La lucha en la frontera

Las nuevas y sofisticadas fórmulas del contrabando traen de cabeza al responsable de las oficinas a
Alberto Bello /

Uno de los 75,000 camiones que cruzan a diario los límites de México se detiene ante el semáforo rojo. Declara que viene vacío y así parece, porque la cámara de video de la aduana recoge un fondo negro tras las puertas abiertas del vehículo. En realidad es el color de la tela rasante que cubre la parte trasera del automotor. “Claro, viene bien cargado”, ríe José Guzmán Montalvo, administrador general de Aduanas.

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A los 39 años –12 en el sector– el funcionario lo ha visto casi todo. En 1991 tomó las riendas de la aduana marítima de su Tampico natal; en 1993 pasó a la de Tijuana y en 1994 a la de Nuevo Laredo. Desde 1995 hasta llegar a su cargo actual se ocupó de los aspectos técnicos de su oficio.

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La experiencia le da oportunidad de aderezar su conversación con chistes y anécdotas. Pero él sabe que eso es irrelevante ante la situación de los industriales textiles y del calzado, principales víctimas del contrabando, que están preocupados por fraudes más sofisticados que un intento de evasión a través del ingenio.

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Los que se originan en los programas de exportación son algunos de ellos. Una maquiladora que existía como un nombre en el registro, sin planta ni oficinas, declaraba que los kilómetros de tela que importaba se destinarían a fabricar ropa de exportación. En realidad sus directivos, hoy encarcelados, aprovechaban los 18 meses libres de aranceles que permiten esos planes para vender la mercancía en México. El desfalco subió a $10,800 millones de pesos.

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La modalidad de engaño de más difícil detección es el llamado contrabando técnico, que se acoge a las condiciones de los acuerdos comerciales mediante la falsificación de los certificados de origen, triangulación o subvaluación de los productos.

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“El embarque puede estar documentado, enviado desde China a Estados Unidos, e ingresar a México amparado por el TLC –narra Salomon Pressburger, presidente de la Cámara Nacional del Vestido–, o puede llegar de España cuando en realidad se fabricó en África.”

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Son los casos recientemente detectados de Zara (a través de su corporativo Inditex) y Prenatal, entre otras tiendas. En lugar de pagar 35% de arancel por importación (desde Hong Kong o Corea; y hasta 533% si es de China) estas firmas ibéricas abonaban 5%, como si trajeran la ropa desde España en el marco del acuerdo comercial firmado con la Unión Europea.

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En lo referente a Zara, la Aduana mexicana revisará los últimos dos años de operaciones para verificar el daño económico. Según las pruebas detectadas, las sanciones podrían ser no sólo administrativas, sino también penales.

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Esto es apenas el iceberg del problema. El 58% del mercado global de ropa del país, valorado en $17,000 millones de dólares, corresponde a piratería, ilegalidad y contrabando, según un estudio encargado por la Cámara del ramo a la consultora Kurt Salomon. Pocos de esos casos salen a la luz.

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Las industrias textil y del calzado pelean con un enemigo invisible. Han levantado la voz de alarma, acosadas por el estancamiento económico, la competitividad de la oferta asiática y el contrabando que elude los aranceles y tampoco paga el impuesto al valor agregado (IVA) si se vende en el mercado informal.

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Incomprendido
Guzmán no puede ocultar la frustración que le causa tanto ruido. En tres años de gestión ha combatido la corrupción con mano inflexible. Tanto, que parece un milagro que la institución siga operando: sustituyó a 56 administradores de aduanas (de las 48 existentes: en algunos casos hubo doble relevo), despidió a 80% del personal directivo y cambió dos veces al total de los comandantes de la Inspección Fiscal y Aduanera.

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“Cada día tengo menos amigos”, bromea. Los controles de confianza, el uso del polígrafo y los aumentos de sueldo para evitar las tentaciones tratan de regenerar el funcionamiento de estas instituciones, baldadas por una imagen histórica de corrupción.

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El resto lo hizo la liberalización del comercio. “La gente desconoce el trámite aduanero”, lamenta. Cuando el funcionario comenzó su carrera, 100% de las mercancías se revisaban a mano. Hoy es el responsable de las fronteras del país con más tratados comerciales del mundo. Sólo 5% de las importaciones pasan bajo los ojos de los aduaneros. “Se piensa que todo lo que se vende en el mercado informal es contrabando, cuando es una muy pequeña parte”, sostiene.

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No sólo eso. Por las estadísticas de la Secretaría de Hacienda, parece que ser contrabandista es una actividad cada día más ingrata: en los últimos tres años los decomisos se multiplicaron seis veces.

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Un asunto de frontera
Uno de los problemas puede tener pronta solución. El gobierno ofreció a los empresarios, antes de las elecciones del 6 de julio, la creación de una comisión para combatir la entrada ilegal de mercancías. En la lucha contra fraudes de importación, aquéllos ofrecerán sus conocimientos para que el agente aduanero –un profesionista privado, que lleva los trámites de forma electrónica– no pueda presentar como entrada destinada a la fábrica de jeans un cargamento de franela. De esta forma, y con el sistema de valuación Valunet -comprado en abril a la suiza SGS- se tratará de eliminar el desfalco en los programas de fomento.

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No sucederá lo mismo con el contrabando técnico. A la negativa estadounidense a compartir los datos de sus exportaciones con México –algo que sí ocurre en sentido inverso–, se añade un escollo irreversible. El certificado de origen no tiene que acompañar el documento con que se presenta una importación de la unión americana, “porque se dijo que el libre comercio tiene que ser libre de burocracias”, explica Guzmán. El resultado es que es muy difícil detectar el origen real, asiático o estadounidense, de lo que entra por la frontera.

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El asunto depende, por tanto, de la firma de acuerdos internacionales. “¿Sanción del TLCAN a quien falsifique el origen?”, se pregunta el funcionario. Varios industriales han solicitado que se recurra a los organismos multilaterales para llegar a acuerdos que persigan y castiguen estas operaciones.

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En realidad, el control del tráfico de mercancías en frontera sufre las mismas carencias que en el resto de la administración federal. Guzmán saca a cuento una frase atribuida a Napoleón: “Hacen falta tres cosas para ganar la guerra: dinero, dinero y dinero.” Para combatir el contrabando, continúa, son necesarias instalaciones, la mejor tecnología disponible, equipos de comunicación y transporte.

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Y dicen que no puede quejarse. La Administración General de Aduanas obtuvo este año un presupuesto histórico de $1,000 millones de pesos. Una gran noticia. “Estados Unidos destina $57,000 millones de dólares a la seguridad interna –ironiza el administrador general–; para la frontera sur unos modestos $3,000 millones. Antes tenía $10 y ahora tengo $100 millones. Si nos comparan, estamos en la calle de la amargura.”

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