La mujer del año. Entre Cervezas y tele

¿Heredera, empresaria o &#34solo&#34 inversionista? María Asunción Aramburuzabala está dispuesta
José Ramón Huerta

No, ella no es una empresaria típica. Su personalidad está lejos de los formalismos frecuentes en aquellos que llevan una buena cantidad de años en el mundo de los negocios en México y que han forjado imperios económicos. Ella se siente a gusto en el lenguaje coloquial y en las maneras llanas e informales. Esa atipicidad podría deberse a que, en sentido estricto, no se vio involucrada sino hasta hace muy poco tiempo en los grandes corporativos en los que ahora figura de forma prominente. Ese arribo temprano a las altas esferas económicas hace que María Asunción Aramburuzabala Larregui contraste, al menos en la superficie, con sus pares.

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Consciente de su singularidad, la asume de modo natural. No niega que la posición actual que ostenta es producto de una cuantiosa herencia, fortuna que inició Félix Aramburuzabala, su abuelo –uno de los creadores de Cervecería Modelo–, y que robusteció su padre, Pablo, quien a su vez la legó a las actuales beneficiarias: Lucrecia Larregui, madre de María Asunción, a esta misma y a su hermana Lucrecia; pero el reto personal de la hija mayor es no sólo administrar adecuadamente y preservar lo recibido, sino multiplicarlo.

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“No quiero ser la típica tercera generación que lo hizo todo mal –dice María Asunción–, que vivió de lo que le dejaron y que se lo acabó. No puedo darle a mis hijos una herencia empresarial menor, y no hablo necesariamente de dinero, quiero crear más para que estén orgullosos de mí.”

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No tener hermanos varones le significó que desde niña fuera advertida por Pablo Aramburuzabala de que algún día tendría que manejar el extenso –y por lo tanto comprometedor– patrimonio, cuyo monto preciso sólo ella, sus familiares y más próximos colaboradores conocen con certeza. Sobre este punto, el de su riqueza, la publicación estadounidense Forbes en la edición de la gente más rica del mundo, incluye en su lista a los Aramburuzabala Larregui, a quienes les calcula una fortuna de $1,000 millones de dólares. Sin embargo, la revista sólo considera la participación de la familia en Grupo Modelo (10% accionario, estima), sin incluir la operación por la cual María Asunción se convirtió en accionista propietaria de Grupo Televicentro –que controla Televisa–, del que posee 20.62% y dos asientos más en el consejo de administración, que corresponden a su hermana y a su cuñado, Carlos Fernández, el también joven director general de la compañía cervecera.

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Estrella del canal de las estrellas

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Y vaya que la reciente incursión en Televisa no es un dato menor. Si bien el puesto de vicepresidenta en Grupo Modelo, al cual accedió cuando su padre murió de cáncer hace seis años, ya le confería a María Asunción un lugar en el viril mundo empresarial, lo que la puso en los cuernos de la luna corporativa fue, precisamente, haber adquirido a mediados de este año el paquete accionario que poseía Alejandro Burillo Azcárraga en el grupo de comunicación, con lo cual ella se convirtió en vicepresidenta del consejo de administración de Televisa. A sus 37 años y madre de dos hijos, Aramburuzabala sienta un vistoso ejemplo del papel protagónico que empiezan a jugar las mujeres en el escenario de los negocios.

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Donde otros con mucho menos perderían piso, María Asunción, discreta, pondera su rimbombante cargo en la televisora refiriéndose a él como “puro adorno”. Ya en 1993 había sorprendido a sus veteranos colegas de Grupo Modelo al llevar a buen puerto las negociaciones con el gigante estadounidense Anheuser-Busch, compañía que al cabo se hizo de 50.2% del grupo mexicano –aunque no consiguió el control de la cervecera, en una operación que le significó a los accionistas de Modelo $1,640 millones de dólares–. Sin embargo, en lo personal, la directiva dimensiona de modo muy distinto su decisión de entrar como socia de Emilio Azcárraga Jean, presidente de Televisa.

