La farmacia más grande del mundo

La ciudad deja atrás su mala fama y ve nacer boticas, hospitales y consultorios de odontología en
Gisela Vázquez

Después de cruzar la línea fronteriza en Tijuana, Mario Pineda –empresario centroamericano radicado en San Diego, de 28 años– encamina sus pasos a la plaza comercial Viva Tijuana. Esta colorida área alberga a unas 20 farmacias a 50 metros de la línea divisoria. Los escasos bares y tiendas de souvenirs se pierden entre los folklóricos y chillantes colores mexicanos que decoran los establecimientos.

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Hace cinco años los locales vendían artesanías y productos fashion; hoy se han especializado en el ramo farmacéutico. Pineda viene a este lugar en busca de penicilina. “Aquí el frasco cuesta $10 dólares y donde vivo $50”, explica.

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Dos empleados uniformados con bata blanca lo jalan mientras camina por la angosta avenida de cuatro cuadras. En un inglés de acento peculiar lo invitan a pasar al establecimiento. “Tenemos lo que usted necesita, no requiere de receta médica”, le aseguran. Es una escena que viven diariamente miles de turistas.

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La ciudad fronteriza mexicana ya no sólo es la zona donde se producen más televisores del planeta, ni la que durante años revalidó el galardón de ser la población con más cantinas de México: 550. Ahora es conocida también como la de farmacias y clínicas más grande del mundo.

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Sus 1,400 droguerías contrastan con el centenar de boticas que hay en San Diego, la ciudad estadounidense más cercana a la frontera, y sus más de 5,000 hospitales y consultorios médicos se han convertido en el destino preferido de miles de visitantes que acuden a curarse todo tipo de males. Según datos del colegio de odontólogos hay 4,000 dentistas, uno por cada 375 habitantes, y sus 2,500 consultorios suponen la mitad de la oferta de servicios médicos en Tijuana.

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El fenómeno económico
La ley de la oferta y la demanda es dueña y señora de este mercado emergente. La fuerte restricción en la unión americana para adquirir medicamentos y los precios elevados constituyen el aliciente para ensanchar el negocio.

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La Asociación de Farmacias de Tijuana estima que tan sólo la venta de medicamentos supera anualmente $100 millones de dólares. La cifra es significativa teniendo en cuenta que se trata de una sola ciudad y que a escala nacional el mercado privado de fármacos reportó el año pasado ventas por $6,900 millones de dólares.

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Cosmopolita, atractiva para quienes buscan mejores horizontes, Tijuana ya está entre las cuatro urbes más grandes del país, con dos millones de habitantes. “Es una ciudad de cambio, que se reinventa todos los días”, dice Norma Iglesias, investigadora del Colegio de la Frontera Norte (Colef).

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Hace 10 años era impensable encontrar una hilera de cientos de bicicletas apostadas en la frontera para que los viajeros pudieran acortar el tiempo de cruce al módico precio de $5 dólares. Y menos aún cabía imaginar que la céntrica avenida Revolución dejaría de ser un corredor turístico de restaurantes-bar, cantinas y table dance disfrazados de club nocturno, abiertos las 24 horas. Hoy 72% de los visitantes acude a la zona centro y avenida Revolución, según el Comité de Turismo y Convenciones de Tijuana.

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En la actualidad a La Revo –como la llaman los tijuanenses– ya no le quedó más remedio que convivir con los cientos de farmacias que se apoderaron de sus calles de la noche a la mañana. Mientras que la crisis de la industria maquiladora dejó en la calle a 60,000 personas en los últimos dos años, el sector servicios, principalmente el rubro médico, se convirtió en soplo de esperanza.

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Silenciosamente y sin planificación, como suelen ocurrir estas cosas, la apariencia del centro de esta ciudad, que visitan cada día 116,000 personas de la frontera, es otra. Ahora por cada bar o night club de la Revo hay dos o tres boticas.

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Los fines de semana pueden apreciarse los contrastes de quienes transitan: adultos mayores –en su mayoría jubilados– y jóvenes de entre 16 y 20 años. Los primeros gastan un promedio mínimo por persona de $300 dólares para surtirse de medicamentos; los segundos sólo dejarán por cabeza entre $15 y $20 dólares. “Los muchachos sólo vienen a emborracharse y a causar problemas –dice Antonio Tapia, presidente de la Cámara Nacional de Comercio en Tijuana–; esa clase de turismo no nos conviene.”

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Con y sin receta
Brian Roberts (40 años), un trabajador de la Universidad de San Diego, cruza con regularidad a Tijuana para abastecerse de medicinas. Paga $25 dólares por 60 píldoras de Prilosec Ulcer. En Estados Unidos gastaría $224 dólares por ese remedio contra la úlcera. “Aquí no exigen presentar la receta médica”, dice el académico.

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Se calcula que en Tijuana 70% de los medicamentos controlados se vende sin prescripción. Ignacio Romo, presidente de la Asociación de Farmacias, explica ese desorden por el cambio normativo realizado hace una década por la Secretaría de Salud (SSA). Es que la entidad cambió el perfil y los requisitos para vender medicina controlada y no controlada. “Ahora cualquier persona con un simple aviso a la autoridad y sin inspección alguna puede dar de alta un local para vender fármacos que no requieren receta médica.” Pero el trasfondo de la cuestión es que se valen de esta apariencia con el fin de distribuir medicinas de carácter controlado.

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Es común la venta de medicamentos como Viagra, Valium o los famosos esteroides anabólicos Deca-Durabolin, tan demandados por los estadounidenses. “Es ahí donde está el gran negocio”, explica Ignacio Romo, de 66 años, dirigente de las 300 farmacias que cuentan con licencia para distribuir productos con prescripción.

