La lucha de Greenspan

Apenas a tiempo, la Reserva Federal utilizó una de sus armas para reanimar la economía. Pero lo qu

La Reserva Federal (FED) decidió soplar, de nuevo, en las débiles velas de la economía estadounidense. La ruptura de la burbuja económica aún crea fuertes vientos contrarios. Todavía son probables nuevos recortes en las tasas de interés, además del que se dio en noviembre –y tal vez también lo sean otras medidas heterodoxas–.

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La última vez que la tasa de los fondos de la FED estuvo tan baja como ahora fue en julio de 1961. La decisión de recortarla desde 6.5% a finales de 2000 a su menor nivel por más de 40 años subraya el impacto devastador de las burbujas en los precios de las acciones durante la estabilidad económica.

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El marcado relajamiento de la política monetaria no es el único aliento para la economía. La tasa de poco más de 4% en los bonos del tesoro de la unión americana es la menor desde 1963. Es más, de acuerdo con la Oficina de Presupuesto del Congreso, el estímulo fiscal este año equivale a 2.4% del producto interno bruto, el mayor nivel desde que empezó ese registro, a principio de los años 60.

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Si no fuera por estas grandes ayudas fiscales y monetarias, se habría presentado una fuerte recesión. También han llevado a la economía a un crecimiento razonable este año, 3% a lo largo de los 12 meses que concluyeron en el tercer trimestre. Es un incremento mucho más fuerte que el de otras naciones industrializadas, excepto Canadá.

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Aun así, la FED está preocupada por lo que vendrá. El avance se está haciendo más lento y pocos esperan algo más que estancamiento en el cuarto trimestre, a medida que se debilita el gasto del consumidor. Además, el exceso de capacidad y el relativamente alto desempleo (actualmente 5.7% de la fuerza laboral) ponen presión sobre la inflación.

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La notable productividad de la economía del vecino país del norte es ahora un arma de dos filos. A lo largo del año, hasta el tercer trimestre, la producción por hora en el sector no agrícola creció 5.4%. Como Alan Greenspan, presidente de la FED ha señalado: “En los últimos siete años la producción por hora se ha venido elevando a una tasa anual de más de 2% en promedio, comparada con apenas 1% en las dos décadas precedentes.” Esto sugiere una tendencia de crecimiento en la economía de aproximadamente 3%.

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Si se mantiene este desempeño, un incremento económico menor a esa cifra  representará un exceso de capacidad y presiones a la baja en las ganancias, los sueldos y los precios. Peor, dado que hay un exceso de capacidad ahora, se requiere un desarrollo aún más rápido para llevar a la economía de vuelta a los niveles normales.

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Ante este panorama, aún el 3% de los últimos 12 meses es inadecuado. Es por eso que la FED tuvo razón al recortar las tasas. Tal vez necesitará reducirlas de nuevo. Para entender esto, es necesario analizar las fuentes de la demanda: sector externo, empresas, gobierno y hogares.

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La demanda externa neta ha tenido un impacto negativo en la economía estadounidense. A lo largo de los trimestres anteriores al tercer de 2002, por ejemplo, el deterioro de la balanza externa,  ha generado una baja de 0.8% en el producto interno bruto (PIB).

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El actual déficit en cuenta corriente alcanza 5% del mismo indicador. En ausencia de un cambio milagroso en las grandes economías fuera de Estados Unidos, la única manera en que puede reducirse es con una gran recesión en la unión americana. Es más probable un aumento continuo en el déficit, que llegará a 7 u 8% del PIB en un futuro no muy distante. Así es como el vecino del norte está estimulando la demanda en economías parásitas.

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Otros vientos en contra igualmente importantes se han generado en la inversión privada y los inventarios. En los últimos dos años, la baja en la formación de capital generó una reducción del PIB de 1.4%, mientras que la declinación de inventarios habrá añadido 0.7%. Esta última se ha revertido en los últimos 12 meses, como es normal en una recuperación. La inversión también  ha dejado de encogerse en el corto plazo. El flujo de capital de las empresas ha mejorado. Pero el sector aún lucha con un exceso de capacidad sustancial, mercados de capitales deprimidos, baja rentabilidad y alto endeudamiento. El fin de la burbuja, los escándalos y la debilidad de la economía han apagado los ímpetus. Las bajas tasas de interés no los despertarán por sí solas.

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El gasto gubernamental ha sido una importante fuerza positiva. A lo largo de los últimos dos años generó un incremento de 1.4% en el PIB. Se puede esperar que continúe un impulso positivo, pero a un ritmo más modesto.

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El consumidor estadounidense parece uno de esos personajes de caricatura que sigue corriendo sobre un acantilado. Si el gasto gubernamental ha sido importante, el consumo –estimulado por las bajas tasas de interés y los recortes de impuestos– ha sido decisivo. En los últimos dos años, incrementó por sí mismo 3.8% el PIB.

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Por un largo periodo el gasto del consumidor avanzó más rápido que el ingreso disponible, a medida que caía la tasa de ahorro de los hogares y aumentaba el endeudamiento. En el segundo trimestre de 1992, aquélla era 8.9% del ingreso disponible. Para el año pasado había caído a 0.8%. Está en el camino de regreso este año, a medida que ha disminuido la riqueza del mercado de valores, ha aumentado el desempleo y se ha incrementado la incertidumbre.

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La tasa de ahorro de los hogares continuará recuperándose, con toda probabilidad. Estos cambios serán reforzados con el aumento en los pagos de deuda, que llegaron a un nivel récord a pesar de la excepcionalmente baja tasa de interés. Lo más probable en los años venideros es un débil consumo.

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Mucha energía se ha dedicado a averiguar si habrá una nueva recesión. Esa es la pregunta equivocada. Lo que importa, en cambio, es si la economía podrá regresar a sus promedios de actividad y crecimiento. La respuesta es: probablemente no.

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Si es así, ¿podrá la Reserva Federal hacer alguna diferencia? Puede recortar las tasas de interés a cero, si es necesario, pero también aumentar la oferta de dinero, ilimitadamente, mediante la compra de una gran variedad de activos. Estas políticas podrían funcionar. Pero también crearían fuertes distorsiones en el uso del capital. Por esa razón, no se pondrán en práctica pronto. Lo más probable es que habrá un crecimiento más bajo que el de la tendencia histórica –y mucha insatisfacción– en los años próximos.

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