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“Yo ya estaba metida en operaciones de capital de riesgo –comenta–, pero no había hecho cosas realmente grandes, no tan grandes como la de Televisa. De esas no hay muchas en la vida. Yo creo que no volveré a hacer una tan grandota.”

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En los medios de información trascendió que Aramburuzabala y sus socios (a saber, su madre, hermana y cuñado) habían pagado entre $500 y $600 millones de dólares por 20.6% del paquete accionario que poseía Alejandro Burillo. Pero María Asunción, no sin picardía, corrige: “Fue menos”. ¿Cuánto menos? “Significativamente menos.” ¿Mucho menos?, se le insiste. “Me salió mucho más barato, de lo que me vinieron a ofrecer, lo compré a la mitad…”

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Pudiera ser. El modo como manejó la operación de compra de acciones en Televisa aparentemente le permitió amplio campo de negociación. En primer lugar, ella no buscó hacerse del paquete, sino que según su versión le fue ofrecido directamente desde la oficina de Emilio Azcárraga Jean, presidente del conglomerado de medios. Segundo: ella no tendría incidencia sobre la operación de la empresa, sino que su participación debía ser vista sólo como la de una inversionista; es decir, no se convertiría en una socia incómoda. Y, en tercer lugar, Aramburuzabala pudo aplicar su máxima cualidad, reconocida por quienes la han visto negociar: acopia y organiza detalladamente la información necesaria sobre las transacciones que le interesan. Todo lo anterior pudo haberle sido útil para, como ella admite, obtener un precio “significativamente menor”, incluso la mitad del precio inicial.

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Esta última virtud, el tesón al estudiar los casos de su interés, no la adquirió sobre la marcha en los pocos años que tiene como alta directiva. Le viene de mucho antes. Pablo Aramburuzabala, su padre, determinó que la formación que requería la persona que se haría cargo de sus negocios se lograba en el Colegio Alemán del DF. María Asunción experimentó en carne propia, desde la primaria hasta la preparatoria, el sistema pedagógico que rige en esa escuela. “Me dio una base muy sólida en el sentido de que me ayudó a tener una mente analítica y disciplinada, que sirve para la vida personal y para los negocios”, dice. Después de perfeccionar su inglés durante un breve lapso en Texas, se incorporó al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), donde se tituló como contador público.

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Ahí, en el ITAM, evidenció el espíritu de disciplina que le había inoculado el sistema europeo. Alfonso Franco, maestro emérito de la institución y presidente del jurado durante el examen profesional aplicado a María Asunción, recuerda que la estudiante, a mitad de la carrera y después de haber obtenido una calificación parcial “no suficientemente satisfactoria para ella”, le preguntó si creía que sería capaz de concluir la licenciatura. “Le dije por supuesto que podía hacerlo –recuerda el catedrático–, sólo que ella tenía un alto nivel de autoexigencia. Y tan pudo hacerlo que yo mismo califiqué su examen profesional, el cual fue muy coherente, incluso agradable.”

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A pesar de que es poco conocido su modus operandi en el círculo de los altos ejecutivos financieros de algunas compañías que Expansión consultó –quizá debido a los escasos años que acumula en el ambiente de los negocios–, una fuente cercana a las operaciones que se llevaron a cabo con Anheuser-Busch, la cervecera más grande del mundo, se refiere a ella como una persona “brillante y enfocada”. Por su parte Alfonso de Angoitia, director de Finanzas de Televisa, confió a Business Week que Aramburuzabala lo sorprendió en las negociaciones para adquirir el paquete accionario de la televisora. “Ya había hecho un detallado estudio” de cada división de la empresa, dijo.

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Así tendría que ser y actuar quien funge como vicepresidenta de dos de las tres empresas con mayor valor del mercado de México –Grupo Modelo, con alrededor de $10,000 millones de dólares y Televisa, con $8,400 millones–, que forma parte del consejo de administración de la recién creada América Móvil (resultado de la división de los activos de Telmex) y que es consejera propietaria de los grupos financieros Banamex-Accival y Santander Mexicano.

