La guerra de las aguas <br>Puros vs &#34

En la medida en que crece la demanda por agua purificada en el país, también aumenta la disputa de

Otra vez el agua para el consumo humano, vital, escasa en el país, protagoniza una suerte de guerra más bien disimulada entre aquellos que se dedican a su purificación real y grupos, cada vez más numerosos, empeñados en llevarla a cabo a través de métodos dudosos.

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El consumo anual de agua purificada por habitante en México es de 19 litros. En todo el país, 65 millones de personas diariamente consumen agua purificada de garrafón y se estima que en el Distrito Federal sólo 40% de la producción está certificada según las normas mexicanas. De las más de 3,200 embotelladoras existentes, 1,500 no cumplen con dicha certificación.

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Mientras sectores poderosos —sin duda motivados por intereses propios pero con fundamentos macizos— sostienen que la “pseudopurificación” se facilita por la carencia de un programa ético de fabricación, la Secretaría de Salud descarta completamente tal afirmación. Lo cierto es que los “pseudopurificadores”, más allá de que están atentando contra la salud, amenazan también a aquella industria purificadora que cumple con todas las normas de la ley.

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El 17 de junio, el ex presidente de la Asociación Nacional de Productores y Distribuidores de Agua Purificada (ANPDAPAC), Andrés Martínez -García, señaló: “La alta desregulación por parte de las autoridades provocó que en el país exista un número incalculable de pseudopurificadores y llenadores de agua que actúan en el anonimato y sin cumplir la más mínima norma de calidad sanitaria”.

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Para la autoridad respectiva, sin embargo, la palabra “pseudopurificador” es sólo un -slogan acuñado por la Asociación. “El programa de supervisión implementado por esta Secretaría es uno de los más brillantes y destacados, incluso a nivel internacional, ya que es el único que ofrece cuatro visitas anuales a cada planta purificadora”, señala José Meljem Moctezuma, director general de Control Sanitario de Bienes y Servicios de la Secretaría de Salud.

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Entre aguas te veas
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Autoridades y empresarios coinciden en que no todas las aguas son como las pintan. ¿Cuáles son las diferencias entre el agua potable, la purificada y la pseudopurificada?

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En el Diario Oficial de la Federación del 24 de marzo de 1995, la Secretaría de Salud publicó la Norma Oficial Mexicana —NOM-041-SSA1-1993—, la que regiría, con carácter obligatorio, a partir de los 30 días siguientes a su publicación, los destinos de todos aquellos que desearan entrarle al negocio del agua.

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Dicha norma describe el agua potable como aquella cuyo uso y consumo no causa efectos nocivos al ser humano; como purificada envasada, la sometida a un tratamiento físico o químico y que se encuentra libre de agentes infecciosos, de modo que su ingestión no causa efectos nocivos a la salud y para su -comercialización se presenta en botellones u otros envases con cierre hermético y que además cumple con las especificaciones que se establecen en la norma.

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Esta especifica también las prácticas de fabricación, a las que describe como el conjunto de reglas y actividades destinadas a garantizar que los productos tengan y conserven las especificaciones requeridas para su uso. Asimismo, determina las características de los envases y etiquetas que confieren la seguridad de que dicha agua es inocua.

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¿Cómo asegurar que las empresas de agua purificada apliquen correctamente estas reglamentaciones y, además, ofrezcan un valor agregado a su producto?

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La Sociedad Mexicana de Normalización y Certificación (Normex) se constituyó en diciembre de 1993, precisamente para apoyar a las empresas en sus esfuerzos por incrementar la competitividad y la mejora continua, así como para auxiliarlas en el cumplimiento de las diversas técnicas exigidas por las diferentes autoridades.

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El plan más ambicioso de Normex es el Programa de Certificación de Agua Purificada Envasada para Consumo Humano. Éste supervisa, valida y aprueba el trabajo en los laboratorios, así como el producto final. En él participan aquellas empresas que, voluntariamente, aspiran a mejorar sus estándares de calidad.

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Después de una etapa inicial de promoción, en julio de 1995 Hielo Cristal Toluca se convirtió en la primera empresa del sector que alcanzó la certificación del organismo descentralizado. Desde entonces y hasta mayo de 1996, más de 100 empresas —cuyos nombres se desconocen— se encuentran en proceso de evaluación. “Es importante darles toda la confianza a las firmas que voluntariamente someten su información confidencial a un proceso de certificación”, señala Carlos Sauceda, director general de Normex. Añade que si son mencionadas “podrían tener un impacto publicitario negativo cuando en realidad las plantas están en un proceso de mejora continua”.

