La guerra de los tres años

Los gritos y sombrerazos entre las telefónicas no dejan ver los avances logrados en servicios. Aunq
Alejandro Castillo

Pocos recuerdan las dificultades que existían hace apenas 10 años para obtener una línea telefónica o recibir atención en las oficinas de la estatal Teléfonos de México (Telmex). Tampoco son muchos los que rememoran que su privatización fue el inicio del proceso de apertura de las telecomunicaciones en el país, al inicio del cual, hace más de tres años, la larga distancia, por ejemplo, era una fuente importante de ingresos para las telefónicas.

- La nueva Telmex gozó de un periodo de gracia que venció en 1996, cuando se abrió a la competencia, aunque sin admitir todavía la interconexión a la red telefónica básica, el servicio de larga distancia. Los nuevos concesionarios iniciaron la prestación de este  servicio, con interconexión a las redes locales, en enero de 1997, según lo establecido por la Ley Federal de Telecomunicaciones (LFT) y el Título de Concesión de Telmex –empresa en la que participan Grupo Carso, Southwestern Bell y France Telecom–. El servicio de larga distancia atrajo a 15 nuevos e importantes concesionarios, entre los que destacan Avantel (con participación de Banamex Accival, 55% y MCI Worldcom, 45%) y Alestra (integrada por Alfa, 25.5%, Bancomer, 25.5% y AT&T, 49%).

- Además de avances, en la evaluación de estos 10 años también hay problemas. Desde su privatización, Telmex ha invertido $18,000 millones de dólares para enfrentar a la competencia, así como para adecuar sus operaciones a las necesidades del crecimiento, dice su director de nuevas tecnologías Arturo Elías Ayub, aprovechando para ello que la experiencia internacional les permitió dar saltos tecnológicos, “de modo que hoy Telmex y el país cuentan con una de las redes más modernas del mundo”. Esa inversión –utilizada en la construcción de 33,000 kilómetros de fibra óptica y para ampliar de 5.3 millones a 10.7 millones el número de líneas conectadas entre 1990 y 1999–, fue posible gracias a los altos ingresos recibidos por la compañía, que por otro lado se colocó entre las más rentables del orbe.

- Los competidores también hicieron sus aportaciones. Telmex reconoce algunas. “Para el consumidor la competencia significa la posibilidad de elegir al proveedor y estimular la baja de tarifas”, dice Elías, ante lo cual, asegura, ellos actuaron con dinamismo, intensificando su competitividad.

- Las tarifas al público en larga distancia nacional cayeron más de 50% en términos reales entre finales de 1996 y el mismo periodo de 1998, de acuerdo con la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), en tanto que los precios de larga distancia internacional se redujeron entre 40 y 48%. En parte las rebajas fueron resultado del acuerdo alcanzado en materia de tarifas de interconexión; basado en análisis de costos, referencias internacionales, entre otros criterios, en 1997 y 1998 fue de $5.8 centavos de dólar el minuto. Luego, para 1999 y el 2000, la tarifa quedó en $2.61 centavos de dólar por minuto. Ese avance, que en Estados Unidos tomó 10 años, en México se logró en sólo dos, destaca la Cofetel.

- Francisco Gil Díaz, director de Avantel, modera ese optimismo. Reconoce que, ciertamente, este abaratamiento benefició a empresas y familias que tienen un porcentaje de llamadas de larga distancia mayor al promedio y que hay mayor diversidad de servicios (se proveen enlaces, se introdujo la videoconferencia a menor precio, el servicio de Internet es más rápido y confiable y se desarrollaron las redes virtuales). Pero él atribuye estos avances a la apertura. “Telmex habría seguido modernizando su red y mejorando sus servicios, pero no a la velocidad con la que están sucediendo.” Además, señala, “la apertura tiene muchas limitaciones, vamos muy despacio en comparación con otros países”.

- De 1995 a la fecha, Avantel ha invertido $1,000 millones de dólares en instalaciones y en su red de 5,700 kilómetros de fibra óptica 100% digital, con el propósito de ofrecer primero el servicio de telefonía de larga distancia, pero con capacidad para atender la telefonía local. A pesar de ese esfuerzo, que le permitió captar en tres años casi un millón de suscriptores, no fue sino hasta 1999 que obtuvo resultados de operación positivos.

