La incierta política cambiaria

Aunque se ha mantenido estable, las condiciones en que se encuentra el tipo de cambio en el régimen
Alejandro Castillo

En diferentes momentos a lo largo de 1996, las autoridades de Hacienda y del Banco de México han dicho que el fortalecimiento del peso es resultado de la libre acción de las “fuerzas del mercado”. Pero lo cierto es que, dado el tamaño actual de éste, las pocas acciones de las autoridades del banco central han sido decisivas para guiar la evolución del tipo de cambio.

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Además, a amplios sectores de la sociedad mexicana, que han sufrido en carne propia los efectos de esas “fuerzas del mercado”, les resulta poco creíble que el mercado cambiario tenga la pureza que se le pretende asignar y tampoco reconocen las bondades, en materia de estabilidad, que se le han querido atribuir a la apreciación del peso.

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Si se midiera en términos cuantitativos, se tendría que reconocer que la intervención directa del Banco de México en el mercado de divisas desde mediados de 1995, ha sido mínima. Por ejemplo, ante las presiones que éste sufrió en noviembre de 1995, Banxico intervino utilizando apenas $300 millones de dólares y después, en diciembre de ese año, lo hizo con $205 millones.

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En el transcurso de 1996 no ha sido necesario utilizar las reservas del país. Sin embargo, a partir de agosto Banxico puso en operación un esquema por el cual subasta opciones de venta de divisas a futuro. El monto inicial de la subasta fue de $130 millones de dólares mensuales, pero después lo elevó a $200 millones. Este esquema puede servir para dos propósitos: apoyar la apreciación del peso, como ha ocurrido hasta ahora, o realizar un -deslizamiento ordenado del tipo de cambio, como se pensó que sería el objetivo del banco central.

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Como se ve, no es relevante la magnitud de la intervención de este organismo en el mercado de divisas. Sin embargo, sí ha sido determinante, porque ha aumentado su peso relativo respecto a la masa de capitales que se mueven en el mercado cambiario. La razón de que eso ocurra es el hecho de que, si bien el país ha recuperado su crédito en los mercados internacionales, eso se ha producido sólo parcialmente, en la colocación de papel de deuda.

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Hasta septiembre el gobierno federal emitió bonos en los mercados internacionales, por casi $15,000 millones de dólares. Nafinsa, Pemex y Bancomext también recurrieron a estos mercados. Dichos capitales se utilizaron para pagar deuda y crear el ambiente de “fortaleza” del peso.

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En cambio, la captación de recursos vía mercado de dinero es muy baja. De acuerdo con información de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), desde enero esta inversión siguió una tendencia descendente, hasta llegar al nivel más bajo en junio, cuando se situó en $1,981 millones de dólares; posteriormente tuvo una recuperación, de modo que en agosto el saldo de la inversión extranjera en el mercado de dinero fue de $2,288.5 millones de dólares, cifra inferior en 31% a la registrada al cierre de 1995. Sólo para comparar, en agosto de 1994, cuando la inversión extranjera en el mercado de dinero alcanzó su nivel más alto, registró un saldo de $25,774 millones de dólares.

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A su vez, hasta junio la inversión extranjera en el mercado accionario en moneda nacional —que es la inversión en la bolsa— -reportaba una salida de $719 millones de dólares. Por supuesto, ese monto contrasta con los registros del primer semestre de 1994, cuando a pesar del asesinato de Colosio, el ingreso de divisas a ese mercado sumó $1,433.

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Tal comportamiento de la inversión extranjera en los mercados de dinero y capitales —reflejo de la magnitud de la desconfianza en la política económica—, se presenta a pesar de que el -primero ha llegado a ofrecer tasas reales en dólares de casi 30% y el segundo alcanzó en agosto un rendimiento real en dólares superior a 20%.

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Así, la “fortaleza” del peso sólo fue posible por la colocación de deuda en los mercados internacionales y el ingreso de divisas derivado de la inversión extranjera directa y del superávit en la balanza comercial que, gracias a esa “fortaleza”, tiende a disminuir rápidamente.

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El peso se recupera y el superávit comercial -baja
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De acuerdo con cifras de la balanza comercial sin considerar a las maquiladoras, en julio ese renglón registró un saldo negativo de $130 millones de dólares y en agosto ascendió a $306.7 millones. Eso ocurre después de que en febrero de 1995 el país inició un periodo de 17 meses en los que la balanza comercial sin maquiladoras mantuvo un persistente superávit mensual.

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Aunque es un poco apresurado decir que los datos de julio y agosto -significan que ya se consolidó un cambio de signo en el saldo de la balanza comercial sin maquiladoras, lo cierto es que coincide puntualmente con la evolución del tipo de cambio. De acuerdo con estimaciones de -Tendencias Económicas y Financieras —que toman como base el promedio de 1990—, en julio el tipo de cambio teórico y el de mercado fueron casi equivalentes, es decir, en ese mes se perdió la subvaluación; para agosto se estima que ya se tuvo una sobrevaluación de 2.59% con respecto al dólar.

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Eso demuestra por qué no se debe ignorar el efecto de la creciente apreciación del peso observada durante 1996 sobre la balanza comercial.

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Como ejemplo se puede hacer un ejercicio con el tipo de cambio a la venta, utilizado para solventar obligaciones en moneda extranjera, el cual tiene un valor superior al tipo de cambio a la compra, que es al que los bancos adquieren los dólares de los -exportadores.

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Con esa referencia, una empresa exportadora que en los primeros ocho meses de 1995 obtuvo $100 millones de dólares, recibió en promedio $6.089 pesos por cada dólar. En otras palabras, en esos meses habría recibido ingresos por $608.9 millones de pesos.

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Si mantuvo su nivel de exportaciones en los primeros ocho meses, como el tipo de cambio promedio fue de $7.5192 hasta agosto de 1996, entonces recibió $751.92 millones de pesos. Aparentemente aumentó sus ingresos.

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Sin embargo, en términos reales la situación fue totalmente diferente. De acuerdo con los índices del Banco de México, la inflación promedio anual del periodo enero-agosto fue de 37.81%. Sobre esa base, el ingreso que obtuvo la empresa durante esos ocho meses de 1995, en términos de valor presente, equivaldrían a $839.21 millones de pesos en 1996.

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Así, se observa que el ingreso que obtuvo en este año fue inferior en 10.4% en comparación con el obtenido en 1995. Además, si utiliza materias primas nacionales, esa baja de ingresos coincidió con un aumento de costos, lo que reduce sustancialmente sus márgenes.

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Evidentemente, no todas las empresas estarán en posibilidades de superar ese deterioro de la posición exportadora y es probable que las que logren mantener su posición en el exterior, prefieran utilizar insumos importados, que en ese caso reciben un subsidio cambiario.

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En tales circunstancias, difícilmente se podrán reconstruir las cadenas industriales.

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Una estabilidad incierta
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De lo anterior se puede concluir que el fortalecimiento cambiario no tiene justificación; afecta a los únicos que pueden generar divisas en forma sana y, lo peor, mientras más tarde sea el ajuste, mayor será su magnitud, generando nuevas incertidumbres. De hecho, a pesar de la “estabilidad” cambiaria que ofrece el Banco de México, difícilmente habrá quien invierta a largo plazo, ya que no se puede determinar cuál será la evolución del tipo de cambio.

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Por supuesto, aun si se aplicara una política de deslizamiento cambiario, eso no eximiría al país de buscar opciones que permitieran atraer capitales, incluso de los mismos exportadores; esto sólo será posible en un ambiente en el que se fomente la inversión productiva para competir en el exterior.

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