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Pero sí mencionó que ya son 22 las empresas certificadas por el organismo, entre ellas, Grupo Arcoiris, de Guadalajara; Manantial, de Chetumal; Agua Sana, del Distrito Federal; Hielo Potosino y Grupo Fomento Queretano. Con estos resultados, una de cada seis empresas asociadas a la ANPDAPAC solicitaron participar en el programa, cuya cobertura alcanza 18 diferentes estados de la República. El proceso de certificación de Normex es exhaustivo.

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Por otra parte, purificar el agua no es cosa de niños, ni de pobres: un sistema que purifica al día —en ocho horas— el agua contenida en 1,000 garrafones cuesta cerca de $103,728 dólares. Este precio —pagado en moneda nacional— se cotiza de acuerdo con el tipo de cambio vigente (dólar libre bancario a la venta). El día de la facturación se paga 60% como anticipo y contra entrega el 40% restante. El tiempo de envío es de ocho a 10 semanas.

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¿Pleito de sordos?
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Ante el aumento del consumo de agua embotellada, purificada o no, que crece a una tasa de 5 a 6% anual, la ANPDAPAC no espera a que las autoridades correspondientes o los consumidores denuncien su falta de calidad.

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Según la Asociación, anteriormente la Secretaría de Salud realizaba -supervisiones directas a las plantas; ahora, sólo con llenar una solicitud con los datos generales de la empresa es suficiente para entrar en actividad. Esto ocasiona la proliferación de “empresas” llenadoras de agua o “industriales” de traspatio.

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El objetivo principal de la ANPDAPAC, según Justo Esquer García, su actual presidente, es velar por los intereses del gremio, brindar capacitación, nueva tecnología y todos los servicios que necesita el productor para hacer más profesional a este sector. La -representatividad de la Asociación es importante, dice, ya que de los 3,000 y tantos fabricantes que hay en el país, 800 están afiliados y producen 80% del agua purificada envasada.

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Ante la escasez de agua purificada y la expansión demográfica, aumentó considerablemente la facilidad para que todo tipo de gente pudiera meterse al negocio. Y es que ésta es una ocupación que se antoja: en cualquier lugar pueden llenarse los garrafones con agua del tinaco, ponerles una marca y salir a -venderlos.

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Además, la Secretaría de Salud facilita al “empresario” para que se -autoverifique y sin mayor problema arranque con su negocio, cuando antes era indispensable una verificación. Ahora sólo se dan avisos y luego de que se establece el aspirante a -purificador viene la primera inspección, sólo que para ese entonces ya pasó bastante tiempo y el negocio opera de manera anormal.

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Entre las autoridades sanitarias existen algunas que contribuyen al -boom de los pseudopurificadores. “Aunque el sector Salud debiera hacer su trabajo muchas veces no lo hace, por eso las empresas piratas se incrementaron y las autoridades sanitarias no responden aumentando el número de verificadores”, señala Esquer. Añade que las inspecciones se realizan en un lapso mayor y controlar a las empresas pequeñas e improvisadas se torna más difícil.

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También sostiene que aunque la producción de éstas es poca, existen muchos negocios “porque la práctica se repite a lo largo y ancho del país”.

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No obstante, la Secretaría de Salud afirma que el mercado del agua purificada no es “bárbaramente importante” debido a que el consumo per cápita anual se calcula en 19 litros. Además desde el punto de vista sanitario, según Meljem, el que una empresa sea grande o pequeña no representa ninguna garantía para que un producto tenga calidad sanitaria. “Puede ser una diminuta o una gran planta, el chiste es que sigan las buenas prácticas y que cumplan con las disposiciones de seguridad mínimas de la legislación oficial.”

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Añade que no existió un incremento ordenado de esta industria y apareció gente que vio oportunidad de mercado y se metió a un negocio que ofrecía perspectivas interesantes: “La inversión en ocasiones no tenía que ser enorme para tener una plantita”. En la legislación sanitaria de México y en las normas de todo el mundo se busca que se cumplan los requerimientos mínimos de seguridad; lo que se gane arriba de estos límites se llama calidad —no calidad sanitaria— y se le conoce como valor agregado.

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Para contrarrestar la mala aplicación de las normas de salud, la Secretaría implantó tres mecanismos: inventario de las plantas de todo el país, sometiéndolas a una vigilancia intensiva “que incluso a nivel internacional destaca por tener el mayor número de visitas anuales (cuatro)”; muestreos en punto de venta, “de tal suerte que si una planta no estuviera notificando de sus actividades a la Secretaría, se le puede identificar y visitarla”; y la denuncia del consumidor, que otorga cobertura nacional.

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Para respaldar lo anterior, continúa Meljem, se considera el comportamiento epidemiológico. “Hasta el momento no hay un solo caso de brote de una enfermedad gastrointestinal vinculado con el agua purificada; esto indica que el comportamiento del producto es satisfactorio”. Si existieran problemas con la producción de agua “en plantas, plantitas o plantotas”, dice, aparecería un brote epidemiológico, situación que no se manifiesta, por tanto, “como Secretaría nos brinda mucha tranquilidad”.

