La estabilidad y el tipo de cambio

Cierto: hay problemas resueltos, pero la relativa estabilidad financiera todavía no deja observar c
Alejandro Castillo

En las últimas semanas los mercados de divisas y de dinero han vivido una relativa estabilidad. Como consecuencia, se ha registrado una apreciación del tipo de cambio y las tasas de interés de los Cetes a 28 días ya se encuentran cerca de 30%.

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Bajo este contexto, pareciera que el gabinete económico no atina a definir qué camino seguir: mantener el -propósito de conservar un tipo de cambio competitivo o dejar que se aprecie el peso en aras de la estabilidad financiera.

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Las medidas adoptadas para enfrentar la crisis permitieron resolver dos de los grandes problemas que tenía el país a principios de 1995. Ahora no se tiene un desequilibrio comercial con el -exterior y durante el primer trimestre de 1996 se logró un saldo favorable de $519.4 millones de dólares; si se añaden las maquilas el superávit asciende a $1,672.7 millones de dólares. Además, ya no existe la presión generada por la deuda de corto plazo -representada por los Tesobonos, que en diciembre de 1994 sumaba $29,000 millones de dólares.

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Sin embargo, alcanzar esos resultados implicó una -drástica contracción de la economía, la disminución del empleo y menor -inversión a lo largo de 1995.

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En la lógica gubernamental, una vez superada la fase más intensa del ajuste, se deberían comenzar a apreciar las señales de recuperación. Por esa razón, en los últimos meses se ha destacado la reducción del desempleo: después de -alcanzar un nivel de 7.6% en agosto de 1995, en marzo la tasa de desempleo abierto se -ubicó en 6%. Además, durante el primer trimestre de 1996 el número de -asegurados permanentes en el Seguro Social creció en 107,017 personas.

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También se ha puesto énfasis en que el índice del volumen de producción manufacturera ha mejorado y, después de alcanzar su nivel más bajo en julio, se ha mantenido en -crecimiento. Lo mismo ocurre con el índice de venta de electricidad a grandes empresas, que en el primer bimestre reportó un incremento de 7.5% en comparación con el mismo periodo de 1995.

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A eso se agrega que fuera de un ligero repunte en abril, se espera que la tasa de inflación tienda a disminuir hasta alcanzar niveles inferiores a 2% mensuales. En esas -circunstancias, los intereses han bajado en forma sostenida hasta acercarse a 30%.

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De manera paralela, se observa un aumento en el ingreso de inversión extranjera directa y de cartera, de modo que las reservas -internacionales se han mantenido arriba de $15,000 millones de dólares. Eso ha propiciado una apreciación del tipo de cambio nominal, con respecto al nivel con el que comenzó 1996.

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Esas son las razones que sostienen la estabilidad observada en los mercados.

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Los oscuros
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En paralelo con las señales positivas, se advierten factores que indican que la recuperación ha sido muy lenta y los pocos beneficios proporcionados todavía no se han consolidado.

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Lo parcial de la recuperación se observa en el hecho de que el índice de venta de electricidad a empresas -pequeñas durante el primer bimestre fue inferior en 6.8% al reportado en el mismo periodo de 1995. El mismo sentido tiene la caída de 21% en las ventas al menudeo durante el primer bimestre. En el caso de las ventas al mayoreo el descenso fue de 14%.

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Además, las cifras muestran que no se ha logrado la integración de las cadenas industriales. De acuerdo con el INEGI, durante enero la producción de la industria manufacturera creció 1.5%, sólo que las manufacturas que no son -maquiladoras crecieron apenas 0.5%, en tanto que las maquiladoras de exportación lo hicieron en 16.9%.

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A lo anterior se debe añadir que poco más de 70% de la inversión extranjera directa que ha ingresado al país se destina a la compra de acciones o al aumento en la participación de empresas -mexicanas. Es decir, no se dirige a la constitución de nuevas empresas ni al incremento de la capacidad instalada.

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Las exportaciones, sin considerar a las maquiladoras, han disminuido su ritmo de crecimiento: de 45% en el primer trimestre de 1995 a sólo 19.5% en el mismo lapso de este año. Y es que el incremento de las ventas foráneas en 1995 fue posible gracias al TLC y a que prevalecieron condiciones especialmente favorables en los mercados del exterior. Sin embargo, éstas se han desgastado.

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Por otra parte, la reciente estabilidad pareciera ignorar que en 1996 el pago de intereses por la deuda externa representará 3.6% del PIB y que se tendrán que amortizar más de $28,000 millones de dólares. Como suponen las autoridades, parte de esos recursos se podría -refinanciar, pero lo que no se pague hoy se acumulará a los compromisos pactados para el futuro.

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Además, pese a los recursos proporcionados a la banca comercial, las cifras del Banco de México indican que hasta enero de 1996 su cartera vencida representaba 12% de su cartera de crédito. Ese porcentaje ya descuenta los montos correspondientes a la cartera vendida a Fobaproa y la cartera reestructurada en UDIs, que sumados representan 29% de la cartera de crédito.

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¿Dónde poner énfasis?
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En estas condiciones, algunos funcionarios han comenzado a sugerir la conveniencia de abandonar el propósito de mantener un tipo de cambio competitivo.

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Aparentemente ha ganado fuerza la posición que confía en que, a pesar de la -apreciación del peso, es posible mantener un saldo comercial positivo gracias a operaciones maquiladoras. El problema está en que una decisión de ese tipo podría traer graves consecuencias para las empresas que se esforzaron por incursionar en el mercado externo mediante una mayor integración. Al apreciarse el peso, esas compañías -quedarán vulnerables a la competencia y nuevamente se rompería la poca integración -alcanzada en las cadenas industriales.

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Además, independientemente de sus aspectos positivos, no se debe olvidar que la maquila responde a una lógica ajena al país, está concentrada en pocas regiones y apenas 1.5% de las materias primas, envases y empaques consumidos por ésta son de origen nacional. A eso se debe añadir que esa actividad pasa por una etapa de definiciones: aceleró inversiones para aprovechar el efecto de la devaluación, pero podría encontrar que ya no resulta tan atractivo maquilar en México en condiciones en que se aprecia el peso y aumentan los salarios.

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De cualquier modo, es de esperar que la posición que adopten los funcionarios considere su propio diagnóstico de la crisis: la apreciación y sobrevaluación de la moneda, que permitió la estabilización de algunos indicadores, no es suficiente para promover la inversión productiva y genera distorsiones.

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Por supuesto, la otra posibilidad, la de propiciar la depreciación del peso y una subvaluación agresiva como opción para proteger a la industria y promover las inversiones y la integración nacional de las exportaciones en un país urgido de empleos, sería insuficiente si no se acompañara de medidas para limitar los efectos inflacionarios y la inestabilidad que pudiera provocar el comportamiento del tipo de cambio.

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