La hora de la Reconciliación

De vuelta al pragmatismo: ya es buen momento para buscar un acercamiento con el gobierno de George B

No hay de otra. Tras la siempre sí fugaz guerra en Irak, el gobierno mexicano tiene que encontrar los mecanismos más eficaces para limar asperezas con la administración del mandatario estadounidense. Llegó ya la hora de la reconciliación que, para fines prácticos, marque el retorno a sintonizarnos con la nación más poderosa del mundo. Limpiar hard feelings, dicho en pocas palabras.

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Un poco de cinismo no viene mal, a fin de cuentas. Si bien el gobierno “del cambio” se ha caracterizado por el desfile de un sinnúmero de ingenuidades, ahora la política exterior mexicana debe encaminarse a buscar renovadas vías de entendimiento con el mayor socio comercial del país. No existe otra posibilidad, sobre todo cuando estamos tan lejos de reducir la dependencia de la economía del vecino del norte.

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Esto no implica, de ningún modo, renunciar a principios universales que han regido a la diplomacia mexicana. Creemos que la discusión sobre si fue o no correcto decir que “no” a los designios de Bush debe abrir paso a cuestiones más pragmáticas (de cualquier manera, el presidente Vicente Fox vio crecer su popularidad, algo muy útil en vísperas electorales). En este sentido, nada es más práctico que saber que casi la totalidad del comercio exterior mexicano se realiza con la unión americana. Y a eso hay que sumar las remesas de los paisanos que allá viven y los millones de visitantes estadounidenses que pasan acá sus temporadas vacacionales. No hay que hacernos muchas bolas, pues.

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El horizonte económico, por lo pronto, todavía está contaminado de incertidumbre. Si bien los más recientes reportes de casas de análisis y corredurías subrayan que los consumidores de la nación más poderosa están recuperando la confianza, aún parece pronto para echar las campanas al vuelo. No existen indicadores que permitan pensar que viene una época de bonanza en la economía mundial. Y para alimentar la incertidumbre, tampoco hay señales que digan lo contrario.

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Mientras se despeja el camino y se encuentran señales más claras, hoy es momento de guiñar un ojo al vecino del norte y trabajar con urgencia en medidas que estimulen la inversión, abran la llave del crédito y, sobre todo, construyan un mercado interno mínimamente vigoroso. Eso sí que no es negociable.

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