La fábrica de emprendedores

Desarrollo Empresarial Mexicano se mantiene empeñado en estimular el espíritu emprendedor en los n
Antonio Mustarós

Las formas de hacer negocios en este país han cambiado diametralmente en los últimos años. Hace algunos años comenzó en todo el orbe un proceso irrefrenable de alianzas, fusiones y adquisiciones en el ámbito corporativo, que en este país se ha traducido en una competencia creciente.

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Ante esto, y la cada vez menor posibilidad de obtener un buen empleo, es importante estimular en la niñez mexicana el deseo de “ser empresario”. O bien, como lo entienden en Desarrollo Empresarial Mexicano (Desem), inyectar glóbulos “emprendedores” en la sangre de los niños.

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Empresario y emprendedor no son sinónimos; el segundo término pareciera ser, más bien, uno de los rasgos distintivos de un buen empresario. De ahí la máxima de “no todos los emprendedores serán empresarios, aunque ojalá que todos los empresarios sean emprendedores”. En Desem creen que el emprendedor es resultado de la suma de seis virtudes esenciales: “Iniciativa, creatividad, espíritu de equipo, ánimo por la superación permanente, amor al trabajo y responsabilidad social”.

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Afiliado a Junior Achievement International (líder mundial en educación empresarial), organismo con 79 años de experiencia que trabaja en 101 países, Desem es una organización no lucrativa fundada hace 20 años que promueve el espíritu emprendedor al tiempo de ir enseñando “la economía de mercado con responsabilidad social”.

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Desem opera en 28 ciudades de 16 estados, a través de convenios con la Coparmex y la Canacintra, con presencia en 300 escuelas primarias (150 públicas y 150 privadas) y 150 secundarias y preparatorias (83% públicas).

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Jaime Santibáñez, director general de Desem, afirma que la misión del sistema que dirige es “enseñar a los jóvenes a través de programas educativos que se imparten en las escuelas a que valoren el sistema de libre empresa con responsabilidad social, entiendan el funcionamiento de la economía y se conviertan en una fuerza de trabajo capacitada”.

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¿Qué vas a ser de grande?
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El Sistema Desem está integrado por una red de programas que van desde preescolar hasta universidad. El primer bloque comprende desde preprimaria hasta sexto año de primaria y cada programa se divide en cinco lecciones de una hora. “Con ellos se pretende –señala Santibáñez– llevar al niño una visión muy concreta de su mundo, lo que significa empresa y cómo, tarde o temprano, se verá inmerso en una compañía, porque finalmente será comprador, cliente, proveedor, trabajador, patrón, etcétera.”

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En preprimaria se les enseña qué es comprar y vender, además de los conceptos de calidad y productividad en términos muy simples. En primer año de primaria se les muestra cómo contribuyen las familias en el desarrollo del sistema económico. “Vamos ampliando horizontes poco a poco, hasta llegar a sexto año con el programa denominado Nuestro Mundo, donde se les da un panorama global, entendiendo la influencia de la situación geográfica en el intercambio comercial. La respuesta de los niños ha sido maravillosa”, añade Santibáñez.

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A nivel secundaria han aparecido recientemente cuatro programas, compuestos por ocho lecciones de una hora cada una: Economía Personal, La Empresa en Acción, El Mercado Internacional y Las Ventajas de Permanecer en la Escuela. En ellos se enseñan cuestiones de micro y macroeconomía que van desde cómo elaborar un presupuesto familiar, el manejo del crédito, formas de conseguir empleo, hasta cómo se conforma el Producto Interno Bruto. Se les muestra también cómo organizar una empresa y comercializar productos o servicios, teniendo en cuenta las barreras comerciales, las diferentes monedas y los tipos de cambio.

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Estos programas están basados en un esquema de aprendizaje interactivo y, además de cumplir con las expectativas académicas, buscan prevenir las adicciones y evitar la deserción escolar. “Mandamos a la escuela –explica Santibáñez– a un instructor voluntario (empresario o ejecutivo) capacitado por nosotros; no permitimos que el maestro del grupo imparta el curso debido a que en algunos casos los maestros lo necesitan más que los alumnos y el impacto pedagógico disminuye sensiblemente.”

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Jóvenes Emprendedores es el programa clásico de Desem, mediante el cual se busca que muchachos de bachillerato y universidad comprendan qué es una empresa, haciendo una por sí mismos. Durante 25 semanas desarrollan una empresa, la organizan y al final, la liquidan: es una simulación en donde crean un producto, lo venden, e incluso, se les dan acciones para vender.

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Como complemento está SIMEC, un simulador de ejercicios económico-administrativos para ambiente universitario de seis semanas de duración, consistente en un juego de negocios por computadora a través de un -software preestablecido, pero también existe otro programa para la enseñanza del comercio internacional llamado GLOBE (Global Learning of the Business -Enterprise), el cual hermana a dos grupos estudiantiles, uno de México y otro de Estados Unidos. En él, mediante Internet, durante 18 semanas, uno de ellos exporta y el otro importa, aprendiendo de una manera divertida la forma de realizar transacciones comerciales.

