La mutilada prevención de los accidente

Mientras se preparan las reformas del sistema de seguridad social, en el país existe desinformació
Ana Ivonne Díaz

Marcelo Jiménez, de 40 años, es regordete y simpático. Trabaja como albañil para una constructora y tiene cuatro hijos —dos de los cuales ayudan aunque aún no tienen la edad legal para trabajar: Carlos y Serafín—. Para Marcelo es importante que se enseñen a trabajar, además de estudiar, porque “pueden hacer muy bien las dos cosas”. Los otros dos hijos de Marcelo son adolescentes: Clara de 14, y Antonio de 12...

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La falta de seguridad en el trabajo es un problema extendido en México. Según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en 1994 se reportaron 547,995 accidentes de trabajo, que se tradujeron en 13’427,023 días de incapacidad y un desperdicio económico de $91.6 millones de pesos, pagado en conjunto por trabajadores, empresarios y gobierno.

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En los países desarrollados las estadísticas de riesgos y accidentes de trabajo son notablemente menores. Las razones son múltiples: leyes preventivas, vigilancia gubernamental y empresarial y ahorro productivo; esto es, inversiones en seguridad para el aumento de la productividad. Sin embargo, estos mismos países aún arrastran prácticas de siglos pasados: trabajos forzosos, discriminación en el empleo a mujeres y emigrados y dificultad de asociación sindical, entre otras.

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Según datos recientes de la Conferencia Internacional del Trabajo, países como Bélgica, Hungría e Italia no comunican ni adoptan las medidas correctivas sugeridas por este organismo internacional.

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Marcelo y uno de sus hijos, Carlos, han tenido dos accidentes cada uno. En ningún caso recibieron ayuda médica por parte de la empresa y, ante la premura de los accidentes, recurrieron a un hospital público. Cuando regresaron al trabajo, Marcelo tenía lesión en el tendón del dedo índice que no le permitía asir completamente los objetos y su hijo estuvo un mes en casa por traumatismo en el pie derecho, al sufrir la caída de una cubeta con mezcla de cemento.

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Las estadísticas de los países llamados en vías de desarrollo carecen de actualización. En la mayoría de los casos, las evaluaciones por riesgos de trabajo no llegan a ser reportadas. A pesar de que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha suscrito con los países miembros 155 convenios respecto de seguridad e higiene y 160 para la presentación de datos estadísticos, 70% de los informes solicitados no son proporcionados de manera completa ni clara y ningún informe llega con antelación para ser estudiado.

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Eric de Vries, director de la OIT en México, subraya que sin información no hay estudio que valga, por lo que aunque la OIT sólo puede apelar a la voluntad de los gobiernos para estudiar las cifras que proporcionan, en muchos casos eso provoca problemas para llegar a conocer los datos reales.

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Otra lectura tiene que ver directamente con el entorno económico del trabajador: en países pobres, y ante la falta de trabajo, el empleado acepta cualquier condición con tal de laborar. Con frecuencia se observa que las buenas condiciones de trabajo son escasas o nulas, trátese de las herramientas que se usan o del lugar físico. Los patrones no inscriben a sus empleados en instituciones médicas y los reportes de accidentes en lugares de trabajo son inexistentes.

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Pero éste no es el único rezago importante. Según especialistas existe una total desinformación por parte del trabajador con respecto a la salud en el trabajo, y hay patrones que abusan de ello.

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En cuanto a los riesgos y accidentes laborales, Luis Javier Arias, presidente de la Asociación Mexicana de Medicina del Trabajo (AMMT), comenta que “hay casos donde un trabajador informado de las leyes laborales es sobornado para no denunciar alguna falta, o es identificado como líder o ‘rojillo’, y es despedido. En otros extremos, el mismo trabajador se mutila deliberadamente para recibir una cantidad adicional por la pérdida de una mano, un dedo o un brazo. La desinformación es evidente en ambos sentidos.”

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Marcelo dice que no, que fue un accidente, pero el médico especialista tiene sus dudas. Después de los anteriores, en los que no obtuvo ayuda económica ni médica, Marcelo presionó para ser inscrito al Seguro Social. Pero su situación económica en tiempos de crisis empezó a hacer agua: se celebrarían en fechas próximas los 15 años de Clara, su hija, no había dinero suficiente para cubrir los gastos de la fiesta. Vino entonces un accidente más. Marcelo celebró el cumpleaños de su hija sin dos dedos, y tuvo para pagar la fiesta.

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En México, según las estadísticas correspondientes al segundo trimestre de 1995, proporcionadas por la AMMT, la parte del cuerpo lesionada con mayor incidencia es la mano (37%), seguida por las extremidades inferiores (22%), extremidades superiores (21%) y el pie (15%).

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Los sectores que en el segundo cuatrimestre de 1995 figuraron con altos índices de riesgos de trabajo son: el manufacturero, con 43,000 casos; el de hoteles y restaurantes, con 27,000; construcción, 15,000; y otros servicios, 18,000.

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El lado oculto de las cifras
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La mayoría de las estadísticas en México se generan con datos que aporta el IMSS, pero cabría mencionar que esta dependencia no cubre al total de los trabajadores asegurados, por lo que para obtener una información más completa también deben consultarse las cifras de la Secretaría del Trabajo, Petróleos Mexicanos, Comisión Federal de Electricidad y el Instituto de Seguridad Social al Servicio de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

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Como buena parte de la información depende de estas fuentes es de esperarse un sesgo en tales datos. “Aquí —señala Arias—hay un problema importante, porque hasta los datos con que trabaja la OIT provienen de estas mismas bases. Hay una normatividad que obliga al patrón a presentar cifras de sus accidentes de trabajo, pero no son reportadas por temor a las consecuencias. De acuerdo con la información que se posee, lo que está detrás de los números es, en parte, la actitud de los patrones, quienes consideran que los riesgos son responsabilidad del trabajador y no de ellos, como la ley señala.”