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Pese a las discrepancias, la Asociación y la Secretaría trabajan de manera estrecha. Incluso la NOM para el agua purificada envasada fue resultado del trabajo coordinado de ambos organismos. Así, “lo que plantea la Asociación es muy legítimo pero, por otro lado, mientras menos competencia haya mejor mercado tendrá”, señala Meljem.

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La Asociación responde que así es. Admite que la NOM-041 es la regulación mínima para operar, sólo que ni la Secretaría de Salud, ni la de Comercio y Fomento Industrial (Secofi) cuentan con el equipo necesario para verificar la operación de las más de 3,500 empresas que actualmente funcionan a nivel nacional.

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Consecuencia de lo anterior es que 33% de las firmas registradas sufren prácticas desleales: su sello y marca son utilizados por industriales de traspatio. La Asociación advierte que si las autoridades no actúan de manera inmediata para combatir esta situación, podría generarse un brote de problemas de salud endémicos, como diarrea, amibiasis, -salmonela y en algunos casos hasta cólera.

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Los “malosos” del garrafón
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Como surgidos de la obra negra de la mercadotecnia y perseguidos por la inquisición de los purificadores, los jinetes del triciclo y botellón de dudoso contenido distribuyen su producto en los territorios prohibidos del agua envasada.

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Además de la “pedaleada”, los gambusinos de la garrafa adoptan técnicas de producción y distribución parecidas a las de Estados Unidos, mostrando una habilidad mucho mayor que la presentada por la banca nacional para homologar sus aspectos contables a los del vecino país del norte.

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El “sistema Tijuana”, copia fiel de la modalidad estadounidense, sustituye el servicio a domicilio por la red tinaco-servidor. En ciertos lugares, como carnicerías o fruterías, establecen un depósito con tubería para que después, por medio de una pipa, sea llenado con agua “purificada” y de ahí se distribuye. Ésto, en el lenguaje oscuro de los purificadores, se conoce como “surtido de agua a granel” y se escapa de toda norma sanitaria.

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También es muy socorrida la “venta de garage ”: la señora lava los garrafones en la cochera, donde tiene un pequeño filtro, llena los botellones y el señor los reparte en el carro. “Hay muchos que en forma chusca dicen que utilizan las medias de la esposa para filtrar el agua y como es un tejido muy fino, por lo menos evita que se vea basura”, sostiene Esquer.

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Para impedir que el fenómeno de la pseudopurificación siga su carrera ascendente, la ANPDAPAC celebró —del 24 al 27 de julio— su XIII Convención Nacional, en Veracruz. Allí se trataron temas como agua purificada de calidad certificada, tecnología y comercio nacional e internacional, capacitación y asesoramiento en áreas de desarrollo y productividad.

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Según la Asociación, las utilidades de los pseudopurificadores pueden ser mayores comparadas con los legales debido a que mucha gente abarata el agua porque no puede competir con las grandes marcas y así ganan mercado. “Es lo que hacen en Tijuana, donde no cumplen con el proceso de purificación, por lo tanto no están vendiendo un buen producto sino que engañan”, señala Esquer.

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Meljem contrapuntea: “Pseudopurificador es una palabra publicitaria. Existen purificadores que cumplen muy bien y otros que no. Es ahí donde se entra en territorios de mercado; la lucha es complicada y las herramientas tradicionales utilizadas por los industriales y comerciantes mexicanos es buscar el despres­tigio a través de algunos artificios”.

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Que los problemas existen, sí existen, añade, pero no necesariamente se conocen o identifican. “Puede haber alguien que monte una planta en malas condiciones y empiece a comercializar; es una actividad que puede ser lícita pero que está mal hecha”. La sociedad, la industria, el comercio y las propias autoridades identifican a los productores que no compiten con calidad, por tanto, “los vamos poniendo en su sitio”.

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Para Sauceda, de Normex, el problema de los pseudopurificadores radica en la demanda insatisfecha de agua y en la falta de un programa ético de fabricación. Según él, un empresario siempre busca que su negocio prospere y que su producto sea el mejor en el mercado. Dice que hay gente que no tiene -formación ética ni siquiera para operar su producto, “si ésos son los -pseudopurificadores hay que combatirlos”. El programa de Normex no tiene cabida para este tipo de empresarios ya que nunca, de manera voluntaria, decidirán participar, añade.

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Las plantas que se incorporan a un proceso de certificación y son aprobadas muestran “públicamente sus tripas y procesos técnicos”. Normex está prácticamente incapacitada para enfrentar a los pseudopurificadores, “lo único que podemos hacer es dar fe de que las empresas certificadas dan la cara y están en un proceso de mejora continua”.

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