La explosión informal

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Alejandro Castillo

A pesar de la recuperación, la economía nacional, muestra una gran incapacidad para atender las necesidades de la población. Como consecuencia de ello, se ha registrado un fuerte crecimiento de la economía informal, con toda su cauda de ilegalidad, irregularidades y desorden que la caracteriza.

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Los indicadores del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) proporcionan importantes datos acerca de la evolución que ha seguido la Población Económicamente Activa (PEA), sus características y tendencias.

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Se estima que actualmente la población total del país asciende a 96 millones de personas, de las cuales 73 millones tienen 12 años de edad o más; este es el grupo que se analiza en términos laborales. De este subtotal, 56% o 40.8 millones de personas se clasifican como PEA; INEGI considera en esta categoría sólo a las personas que ya trabajan o han buscado trabajo en los dos meses previos a la fecha en que se levantó la encuesta.

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Se debe destacar que la PEA aumentó 4.8 puntos porcentuales el total en relación con el registro anterior, correspondiente a 1992, cuando representó 51.2%. Ese incremento se explica por una mayor participación de mujeres que adquirieron la condición de económicamente activas; en el total de población femenina mayor de 12 años, éstas pasaron de representar 28.4% en 1992, a 39%. Además de las razones culturales –una mayor independencia–, la incorporación de más mujeres al mercado laboral podría estar relacionada con la necesidad de las familias de mejorar sus ingresos.

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Por otra parte, en los 32.2 millones de personas que, de acuerdo con estimaciones de - Tendencias Económicas y Financieras (TEF), forman parte de la población económicamente inactiva (PEI) –mayores de 12 años que no desempeñaron ningún trabajo y tampoco lo buscaron–, también se observa una mayor presencia de aquellos que podrían tener el propósito de incorporarse a la fuerza productiva. En 1995 la participación de los estudiantes en la PEI fue de 31.5%; y en 1997 ascendió a 37.9%, un aumento de 6.4 puntos porcentuales. Otra parte de la PEI, 49.3%, se dedicó a quehaceres del hogar y 12.9% son jubilados, pensionados o incapacitados.

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Un dato que han utilizado las autoridades para justificar las políticas económicas es el bajo porcentaje de desempleo abierto: 3.7% de la PEA. Sin embargo, ese indicador, que mide la cantidad de personas que perdieron su empleo o buscaron colocarse en un trabajo en los dos últimos meses, no refleja la verdadera condición de deterioro de la fuerza laboral. Según el INEGI, 13.3% de la PEA recibe menos de un salario mínimo y 5.2% trabaja sin recibir ingresos. Así, considerando a los desempleados y a estos dos renglones de la fuerza laboral empleada, se tiene que 22.2% de la PEA, nueve millones de personas, no reciben un ingreso que les permita vivir. La participación de estos grupos en la PEA fue superior en 5.4 puntos porcentuales a la que tenían en 1994.

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RUMBO A LA ECONOMÍA SUBTERRÁNEA
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Muchos de los que se clasifican como empleados están ocupados en el sector informal. Aunque no sea una comparación adecuada, vale apuntar que mientras la PEA suma 40.8 millones de personas, el IMSS apenas tiene menos de 12 millones de afiliados y el ISSSTE otros 2.2 millones de personas.

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Como consecuencia de la globalización y las políticas aplicadas en los últimos años, se han perdido trabajos en el sector formal y aumentado en la informalidad, al tiempo que se desplazan las actividades de transformación y se fortalece el sector servicios.

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De acuerdo con el Perfil Sociodemográfico del INEGI porcentaje de la PEA que se ocupó en el sector de transformación pasó de 27.9% en 1990 a 24.4% en 1995, mientras la que se empleó en el sector servicios creció de 46.1 a 52.8%.

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Además, las cifras indican que una parte del mayor empleo en los servicios se dio en la economía informal. El renglón donde se encuentran los trabajadores ambulantes, el del sector comercio, fue el que observó mayor dinamismo entre 1990 y 1995, periodo en el que la economía reportó un drástico “cambio estructural” y tasas de crecimiento positivas. Debido a ello, su participación en el total de la PEA pasó de 11.6 a 16.5%. El perfil también informa que en ese lapso bajó el porcentaje de empleados y aumentó el correspondiente a los que trabajan por su cuenta.

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La Encuesta Nacional de Micronegocios, publicada en 1994 y 1996, confirma esas tendencias: la economía formal y las actividades de transformación son desplazadas, mientras se fortalecen la informalidad y los servicios.

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La encuesta de micronegocios analiza el comportamiento de las unidades económicas con un máximo de cinco trabajadores y 16 en el caso de las manufacturas. Es de suponer que esas empresas representan un alto porcentaje del total, ya que de acuerdo con el censo de 1993 (el más reciente), ese estrato sumó poco más de 2.1 millones de negocios, los cuales dieron empleo a casi 4.2 millones de personas. Se puede decir que ese estrato representó 91% del total de unidades económicas, con 34% de la fuerza de trabajo. De ahí la importancia de la encuesta realizada por el INEGI.

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Entre otros datos, la encuesta reveló que de 1994 a 1996, los micronegocios sin local fijo crecieron 26.6%; en cambio, el número de establecimientos fijos disminuyó 4.4%. Además, en esos años los micronegocios industriales en locales fijos disminuyeron 18% y los no fijos, 12%. En cambio, los dedicados a actividades comerciales crecieron, sólo que con predominio de los ambulantes: los comercios fijos cayeron 3.3% y los de tipo informal aumentaron en 39.6%.

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Todo lo anterior muestra que la decisión de estabilizar la economía mediante la apertura y la sobrevaluación del peso provoca distorsiones en la estructura económica, donde cobran mayor atractivo las inversiones en servicios y pierden importancia las actividades de transformación.

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Habría que preguntar cuánto tiempo más se mantendrá esa estrategia que ya demostró su incapacidad para resolver la problemática del país, en particular, para generar empleos y que en cambio, ha fortalecido en forma desmedida la informalidad y creado otros factores que deterioran la estructura de la economía, propiciando la evasión fiscal y la ilegalidad que redundan en nuevas fallas estructurales.

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El autor es ejecutivo de Tendencias - Económicas y Financieras (TEF), boletín semanal de análisis para la - dirección de empresas publicado por el Grupo Editorial Expansión.

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