobierno federal invitó para hablar de alternativas al petróleo a Jeremy Rifkin, miembro del programa de educación ejecutiva en Wharton, asesor de jefes de Estado y autor de más de 15 libros, entre ellos La economía del hidrógeno (Paidós). La medida viene pisándole los talones a una serie de escándalos, dudas y a la publicación del artículo ya mencionado.

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Se agota el petróleo
“Una ventana se abre para dar paso a un acalorado debate nacional –asegura el experto–. Hay que crear una estrategia paso por paso entre el gobierno, los empresarios y la sociedad civil para que México transite de ser una economía basada en el petróleo, hacia una fundada en el hidrógeno. Si no comienza con ese cambio urgentemente, el país enfrentará serios problemas para finales de esta década.” Este apasionado líder de opinión apenas si toma un respiro para convencer al interlocutor. Explica que el hidrógeno es un elemento ubicuo a escala universal, aunque rara vez se encuentre en estado libre y aislado.

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“Todos los cambios de regímenes energéticos –de la agricultura al carbón, a la máquina de vapor a la combustión interna– han sido costosos hasta que se alcanza velocidad económica. Cuando se llega a generar energía en gran escala, los costos se reducen y el mercado se ajusta.” El principal problema que detecta es la renuencia a invertir en el desarrollo de la generación de energía renovable a partir del elemento más simple. Es cierto que la cuestión de cuántas reservas se tienen es subjetiva. El gobierno da una cifra, los geólogos otra y las compañías petroleras tienen su propia versión. Pero es un hecho que la exploración de nuevos yacimientos ya es insuficiente y no se tiene la tecnología para extraer otros tipos de crudo distintos al barato que actualmente mueve al mundo.

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Europa estalla; Latinoamérica observa
El presidente de la nueva energía de Islandia, Thorsteinn I. Siggfusson, anunciará por estas fechas, tras la inauguración de la primera estación de hidrógeno en Europa, que Islandia quiere convertirse en la primera economía basada en este elemento. La terminal despachará el gas extraído de agua de la llave, así como la electricidad, de energía hidroeléctrica y geotérmica de los propios recursos naturales islandeses. Será el primer paso para abandonar la dependencia de los combustibles fósiles.

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Como asesor económico de Romano Prodi, presidente de la Unión Europea (UE), Rifkin presentó en marzo de 2001 una estrategia para convertir a la región en un bloque económico sustentado en el nuevo tipo de energía. Seis meses después, el dignatario anunció en Bruselas la creación de una asociación entre gobiernos, empresarios y sociedad civil para acordar cambios regulatorios, incentivos fiscales, investigación y desarrollo con el fin de comenzar con el proceso de transición. “Tenemos la intención de ser la superpotencia del siglo XXI. Los europeos sabemos crear agrupaciones entre gobiernos y empresas, y por lo mismo vamos a prevalecer”, sostiene Prodi.

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Rifkin mantiene el tono provocador durante su charla con Expansión: “Una vez que se adhieran los otros 10 países a la UE en mayo, ésta aglutinará 25 países con 480 millones de personas y un producto interno bruto que rivalizará con el de Estados Unidos. El secretario de Energía de este país, Spencer Abraham, leyó mi libro y no está nada contento. También leyó mi columna en el Washington Post sobre el hecho de que Europa estaba adelante de nosotros al respecto. Tengo plena confianza en que México y Brasil seguirán los pasos de Europa. Si se hace a tiempo, los dos países latinoamericanos estarán en posibilidad de ser las potencias generadoras de energía de todo el continente, por sus recursos naturales.”

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El entrevistado considera que una de las ventajas que tiene México por encima de otros naciones radica en el hecho de que, a la par del hidrógeno, se puede generar electricidad con toda la basura que se produce en las principales ciudades, el sol y el viento.

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Camino a la utopía
La alternativa que ofrece el hidrógeno es la posibilidad de descentralizar la generación de energía y su almacenamiento. “En el régimen del petróleo, la gasolina se transforma en fuerza motriz y se dispersa en el medio ambiente, es decir: no se puede recuperar. El agua de la que se extrae el hidrógeno queda electrolizada y por lo tanto se convierte en un almacén. Aunque obtener energía de recursos naturales es la opción más cara, tal tipo de recursos genera el doble.”

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Éstas unidades  abastecerían los hogares, parques industriales, centros comerciales, etcétera. Rifkin usa la computadora personal como analogía de las celdas e internet como símil de la red de suministro de electricidad. El principal problema es que la generación está centrada en unas cuantas compañías que la liberan por los cables conductores indiscriminadamente a los consumidores. La revolución de las comunicaciones tendrá que reconfigurar las redes de distribución utilizando hardware y software en internet, de manera que puedan enviar la energía que no utilicen como un paquete de información en tiempo real. Esto garantiza mayor eficiencia y pagos de energía personalizados.

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Ante la sugerencia de que esto suena utópico y que de seguro las contadas corporaciones internacionales que controlan el petróleo no se van a quedar de brazos cruzados, Rifkin responde: “Veremos una lucha entre empresas, pero tiene que haber un esfuerzo conjunto. No ha existido ninguna transición de régimen de energía trascendental que no haya conjugado los esfuerzos públicos y privados. Supón que General Electric vaya a vender las celdas de combustible. Las compañías energéticas se encargarán de la infraestructura y la red de distribución porque es su campo de especialización. La sociedad civil puede formar cooperativas que protejan los intereses de los usuarios minoritarios para que ellos controlen la energía.”

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Parece ciencia-ficción, pero habrá hogares que dependan de su célula de combustible y no requieran estufas de gas, calentadores de agua o instalaciones eléctricas. Las principales compañías automotrices ya tienen prototipos sin motor de combustión que se manejan con una sola palanca. La única emisión será vapor de agua y calor. Las operaciones industriales también serán más limpias, augura Rifkin.

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El plan de México
Esto propone Rifkin para el país:

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  • Administrar los combustibles fósiles en vista de que van a agotarse.
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  • Suscribir la transición lo mejor posible entre miembros del sector público y privado para incrementar el uso de gas natural (que también va a terminarse).
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  • Instrumentar un programa entre gobierno, empresarios y la comunidad con el fin de construir la infraestructura y las tecnologías de alta capacidad de almacenamiento para fuentes de energía renovable.

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Rifkin asegura que las tres etapas ya iniciaron. Sin embargo, un programa de tal magnitud se antoja improbable en un país tan dividido como el nuestro, tan preocupado en atender los puntos más inmediatos de la agenda, sin consensos y sin recursos para desarrollar infraestructura. Empero, no hay otra alternativa. La inversión inicial que se requiere puede provenir de los ingresos de los combustibles fósiles; lo demás puede costearlo el capital privado. Aún así, el autor confía que la estrategia funcione.

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Durante la reunión de APEC en Baja California, Muñoz Leos hizo una presentación conjunta con Rifkin y coincidió en que México debe convertirse en una economía de hidrógeno. ¿Hablaremos de Hidromex en 50 años?

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