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Por ello muchos comerciantes cambiaron de giro comercial y acondicionaron sus locales para botica. “Gente ajena se coló a este negocio”, denuncia el veterano farmacéutico. Su establecimiento, ubicado desde hace 30 años en el céntrico cruce de la calle Cuarto y Mutualismo, sufre la competencia desleal de estos comercios que rebajan hasta 40% el precio de los remedios.

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Esta avalancha económica, que amenaza con convertirse en un serio dolor de cabeza, ya está siendo vigilada por las autoridades federales.

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Hace un año la SSA, con el auxilio de la Policía Federal Preventiva y otras instancias, ejecutó un operativo de revisión en 55 comercios ubicados en Tijuana, Los Algodones y Rosarito.

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Fue en esta última localidad donde se hizo el mayor número de decomisos y aprehensiones. “Con esto sentimos que frenamos un poco el fenómeno”, apunta Fermín Islas, director de Verificación Sanitaria de la Comisión Federal para a Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), instancia de la SSA.

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Para el investigador de la Universidad de Texas, Marvin Shepher, urge que los medicamentos controlados se incluyan dentro del Tratado de Libre Comercio. “Se temen muchos riesgos por la falta de control en su venta”, puntualiza. También acepta que los residentes del vecino país del norte abusan del uso de medicinas mexicanas.

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En una investigación especial publicada en 1996, el experto texano reveló que según un sondeo de 5,600 inspecciones aduanales, cada día se declaraba un promedio de 11,000 tabletas del célebre antidepresivo Valium, alrededor de cuatro millones de tabletas al año.

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En ese entonces, las personas de entre 35 y 40 años de edad (la mitad de la muestra) declaraba la incursión de sedantes, antidepresivos y estimulantes. La lista de los productos más demandados en las farmacias de la frontera la encabezaron Valium, Rohypnol, Tafil y Neopercodan. A la fecha la tendencia no ha variado significativamente, salvo que el Rohypnol ya está tipificado como sustancia prohibida.

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Boom de visitas médicas
Viajar a las tranquilas y exclusivas playas mexicanas dejó de ser una moda para los estadounidenses ancianos. Muy preocupados por su salud y por ahorrar dinero, han volteado hacia el llamado turismo médico. Numerosas compañías ofrecen paquetes sorprendentes. “Por sólo $129 dólares –reza la propaganda de Alternative Medical Tours, de Phoenix, Arizona– puede visitar cinco hospitales o clínicas de su elección, hablar con los galenos para resolver sus dudas, tener un guía personal y lunch.”

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En la misma línea publicita Health Net, una empresa especializada en planes de salud para las familias latinas de ambos países: “Con tarjeta de crédito podrá obtener sus medicinas en las farmacias participantes por una suma mínima.” Asimismo gran publicidad han dejado a Rosarito  Los Acereros de Pittsburg. Cada año el equipo de futbol americano se hospeda durante una semana en el Hospital Sanoviv, lugar donde a los jugadores se les aplica un minucioso chequeo.

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Norma Iglesias, investigadora del Colef y docente en la Universidad de San Diego, aplicó una encuesta a 500 alumnos de este campus. Encontró que dos terceras partes (méxico-americanos y centroamericanos) cruzan con regularidad a Tijuana para visitar los consultorios dentales, otro segmento con gran demanda. “Mi dentista –cuenta Mario Pineda, joven empresario y también alumno de Iglesias– es amable, hay una relación personal y profesional.”

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Pero sin duda, lo que más lo convenció fueron los precios. La endodoncia le hubiera costado al otro lado del Río Bravo $800 dólares, mientras que en Tijuana sólo pagó $150. El sondeo de la investigadora arrojó un dato revelador: la mayoría de los universitarios calificaron a la frontera como “la farmacia y clínica más grande”. Otro de los factores decisivos que impulsó el boom es que la mayor parte de los hospitales de la ciudad reciben a los asegurados médicos estadounidenses.

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Ausencia de un proyecto económico
Nadie conoce de qué tamaño es la economía que engloba el auge de los servicios médicos y las farmacias: ni los empresarios, ni el gobierno estatal, ni las autoridades de salud, ni las asociaciones farmacéuticas. Todos se dan cuenta de su potencial, pero nadie se atreve a dar una cifra. Sólo se calcula que 7,000 empleados atienden las 1,400 boticas.

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Esto podría cambiar con un proyecto de revitalización de la avenida Revolución, iniciado recientemente por el Instituto Nacional de Planeación (Inplan). El programa comprende el levantamiento de 5,000 encuestas a turistas y a trabajadores para conocer las dimensiones reales del fenómeno. Se realizará una revisión lote por lote para contabilizar rigurosamente los establecimiento comerciales de la zona.

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“No podemos hablar de un plan económico, si antes no sabemos cómo estamos realmente”, se sincera el arquitecto Luis Alfonso Duarte, director de la institución. Junto con los empresarios, el funcionario quiere ordenar este fenómeno económico y descentralizarlo. La situación es delicada y sólo hay un camino. “El reto es convertir a Tijuana en un gran centro hospitalario de alto nivel que genere fuentes de empleo, con una distribución ordenada y responsable de medicamentos –expone Antonio Tapia, dirigente de la Canaco en esa localidad–. De lo contrario enfrentaremos un problema grave.”

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La aspiración es enmarcar los servicios en un gran plan de rescate económico y urbanístico del centro de la ciudad, con el fin de atraer al turismo familiar. En el corto plazo se antoja imposible. Las cifras así lo demuestran. Tijuana es una ciudad de paso: 87% de los visitantes permanece cuatro horas en la ciudad –tiempo más que suficiente para comprar una gran cantidad de medicinas–.

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