La familia de FEMSA

Antes de que los trabajadores lo pidieran, esta compañía formó una cooperativa para manejar las p
Mónica Mendoza

En 1890 nació en Monterrey, Nuevo León, la Cervecería Cuauhtémoc. En aquel entonces, la empresa tenía 70 obreros, dos empleados administrativos, $100,000 pesos de capital y un grupo de emprendedores encabezados por Isaac Garza, José Calderón, Francisco G. Sada y José A. Muguerza. A 113 años de distancia es ahora el gigante Fomento Empresarial Mexicano (FEMSA), productor de las conocidas cervezas Sol, Indio y Dos Equis; principal embotellador de Coca-Cola en México y Argentina, y propietario de las tiendas Oxxo.

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Según los actuales directivos, la consistente expansión del conglomerado no podría entenderse sin las transformaciones que en la segunda década del siglo XX impulsara Luis G. Sada, entonces al frente de la firma, para establecer las relaciones entre empresa y trabajadores.

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En 1918 creó una sociedad cooperativa, que se encargaría de manejar los servicios para los empleados y sus parientes, casi como si se tratara de los miembros de una familia. Hoy, el organismo se llama Sociedad Cuauhtémoc y Famosa (SCYF) y brinda servicios médicos, financiamiento para vivienda, caja de ahorros, apoyo de despensa, además de promover deporte, cultura y capacitación.

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La SCYF cuenta con instalaciones para sus socios, es decir los empleados de la corporación. La clínica, club deportivo y casa de retiro para los jubilados localizados en Monterrey son tres muestras de sus logros. El mayor orgullo del actual director general de la compañía, José Antonio Fernández, es que los diferentes espacios y servicios de los que disfrutan los empleados no fueron producto de luchas laborales, sino una iniciativa de la firma. “En más de 100 años no hemos tenido una sola huelga, nuestra empresa es el mejor ejemplo de que mediante la confianza y el diálogo se pueden alcanzar acuerdos benéficos para todos”, afirma el entrevistado.

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Congruencia
En el grupo se realizan dos tipos de evaluaciones: las que tienen que ver con desempeño y las relativas a la vivencia de los valores que FEMSA considera más importantes: honestidad, austeridad, productividad (hacer más con menos, que cada empleado diga qué hacer para ahorrar), innovación y creatividad, y pasión por el servicio. El que falla en los resultados de trabajo recibe asesoría y capacitación, pero el que lo hace en el otro aspecto, sencillamente se va. Fernández se dice el más “férreo defensor” de la filosofía de FEMSA, porque, según explica, “ésta ha probado ser muy útil y rentable”.

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En todas las empresas del grupo los principios se transmiten, refuerzan y fomentan a través de un sistema de vocalías. Cada jefe de área o quien tiene gente a su cargo es aspirante a vocal, pero para poder “ejercer” debe graduarse de la Escuela de Vocales Comprometidos. Entre sus principales responsabilidades, los líderes deben brindar asesoría (laboral, financiera e incluso en aspectos personales) a los miembros de su equipo; además tienen como obligación que cada participante de su grupo conozca y disfrute los beneficios y prestaciones de la sociedad.

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Liebre por gato
Los planes de retiro pueden ser individuales o conyugales y, en algunos casos, la jubilación alcanza hasta 100% del ingreso del trabajador. La capacitación es un elemento obligatorio para todos (la mayoría de los obreros habla inglés y sabe técnicas de medición de calidad y productividad). La compañía tiene previsto un sistema de premios económicos en función del desempeño. El equipo ejecutivo, por ejemplo, tiene acceso a un amplio esquema de stock options. También hay créditos para vivienda y otros bienes (las casas son construidas con fondos de la sociedad mutualista por empresas independientes) y la cobertura de los beneficios médicos se extiende a los jubilados e incluye desde servicios hospitalarios hasta medicinas. Según Jaime Toussaint, director de Comunicación y Relaciones Externas, el fondo de ahorro de la SCYF de los trabajadores de Monterrey supera $100 millones de dólares; por ello pueden otorgar servicios de calidad para todos.

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Mediante acuerdos con el gobierno mexicano, la clínica de FEMSA en la capital regiomontana sustituye los servicios del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y su plan de financiamiento de vivienda al del Infonavit. En el resto de las localidades sí es necesario que los trabajadores acudan a instalaciones oficiales, pero hay convenios con instituciones privadas en caso de que algún empleado solicite atención especial.

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La magia de la negociación
La relación entre la corporación y los trabajadores se ha puesto a prueba en los momentos difíciles, como en el inicio de la apertura comercial. El ejemplo más claro fue el de las charlas con empleados y sindicato de la fábrica de latas y corcholatas en 1990: ante la inminente liberación de mercados, fue necesario modificar drásticamente la forma de laborar e, incluso, sacrificar algunos puestos de trabajo. “Propusimos el rediseño completo de la compañía, lo que implicaba, entre otras cosas, reducción de plazas y modificación de salarios: era la única forma de no desaparecer. Después de explicar nuestras razones y plantear soluciones reales, la organización obrera aceptó. Hoy fabricamos las corcholatas más baratas de toda América, vendemos por abajo del costo de producción directo de antes y ganamos más dinero.” Para Fernández esto es una muestra de que la existencia de sindicatos no es necesariamente mala y de que todo puede lograrse mediante el diálogo y la confianza ganada con hechos.

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Aunque contento con las condiciones actuales de los trabajadores, José Antonio Fernández no está satisfecho. “Quiero que todos los que laboran en FEMSA sean de clase mundial en cuanto a preparación y visión del mundo. Deseo que cualquiera de ellos aspire a trabajar en Europa, Asia Oriental o Estados Unidos, y que además esté seguro de que puede lograrlo.”

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