La indomable inflación

El Banco de México mantiene su objetivo de llevar el crecimiento anual de los precios a 3%. La real

Los recientes aumentos de los precios de la energía y el jitomate, de gran peso en el cálculo del índice de precios al consumidor, volverán aparentemente a frustrar el objetivo inflacionario de 3% más uno, fijado para este año por Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México.

- El debate está abierto a la especulación: ¿Es la inflación estructural de la economía mexicana superior a la meta fijada?

- No hay motivos para el pánico. Es poco probable que los aumentos de precios retomen el camino pernicioso del pasado (al menos, en tanto las políticas monetaria y fiscal mantengan su disciplina); pero la dificultad de equiparar la inflación a la de nuestros socios comerciales es evidente. Tanto, como el efecto nocivo de esta diferencia para una economía tan globalizada y dependiente de la inversión externa como la nuestra.

- La incertidumbre previa a las elecciones presidenciales de 2006, que se vislumbran más agitadas que las de 2000, pone su toque de riesgo.

- El subgobernador del Banco de México, Everardo Elizondo, expone a continuación las razones que ha tenido el banco central para fijar las metas e instrumentos actuales (el llamado “corto”), enumera los incuestionables logros de la institución en la última década y advierte que la política monetaria no tiene los efectos inmediatos que algunos querrían ver. En su opinión hay que ser previsores, persistentes, prudentes y pacientes.

- Por otro lado Joel Martínez, avezado analista de nuestros mercados, señala que las dos grandes anclas que hasta ahora habían contenido el alza de precios –el súper peso y la recesión– han cedido.

- En plena resaca de las fiestas de fin de año los analistas podrían abrir los ojos a una nueva realidad: una inflación de 6% que llevaría a los sindicatos duros a demandar incrementos salariales de esa magnitud, desencadenando una espiral de precios que no conviene al país, y que podría provocar un retroceso a épocas de incertidumbre aparentemente ya superadas.

- La presentación de los argumentos es la mejor vía para crear una sociedad informada. Expansión contribuye con estos dos artículos a un debate que pese a su naturaleza técnica, despierta apasionadas discusiones.

- La meta sigue siendo 3%
Everardo Elizondo

- A raíz del repunte de la inflación registrado a lo largo de 2004, se han multiplicado las opiniones críticas sobre la meta de inflación del Banco de México (Banxico). A mi juicio, muchas de ellas no tienen fundamento sólido, quizá en parte debido a fallas de comunicación del propio instituto central. Pero cualquiera que sea la explicación, algunas aclaraciones pueden resultar de utilidad. Antes, no sobra una breve excursión histórica.

- De 1997 a 2000, el Banco de México estableció metas explícitas para la inflación, medida por las variaciones anuales del Índice Nacional de Precios al Consumidor y referidas puntualmente al mes de diciembre de cada año. Lo ocurrido en esos años se puede sintetizar en el cuadro anexo.

- En 2001 se adoptó casi en su totalidad el esquema de política monetaria conocido como “Objetivos de Inflación”, cuya parte medular consiste en la especificación de metas de inflación multianuales. La idea sustentante del modelo es que dicho planteamiento oficial sirve de “ancla” a las expectativas inflacionarias de la población, y constituye por tanto un factor de estabilización… en tanto sea creíble.

- Como parte del proceso referido, la meta para 2001 se fijó en 6.5%; en realidad, la inflación se situó en 4.4%. Para el siguiente año, el propósito oficial se formalizó en 4.5%; en este caso, sin embargo, la inflación llegó a 5.7%.

- Para 2003 Banxico introdujo una modalidad significativa en lo tocante a la definición de la meta. Por un lado, indicó que la meta sería 3% para fin de año. Por el otro, añadió a ella un intervalo de un punto porcentual arriba y abajo del objetivo puntual. Aunque Banxico señaló con oportunidad que dicho espacio tenía sólo la intención de tomar en cuenta la probable ocurrencia de “choques” imprevisibles que incidieran sobre la inflación, no faltaron observadores que lo interpretaron como un “margen de conformidad”. En cuanto al resultado, a diciembre de ese año, el alza de los precios quedó al borde de 4%.

- Para terminar, también a finales del año pasado, Banxico agregó a la meta una característica relevante: se trata desde entonces de una aspiración de vigencia permanente; en otras palabras, ya no se refiere a la inflación correspondiente a diciembre, sino a la de todos los meses. Todavía en otros términos, el propósito es alcanzar 3% continuamente.

- Desde luego, como se sabe, a consecuencia de una serie de “choques de oferta” –la mayoría de ellos de origen externo– la inflación ha subido en forma notable durante los primeros meses de 2004, superando recientemente 5%.