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Su mente disciplinada tiene que dar de sí para atender, como consejera propietaria, a un buen número de empresas, la mayoría relacionadas con Grupo Modelo. Desde firmas cartoneras (Gondi, Empaques de Cartón United, Empaques Modernos San Pablo); vidrieras (Nueva Fábrica Nacional de Vidrio, Dirección de Fábricas, Análisis de Vidrio y Cerámicas, más otras siete firmas), inmobiliarias y constructoras (BCB Impulse Ingeniería Inmobiliaria, El Roble Promotora o Servicios Administrativos y de Tecnología), hasta una de las vertientes más modestas pero, curiosamente, más importantes en la formación empresarial de Aramburuzabala: la levadura.

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Aprendizaje express

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Fue en ese filón de negocios, modesto si se le compara con las operaciones de Grupo Modelo y por supuesto de Televisa, en donde Aramburuzabala tuvo su prueba de fuego como empresaria. Contrario a lo que podría suponerse, las fábricas de levadura de las que ella se hizo cargo no tienen relación alguna con el negocio cervecero. La pasta que se procesa en las fábricas Leviatán y Flor y Levadura Azteca tiene como clientes desde las pequeñas panificadoras y cadenas de supermercados hasta El Globo o aquellos clientes de dimensiones industriales, como Bimbo y Maseca. María Asunción explica su interés personal en estas fábricas, las cuales rescató de la quiebra e impidió que fueran vendidas.

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“Al hacerme cargo de los negocios que manejaba mi padre, un gran reto eran las fábricas de levadura, que estaban en muy mala situación económica”, comenta. Los socios de Aramburuzabala, los González Díez, le dijeron: “‘Mira, en proporción de lo que es Grupo Modelo, estas fábricas no son del tamaño de nuestras compañías, así que vamos a cerrarlas’. La verdad yo no quise porque son de alguna manera el origen del grupo. Les dije: ‘déjenme tratar de reestructurarlas y si en un año no logro darles la vuelta y no están ganando dinero, perfecto, las cerramos o las vendemos’.”

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La reorganización fue absoluta. Cambió desde las cepas, es decir el bacilo que genera la levadura, pero al cabo tuvo que transformar literalmente todo. “El día que entré a las fábricas se me cayeron las muelas, no sabía a lo que me estaba comprometiendo porque estaban en un estado de deterioro mayúsculo, no sólo financieramente sino también en la operación.” Pidió una aportación de capital a sus socios para levantar el proceso y fusionar las fábricas. Al cabo de unos meses había hecho su reingeniería, y para fines de noviembre pasado las plantas obtenían la certificación ISO 9002. Aramburuzabala, a quien en Leviatán y Flor y Levadura Azteca le apodaban por su rigor “la Thatcher”, que se metía a todos los rincones y se subía a las azoteas para calmar a los empleados amotinados, ve después de un lustro que su cometido se cumplió: hacer que el negocio fundado por su abuelo en los años 20 fuera rentable y funcional.

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Las levadureras, resume, fueron “mi mayor aprendizaje, fue una maestría en administración, en finanzas, en recursos humanos, en ventas, en una bola de cosas que no sabía. La verdad, me la jugué. Todos me veían así como que ‘esta niña no se da cuenta de lo que hace’. Y si bien esto no es lo más grande que he hecho (creo que es lo más chico en cuanto a lana), puedo decir que es mi mayor satisfacción, pasé por todo lo que puede pasar un empresario en su vida. A mí siempre las cosas me pasan apretadas, nunca me las puedo tomar con calma, me llueve tupido”.

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Cierto: en seis años ha aprendido muchas lecciones. Pero antes del reto de las levadureras, el más desgastante y rudo, el único tema que logra descomponerle el rostro es el relativo a la defensa de la posición económica de la familia Aramburuzabala Larregui. Como administradora del patrimonio María Asunción se vio sometida a fuertes presiones. “Fue una etapa muy difícil porque tuve que marcar la línea de la familia a mucha gente que la quería cruzar, había muchísimos intereses creados y querían tomar el control… Imagínate, nos querían quitar hasta de los consejos de administración. Mi tarea fue decir: nos mantenemos y no aceptamos perder ni medio milímetro de la posición que mi papá tenía en todos los campos. Y lo logramos.”