- Estos resultados conducen al tema de las tarifas. Gil Díaz explica: “si bien la apertura ha significado una baja en los precios de larga distancia, no se ha registrado un ahorro general en telecomunicaciones porque han subido en forma compensatoria los cargos por telefonía local, además de que se cobra la llamada de larga distancia como si fuera una llamada local”. En los primeros tres años posteriores a la privatización –cuando no estaba prohibido dar licencias para operar en telefonía local, pero tampoco se expedían autorizaciones–, nadie habría entrado a invertir en ese servicio, pues las utilidades estaban en la larga distancia, dice Jorge Escribano, director de comunicaciones de Alestra, una firma que también ha invertido casi $1,000 millones de dólares y suma un millón de suscriptores y 4,400 kilómetros de fibra óptica.

- “Si en ese tiempo Telmex no hubiese tenido la concesión de larga distancia, no habría podido solventar los gastos de operación de la telefonía local, donde los márgenes eran negativos. Eso explica los siete años de gracia que le fueron otorgados, de 1990 a 1997, para que se preparara para la competencia y balanceara sus esquemas tarifarios, de modo que cada uno fuera autosuficiente y no se subsidiaran unos a otros. El balanceo de tarifas terminó apenas el año antepasado –agrega–, cuando la telefonía local comenzó a ser rentable, y ahora la que no es rentable es la larga distancia”.

- Elías revira que “desde 1999 no se han registrado incrementos de tarifas ni en telefonía local ni en larga distancia”. Por otra parte, agrega, en el segundo caso una tendencia mundial a la baja, no por la llegada de la competencia, sino por el desarrollo de la tecnología.

- ¿Hubo o no pecado original?
En opinión del senador Emilio Goicochea, secretario de la Comisión de Telecomunicaciones del Senado, el antecedente de la apertura en larga distancia lo define el título de concesión de Telmex, otorgado en 1991.

- “Sin dejar de reconocer que se incurrió en algunos errores estratégicos, al no impulsar desde un principio la telefonía local y al privatizar en bloque el monopolio estatal –comentó–, creo que es un título visionario, que define con claridad cuáles son las tareas y obligaciones de la empresa y el propio gobierno. Posteriormente, en 1995, se aprobó la ley para regular al sector y aclara cómo debe hacerse la apertura de telecomunicaciones y define reglas generales”.

- Desafortunadamente, agrega, no todo fue positivo, ya que hasta el momento “esa ley carece de reglamento, por lo que se aplica el aprobado en 1990, con consecuencias importantes. Ante esa situación –abunda el legislador–, el Poder Ejecutivo pretendió regular las telecomunicaciones mediante reglas generales y oficios administrativos, lo que ha generado una incertidumbre jurídica que se refleja en el hecho de que los participantes han interpuesto más de 200 amparos, lo que a su vez ha retrasado inversiones”.

- Gil Díaz va más lejos. Aunque reconoce la calidad y capacidad de los funcionarios del sector, señala que “los problemas surgen en primer lugar por una mala privatización, porque se privatizó todo, y en segundo lugar, por un mal título de concesión”. Explica que, “aun privatizando todos los servicios telefónicos, se pudo haber hecho con un título de concesión bien pensado, pero no fue así. El título de concesión tiene dos elementos que son realmente increíbles. Una garantía de rentabilidad, la cual está en el título y es una condición que no se puede dar a un monopolio cuando, como se proponía en la privatización, se buscaba promover la competencia. Y un ingrediente que resulta aberrante en ese título, y es que para calcular el tope de incrementos de precios indexados de Telmex, definió una canasta de servicios, (lo que) se permite que el monopolio manipule los precios para perjudicar a la competencia y al mismo tiempo estar dentro de su límite de precios”.

- Lo ideal, añade, habría sido que se excluyeran de la mencionada canasta todos los servicios que se ofrezcan en los mercados sujetos a la competencia. “Todo ello establece limitantes para la acción de los reguladores”.

Caso dos: los reguladores
La actuación de los funcionarios podría ser mejor. Una vez definidos los límites impuestos en el esquema de privatización, “los reguladores han actuado con demasiada lentitud –continúa Gil Díaz–. Aunque Telmex se amparó contra las reglas de dominancia, lo cual resultaba obvio y es algo que está dentro del derecho de cada empresa, lo cierto es que estamos a casi dos años de que la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) hizo la declaración correspondiente y, aunque el anterior director de la Cofetel dijo que se emitirían las reglas de inmediato, eso no ha ocurrido”. Si se hubiera cumplido ese compromiso y Telmex se hubiera amparado, “ya habrían pasado varias etapas judiciales, y quizá ya se habría resuelto”. - Los reguladores han sido lentos también en otros aspectos. Por ejemplo, añade el directivo, “Avantel sufrió un retraso de un año para recibir el título de concesión de telefonía local, de modo que se le ha causado un perjuicio fenomenal”. Además, han surgido otros problemas: “Avantel ya tiene listas sus centrales para operar en telefonía local, pero no se pueden empezar porque no se resuelve todavía el tema de la interconexión para telefonía local”.