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No precisar datos puede leerse de dos formas: o se carece de un total control sobre los accidentes de trabajo, o bien las cifras son más altas de lo que se cree.

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Sin embargo, a pesar de las omisiones, es posible conocer algunos hechos. Por ejemplo, que los accidentes de trabajo reportados en el periodo mayo-agosto de 1995 por las diferentes dependencias públicas fueron causados principalmente por golpes, contacto con corriente eléctrica y “otros tipos” de accidentes. En el informe respectivo de Pemex este rubro se acompaña de la frase: “información no disponible”.

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El último accidente de Marcelo fue reportado por su patrón, y se le otorgó una pensión por la pérdida de sus dedos. El patrón decidió prescindir de sus servicios, pero Marcelo sugirió trabajar por la mitad del sueldo. El patrón aceptó. Otros 25 compañeros trabajan en las mismas condiciones laborales. No hay mascarillas, no portan botas especiales, no tienen cascos que protejan sus cabezas, no tienen guantes. Una llave que chorrea constantemente es a donde pueden acudir para tomar agua.

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Recurrir a las estadísticas es una práctica común para determinar acciones a seguir. Las cifras que reflejan la mala salud laboral de una empresa sirven también para determinar las prácticas y políticas a instrumentar; éstas repercuten sobre el nivel y evolución de los costos de la mano de obra, sobre el sistema de remuneraciones tales como aguinaldos y premios, sobre sistemas de seguridad social y pensiones y la manera de financiarlos.

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Sólo en el mes de diciembre de 1995, el IMSS reportó certificados de incapacidad por $293,291 pesos, de los cuales $89,386 fueron por riesgos de trabajo. Los días de incapacidad por estos mismos riesgos representaron una derrama de $728,360 pesos, misma que invertida en prevención de accidentes podría haber generado mayor productividad en las empresas.

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Medicina del trabajo
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El término “medicina del trabajo” fue definido por la OIT y por la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Es la rama de la medicina que deberá encargarse del bienestar -biosicosocial de los trabajadores, es decir, la adaptación integral del trabajo al hombre.”

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Si bien es un área joven (nació en los años 40, respondiendo a la necesidad de regular las condiciones físicas laborales), esta materia se ha convertido hoy en una asignatura pendiente. Su rezago es evidente. Legislaciones van y vienen y a la fecha nadie sabe bien a bien cómo lograr que en las empresas la medicina preventiva tenga preponderancia con respecto a la curativa.

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La medicina del trabajo tiene varias aristas que proyectan las razones de los rezagos actuales. Arias, de la AMMT, comenta que uno de los grandes obstáculos que impide el avance real de esta especialidad es el propio médico. “Al principio se les muestra la necesidad de la filiación a esta sociedad y la certificación de su especialidad, pero hay muchos que sólo se inscriben con este último propósito; una vez que obtienen tal certificación se separan. Esto afecta porque nos resta participación activa. Debido a la ausencia de afiliados, la medicina del trabajo pareciera ser el resquicio de las especialidades clásicas. Un médico veterinario, por ejemplo, puede aspirar a una certificación de medicina del trabajo si presenta un examen.”

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La sociedad encabezada por Arias ofrece la certificación de la especialidad, por cinco años, bajo los rigurosos cánones que marca la Academia Nacional de Medicina: examen escrito, caso clínico, examen de campo y oral —con sino-dales—. Ser especialista en esta rama, reclama el experto, no puede hacerse de improviso, “el especialista requiere conocimientos de medicina general, -epidemiología, patología laboral, normatividad, administración, sociología y psicología, entre otras disciplinas”.

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El médico especialista que autorizó la incapacidad parcial de Marcelo recién llega a su consultorio en la clínica. Revisa lo que queda de la mano del trabajador, le advierte que el riesgo de infección de la herida es elevado y le sugiere ocuparse en otro trabajo.

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La presión ejercida sobre el médico para favorecer tanto al patrón como a los trabajadores es un hecho. Al respecto, Arias responde: “La organización que presido alienta la ética médica. Muchas veces nos encontramos entre la espada y la pared, pero prevalece la ética. Ante una situación tal, el primer pensamiento que tiene el médico es: ‘¿Quién me contrató, el trabajador o el patrón?’ Si como médicos damos a conocer cierta información al trabajador, al sindicato o al patrón, se corre el riesgo de perder el trabajo. A pesar de estos tristes casos, la decisión es personal.”

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El camino de la prevención
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Es importante sensibilizar sobre la procuración de una atención mucho más abierta y general a los accidentes de trabajo. En la medida en la que se atiendan las necesidades de seguridad en las empresas, los márgenes de ganancias serán mucho más amplios.

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En los países desarrollados los controles laborales son más estrictos, hay mayor atención a los riesgos y muchos más recursos canalizados a otras áreas de las propias empresas. Por ende, la productividad de las mismas es elevada y el ahorro productivo permite diversificar las inversiones. Sin previsión, los presupuestos empresariales tenderán a ser rebasados, la productividad bajará considerablemente, la canalización de recursos hacia otras áreas tendrá que dormir el sueño de los justos y, finalmente, la empresa simplemente sobrevivirá.

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Marcelo y su hijo siguen trabajando. La obra terminó y el patrón no quedó muy contento con su trabajo. En la próxima obra empleará sólo al hijo. Marcelo buscará laborar en otra construcción; si no encuentra nada, visitará a Doña Elba, vendedora de “fayuca” en Tepito.

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