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Contrario a lo que muchos socios pensaron, dice, no se ha aburrido de los negocios ni irá a su casa para cuidar de sus dos hijos. A partir del dinero obtenido de la negociación con Anheuser-Busch, la directiva se encontró en la posición de inversionista. “Nunca habíamos tenido dinero en las manos, por esa filosofía paterna y del grupo de reinvertir y reinvertir y reinvertir las utilidades –recuerda–, pero pensé que tenía que moverlo y manejarlo de modo profesional.”

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Atrajo consigo a su actual “mano derecha”, Juan Pablo Andrade, hoy asesor en inversiones de la familia, ex financiero de Banco Santander que María Asunción había conocido en su fugaz paso por la casa de bolsa Inverméxico (en 1987, su único trabajo independiente de Grupo Modelo). Armaron un complicado –“pero apasionante”– modelo de inversión el cual, grosso modo, analiza el riesgo en correlación con el retorno, a fin de elevar la curva de eficiencia de la inversión. El modelo crea 10 carteras de menor a mayor riesgo, simula cinco escenarios macroeconómicos distintos y se decide a cuál cartera de inversión se le debe apostar.

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Con ese modelo Aramburuzabala se lanza, con su billetera gozando aún de buena salud, a diversas aventuras de inversión. Si bien por obvias razones está muy enfocada en el sector de alimentos y bebidas, eso no le impidió encontrar en Televisa una alternativa interesante y lucrativa. Abocada a proyectos inmobiliarios puramente de capital privado, en sociedad con la empresa BCB (Barrios, Cué y Beristaingoitia), concluyó el edificio de Pricewaterhouse Coopers en la colonia capitalina Polanco, y se interesó en la puja por las cadenas Camino Real y Quinta Real, compras que al final no se concretaron.

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El mundo va hacia internet

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Algo que enciende su entusiasmo y le hace fijar su mirada son los desarrollos de empresas en internet, a contrapelo del escepticismo casi generalizado de sus colegas inversionistas. Varios viajes de exploración a Silicon Valley y otras sedes californianas de alta tecnología le convencen cada vez más de que ahí hay una atractiva veta para el capital de riesgo. De hecho, una de las razones por la cual decidió meter dinero en Televisa fue conocer las entrañas del modelo de negocio del portal EsMas.com, y a raíz de ello invirtió en una firma del sector llamada Portal Blocks.

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“Analizo la posibilidad de entrar a una compañía que es una incubadora de empresas, crear un fondo de internet –dice Aramburuzabala–. Las evaluaciones de las compañías en la Red están muy baratas, y lo que sucede en desarrollo tecnológico es impresionante. Fuera de lo que diga el Nasdaq (la bolsa estadounidense de empresas de alta tecnología) o no, el mundo va para allá. Apenas fui y lo vi, me convenció y ahora tengo que armar algo; es muy aburrido tener una incubadora de un fondo, tengo que armar algo más que eso. Lo que quiero hacer también es volvernos un puente no sólo de tecnología entre México y California, sino también uno de financiamiento para mexicanos en el extranjero. Es el primer esbozo de idea, un mero brochazo…”

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Idea que analizará a profundidad, como es su costumbre. Entretanto, Aramburuzabala seguirá entrenándose a marchas forzadas en la profesión de empresaria. Su papel de inversionista osada y cerebral hace que más de uno levante la ceja, pero ella está decidida a demostrar que el revuelo que despertó en el ámbito de los negocios no se debe fincar nada más en que es “mujer, joven y no gorda”, sino en razones de un verdadero compromiso empresarial.

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Una cosa es cierta: esta mujer ahora soltera, quien se confiesa feliz y proclive a disfrutar la vida, tiene mucho tiempo y energía para completar ese objetivo.

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