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Desem organiza un foro internacional de emprendedores que dura una semana y se realiza anualmente en el hotel Hacienda Cocoyoc, de Morelos. Su finalidad es la formación de líderes y ahí acuden los mejores jóvenes provenientes de los tres últimos programas mencionados. Los programas originales de Junior Achievement son traducidos, adaptados, piloteados y probados por Desem.

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Pedagogía y realidad
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En sociedad con Grupo Editorial Expansión, Desem desarrolla desde hace cinco años El Salón del Empresario en México. -Expansión nombra anualmente a cinco empresarios de larga y fecunda trayectoria, publica semblanzas sobre ellos y Desem realiza videos que se proyectan en una cena de gala, cuyo fondos recolectados son una importante fuente de ingresos, que se utilizan para el desarrollo de nuevos programas.

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“Los niños y los jóvenes universitarios –sostiene Santibáñez– no tienen una idea clara de lo que es la empresa; por eso, Desem busca acercar el concepto de economía de mercado con responsabilidad social al salón de clases y vincular la cátedra con la práctica. Al mismo tiempo, proponemos un modelo en el que mostramos a los estudiantes ejemplos de buenas empresas y el impacto que éstas tienen en la comunidad, y viceversa. Tratamos de motivarlos para que se conviertan en empresarios, aunque quienes se resisten seguramente serán empleados notables, porque ya poseen todo este bagaje y han asimilado la cultura que les inculcamos.”

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Jorge Urbano, ex colaborador y egresado de Desem que ahora cuenta con una empresa propia dentro del Grupo Ampere Manufacturas Electrónicas, asegura que la experiencia obtenida en Empresarios Juveniles (antecedente del programa Jóvenes Emprendedores) fue determinante para su desarrollo profesional, así como también lo fue formar parte del -staff de Desem recaudando fondos para iniciar nuevos programas. Esta labor de promoción lo obligó a relacionarse con empresas en las que vio aplicado en la realidad todo lo que manejaba en su empresa juvenil, estableciendo vínculos con empresarios y ejecutivos de alto nivel, además de contactarlos con los empresarios juveniles y servir como puente entre ambos. “Presidentes, directores generales e incluso propietarios de empresas, a través de historias, comentarios y consejos, nos proporcionaron un invaluable caudal de conocimientos cuya influencia sigue vigente en mí y en los muchachos que tuvieron la oportunidad de conocerlos.”

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La empresa juvenil de Urbano se dedicaba a la inyección de plásticos y, a pesar de que no fue muy exitosa, “fue la semilla del espíritu emprendedor y la cultura empresarial; ahí me di cuenta de lo importante que es aprender haciendo las cosas uno mismo y luchar por un lugar”. Ampere, su compañía actual, distribuye equipo de sonido profesional: micrófonos, consolas, amplificadores y bocinas de líneas estadounidenses y europeas como Shure, Community y Studio Master.

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“Empecé sonorizando obras de teatro y de ahí surgió la idea, junto con algunos amigos, de constituir una empresa de sonido, pero no se realizó hasta que me ofrecieron formar parte de Ampere.”

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Santibáñez advierte que en México existe un rezago educativo brutal de más de 100 años en la formación de emprendedores; en las escuelas primarias, tanto oficiales o privadas, el magisterio no tiene la más mínima idea de lo que es una empresa. “Aunque otro grave problema contra el que brega Desem es que los empresarios también requieren mucha educación empresarial; por eso con frecuencia vemos que al solicitarles instructores que nos ayuden, sólo recibimos negativas porque creen que la función de enseñanza corresponde exclusivamente al Estado, se desentienden de esta responsabilidad colectiva y únicamente presionan al gobierno para mejorar los programas educativos, lo cual resulta insuficiente. De hecho, estos programas deberían ser elaborados por los empresarios, ya que son ellos quienes contratarán a la fuerza de trabajo.”

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El divorcio entre la cátedra y la práctica, además de la escasa conexión entre lo que se debe y lo que se puede hacer, provoca que salgan de las universidades jóvenes preparados con “aptitud”, pero no con “actitud” para ser buenos empresarios. Desem intenta poner remedio a esta situación.

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Para Santibáñez, el empresario ideal debe tener en cuenta que la empresa está al servicio del hombre y no lo contrario, además de atender las necesidades de la comunidad más que las demandas de ésta. Necesita ver más allá de su entorno, saber que el cielo es más -grande de lo que ven sus ojos. En síntesis, debe tener los ojos en el cielo y los pies en el suelo. “Vemos con inquietud que el sector educativo está más interesado en nuestra labor que el sector empresarial, todavía falta permear bastante para lograr crear empresarios creadores de empresarios.”

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