- Las autoridades aceptan estos problemas. Jorge Nicolín, presidente de la Cofetel, explica que entre los aspectos pendientes de regular “se encuentran los niveles tarifarios de la reventa, tarifas de interconexión, sistema de facturación y cobranza y la provisión de enlaces, temas ampliamente apelados por los participantes”. Además, apunta, “en México se ha presentado una situación novedosa y un poco incómoda para el regulador: los integrantes de larga distancia, con razón o sin razón, han adoptado la actitud de no pagar servicios que reciben de Telmex. También se da un fenómeno de by pass, que es una especie de contrabando de llamadas internacionales. A pesar de ello, se debe buscar un intercambio de posiciones, porque no hay duda que México va en un camino a la competencia total en materia de telefonía”.

- Pero esa conciliación no será fácil. Gil Díaz asegura que Avantel no hace by pass y que no se le puede atribuir la responsabilidad de vigilar lo que hacen otras empresas. También aclara que no se le puede obligar a pagar por los proyectos especiales –así se denomina a la inversión de $422 millones de dólares que hizo Telmex sólo para que sus competidores pudieran conectarse a su red–, porque tiene un amparo que le impide pagar. (La Suprema Corte de Justicia de la Nación no aceptó intervenir en ese diferendo, como habían solicitado Alestra, Telmex y la SCT.)

- Por otra parte, dice Nicolín, es un hecho que “los intereses de los operadores locales son diametralmente opuestos a los de larga distancia, siendo el eje de la disputa la tarifa de interconexión, es decir, lo que cobra una compañía por terminar una llamada en sus líneas telefónicas. Evidentemente, este es el nivel más peleado, el corazón del corazón del regulador. Mientras la empresa de larga distancia busca pagar poco, el operador de telefonía local quiere cobrar las perlas del mar. Y, por cierto, en este tema creemos que estamos en un buen nivel de la tarifa de interconexión, se parece mucho al nivel de otros lados”.

- Hay algo en lo que todos coinciden: es importante llegar a acuerdo en el tema de la interconexión. “Yo creo que sí existe la posibilidad de un consenso, las negociaciones avanzan”, dice Elías. Lo que nadie sabe es cuándo lo lograrán. “No se puede definir algún plazo para lograr un acuerdo definitivo.”

Telefonía integral y convergencia
Las tendencias que seguirá la telefonía sí que están claras en la industria. “Avantel espera nivelar sus operaciones de larga distancia con las de telefonía local –dice Gil Díaz–. - Pero además, es imperativo que las compañías telefónicas sean integrales y cuenten con una cartera de productos que les permita equilibrarse y, si son eficientes, les permitirá participar en los diferentes mercados de manera rentable”.

- Tampoco hay dudas de la importancia de Internet. “Una de las estrategias más importantes de Telmex es su promoción”, dice Elías. De modo que la versión según la cual esta firma pretendía cobrar por tiempo y no por evento, lo que afectaría sensiblemente el desarrollo de Internet en el país, “fue una artimaña que dieron a conocer algunos para desacreditar a Telmex”. La compañía tiene  un “gran compromiso” con la sociedad para el desarrollo de la red, agrega, a pesar de la reducción de ingresos por larga distancia que eso le significa. Tampoco se trata de filantropía: “esos ingresos se compensarían con el desarrollo de nuevos servicios sobre Internet, porque de hecho es probable que la larga distancia, como tal, pueda desaparecer”.

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- En cuanto al marco legal, aún sin resolver, requerirá de la participación de los legisladores. De acuerdo con el senador Goicochea, la comisión correspondiente busca una solución mediante varios reglamentos: el de interconexión, por el cual redes se usen bajo criterios de justicia y alta competencia y sin que ello obstaculice la teledensidad y la competencia; el reglamento de subastas, que corrija el trato asimétrico que las reglas actuales dan a los participantes, lo que generó amparos y quejas; el reglamento de servicio universal, que estimule la colocación de aparatos y líneas en las zonas rurales; y, finalmente, el reglamento relacionado con la convergencia –tema en el que viene “una revolución completa” para adecuar el marco legal al desarrollo tecnológico, de modo que quienes ya proporcionan cable estén en condiciones de combinar una serie de servicios–.

- Sólo queda un detalle: la política no se mueve a la misma velocidad que las telecomunicaciones, por lo que lo más seguro es que estos reglamentos –que simbolizan la posibilidad de tregua entre las telefónicas– tenga que esperar a la siguiente legislatura.

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