La forestal, una industria del subdesarr

Es la vocación de México, pero a los políticos no les interesa.
RFV

Quizás el más claro ejemplo de la falta de una cultura industrial en México sea el sector forestal. Especialistas como el ex secretario de Agricultura, Romárico Arroyo, consideran que la vocación del país es eminentemente forestal, tomando en cuenta que 28.9% del territorio corresponde a bosques. Para comparar, baste recordar que Noruega tiene el mismo porcentaje de éstos que nuestro país; en tanto que por extensión, Finlandia, la nación con mayor tradición en esta área, tiene una superficie de 219,350 kilómetros cuadrados de bosques, en comparación con 552,130 kilómetros cuadrados que posee México.

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El principal problema es político. Armando Paredes, presidente del Consejo Nacional Agropecuario, explica que, por un lado, “un proyecto forestal es a muy largo plazo y a ningún gobernante le interesa un asunto que no puede cacarear en seis años”; por otro, se han formado grupos regionales de poder que basan su fuerza en la realización ilegal de actividades maderables.

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El Servicio de Información Empresarial Mexicano menciona la existencia de 676 empresas afiliadas a la Cámara Forestal (dos terceras partes son ejidos que ni siquiera cuentan con un teléfono de referencia) y 105 a la Cámara de la Celulosa y el Papel.

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Paradójicamente, información de la propia Secretaría de Economía referente a las cadenas productivas menciona la existencia de sólo tres fabricantes de pasta para papel (Kimberly-Clark, PIPSA y Procede) y tres productoras de maderas comerciales y preciosas en rollo (Maderas de Atenguillo, Hipólito Hernández Espíritu y Santos Pelayo Sánchez).

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La producción silvícola significa sólo 11% del PIB del sector agropecuario (que en conjunto es el 5% del PIB nacional) y representa la mitad de $1,200 millones de dólares que importamos anualmente en  tornillos, tuercas y pernos, según el INEGI, en cuyas estadísticas las exportaciones forestales ni siquiera figuran.

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