- Un “choque de oferta” es simplemente una alteración del abasto relativo de un producto, que se refleja de inmediato en un aumento de su cotización y que se traduce en alzas de costos y en presiones sobre los precios finales. Los ejemplos clásicos de tal fenómeno son el aumento abrupto del precio de los energéticos en el mercado mundial (el petróleo aumentó 77% de octubre de 2003 al mismo mes de este año)… y el alza extraordinaria del precio del jitomate en el mercado interno (61%). Uno y otro han tenido impactos negativos directos e indirectos muy importantes sobre la evolución del Índice de Precios al Consumidor en México a lo largo de 2004.

- Dicha evolución ha constituido una fuente de preocupación para las autoridades monetarias. La Junta de Gobierno de Banxico actuó en consecuencia, aumentando el “corto” en siete ocasiones. Con ello, se ha procurado acotar la difusión de las presiones y menguar el deterioro de las expectativas.

- Frente a tal postura de sesgo restrictivo, algunos analistas expresaron dos tipos principales de cuestionamientos. Por una parte, se ha puesto en duda la efectividad del “corto”. Por la otra, se ha destacado la terquedad de la inflación.

- En cuanto a lo primero, basta con decir 1: que el “corto” ha sido el instrumento empleado durante todo el pasado reciente, lapso en el que ha sido posible avanzar significativamente hacia la estabilidad; y, 2: que del verano de 2003 al presente, la tasa de interés de “fondeo” ha aumentado en más de tres puntos porcentuales.

- En lo que toca a lo segundo, es necesario recordar que la política monetaria no tiene efectos instantáneos; al contrario, se sabe de sobra que actúa con rezagos relativamente largos y variables. Así pues, en suma, me parece que las críticas aludidas son cuando menos debatibles.

- Las PS
Participé hace poco en un seminario sobre la industria mexicana de exportación, celebrado en Querétaro. Como es (casi) de rigor tratándose de un banquero central, hablé contra la inflación. A mi juicio, dije, el diseño y la ejecución de la política monetaria estabilizadora debe ceñirse a varias “PES”: previsión, persistencia, prudencia y paciencia.

- ¿Qué quiere decir lo anterior? 1: Que en lo humanamente posible hay que anticiparse a la manifestación de las presiones inflacionarias; 2: que es indispensable perseverar en el propósito desinflador; 3: que conviene ponderar con cuidado los efectos de las medidas tomadas; y, sobre todo, 4: que no hay que perder la confianza.

- La inflación afecta negativamente a la productividad y, por tanto, a la tasa potencial de crecimiento de la actividad económica. Al mismo tiempo, constituye un “impuesto” no legislado, de carácter regresivo. En pocas palabras, la inflación atenta contra la eficiencia y la equidad del sistema económico. De lo anterior se deriva la conveniencia de proveer un entorno estable a la economía.

- La estrategia de largo plazo de Banxico tiene como propósito contribuir al bienestar de la población del país, empleando en ello lo mejor de su capacidad. La teoría y la experiencia indican con claridad que, para el caso, la función más productiva que el banco central puede desempeñar consiste en lograr y mantener la estabilidad de los precios.

- Jaqueca inflacionaria
Por Joel Martínez

- Por segunda ocasión desde 1999 el banco de México faltará a su palabra de cumplimiento de la meta inflacionaria, puesta por él mismo, sin que nadie se lo requiriera. Desde 2003 el banco central se había propuesto lograr un objetivo de inflación anual de 3%, con un margen de tolerancia de un punto porcentual, es decir que se ponía un techo de variación de precios al consumidor de 4%. Pero la inflación acumulada en los primeros 10 meses del año ya es de 4.08% y amenaza con desbocarse.

- Las expectativas inflacionarias para 2004 ubican a la inflación en 5.26%, de acuerdo a la encuesta semanal de Infosel Financiero. La explicación oficial es que la inflación se ha desbordado debido a un “choque de oferta”, como se le suele denominar a la inflación de costos.

- El fenómeno “choque de oferta” significa que los precios internacionales de las mercancías (metales y agropecuarios) y los energéticos (gas y petróleo) han subido de manera violenta desde inicios de 2002, lo que se ha traducido en aumento de costos de las empresas que finalmente están siendo cargados al consumidor final; en “cristiano” se traducen en inflación.

- ¿Quién es culpable?
El boom económico de China que prácticamente se “come” todo al convertirse en el enclave manufacturero del mundo.

- Sin embargo, es simplista tomar como “chivo expiatorio” los precios internacionales.

