La gracia de complicar lo sencillo

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En la industria de la alta relojería los creadores más reconocidos son los que pueden ofrecer piezas con muchas complicaciones. Pero Ulysse Nardin decidió romper la paradoja y reinventar la elemental misión de dar la hora. El Freak no tiene manecillas, carátula ni corona. ¿Cómo puede faltarle todo eso y seguir siendo un reloj? Porque, según sus creadores, se adelanta a su época. Dos puentes giran al centro del mecanismo y ellos marcan la hora al rotar una vez cada 60 minutos, a diferencia de otros tourbillon que lo hacen una vez por minuto en su jaula. El mecanismo escape directo doble elimina la necesidad de un escape tradicional y la de dar servicio al reloj, porque está fabricado en plasma de silicio puro. Se le da cuerda una vez cada ocho días, al dar vuelta al fondo de la caja. Tan increíble es este reloj, que Michael Jordan viajó a Europa especialmente a recoger la pieza numerada con el 23.

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