- La verdad es que el repunte de la inflación tiene también raíces estructurales, es decir que la economía mexicana parecería estar reconociendo que tiene una inflación inercial mucho mayor a la que se pone como objetivo de largo plazo el banco central.

- Dos anclas con las que contaba el banco central para lograr una inflación de un dígito a partir de 2000, el estancamiento económico y el “super peso”, ya no existen.

- De hecho el estancamiento económico fue lo que permitió que los primeros años de alzas en los precios internacionales de los llamados commodities se los “tragaran” las empresas, ya que no podían trasladarlos al consumidor, porque en caso de subir los precios, se corría el riesgo de no vender. Había, por decirlo de alguna manera, inflación “guardada bajo la alfombra”; reprimida.

- A partir de 2002 (en el inicio de la carrera alcista de los precios internacionales de las mercancías) empezó a abrirse una brecha, cada vez más grande, entre la inflación al productor y la del consumidor.

- En 2001 la inflación al consumidor fue de 4.40%, mientras que la del productor apenas llegó a 2.61%. Para 2002 los precios al consumidor subieron 5.70%, pero los del productor lo hicieron en 6.29%. En 2003 aparecieron los nubarrones: las inflaciones fueron de 3.96% al consumidor y 6.24% al productor. Al cierre de 2004 el cielo prácticamente ya se oscureció: la inflación anualizada a octubre fue de 5.40%, pero la del productor alcanzó 9.40%, casi el doble.

- El problema para el Banco de México es que la economía ya está caminando y el estancamiento ya se superó, lo que abre la posibilidad de que las empresas empiecen a trasladar a los consumidores el aumento de costos. El crecimiento económico fue de -0.1% en 2001; 0.7% en 2002; 1.3 en 2003, y se espera que en 2004 supere 4%.

- Adicionalmente el beneficio de un tipo de cambio estable, la “era del super peso”, ya se agotó. El tipo de cambio anual promedio cayó 4.4% en 1999, subió sólo 1.1% en 2000 y se ajustó a la baja 4.8% en 2001.

- Pero de abril de 2002 a noviembre de este año la depreciación acumulada del peso fue de 26%, es decir, hubo una depreciación media anual de 8.5% en los últimos tres años. Y esta depreciación no ha sido trasladada aún al consumidor.

- Las presiones de un mayor dinamismo económico sobre los precios ya están siendo “descontadas” por los analistas en los pronósticos de inflación para 2005 y 2006.

- De acuerdo a la última encuesta semanal de expectativas inflacionarias de Infosel, el consenso de los analistas espera una inflación de 4.17% para 2005 y de 4.0% para 2006. Los números en materia de precios validan este pesimismo. Para octubre la inflación subyacente anualizada ya se ubicaba en 3.84%, cuando en mayo era de 3.46%, y la inflación anualizada de mercancías es de 4%.

- El departamento de estudios económicos de Banamex no sólo tiene un pronóstico de inflación de 5.4% para 2004, sino que además espera que la inflación subyacente sea de 4%, en el techo de la meta global.

- Reducir el problema de la inflación a un “mero choque de oferta” que se ha complicado con el “efecto pico de gallo”, es simplista.

- Probablemente con un empequeñecimiento del fenómeno se quiera justificar que el Banco de México haya sido tolerante con la inflación, en “aras de no abortar” el crecimiento económico.

- ¿Qué sigue?
¿Qué va a pasar cuando el 10 de enero de 2005 se anuncie que la inflación de 2004 mordió 6%?

- Seguramente será un tema noticioso de gran importancia y, con ese dato en la mente de los principales agentes económicos, se contaminaran otros precios líderes de la economía. No olvidemos que en enero de cada año las empresas elaboran sus políticas de precios.

- Además en los primeros cuatro meses del año se realizan las revisiones salariales con los sindicatos más aguerridos, los de mayor número de agremiados y los ubicados en sectores económicos con alto dinamismo.

- ¿Será que los líderes sindicales aceptarán “sin chistar” aumentos de salarios acordes con una meta inflacionaria de 3%, cuando la inflación de 2004 fue de casi el doble?

- El problema inflacionario se ha vuelto tan complicado para el banco central que le será difícil combatirlo y hacer creíble la meta de 3%.

- Es probable que en las próximas semanas el Banco de México sienta que ya le dio un “empujoncito” suficiente al crecimiento económico y abandone su pasividad. En pocas palabras que opte por un apretón monetario que mande las tasas de interés de 28 días a niveles cercanos a 10%, de lo contrario a ver quién le cree el deseo de una inflación de 3%.

- La otra opción es que el banco central se quite la “camisa de fuerza” y acepte que la meta inflacionaria es mayor, o de plano, que el techo de 4% de inflación es para la subyacente, no para la global.

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