La nueva revolución francesa

Francia es potencia no sólo en poder sino en potencial. Un recorrido por la actualidad política, e
Louise Guénette / Francia

Sus facetas son muchas, sus posibilidades inagotables. En el nuevo escenario europeo, Francia aún representa las voces que inflamaron a la humanidad en 1789: libertad, igualdad, fraternidad. La nación gala, en todos los ámbitos, elige una vía propia, una alternativa original frente a los modelos anglosajones, asiáticos e, inclusive, europeos.

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La muestra más reciente y dramática fue su postura en la guerra contra Irak. De hecho Jacques Chirac, Presidente de Francia, sigue una larga tradición política al erigirse líder del campo de oposición: presentarse al mundo como una alternativa a su contrincante principal, Estados Unidos.

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“Francia tiene arraigada su propia imagen como potencia”, dice Marta Ochman, profesora de política europea en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

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Sin embargo, la fuerza de una nación se demuestra ante todo por la vía económica y comercial. En este plano, el producto interno bruto (PIB) de ese país lo ubica como la quinta economía del mundo. Aún así, para estar a la altura de la competencia mundial, en los últimos 10 años sus principales corporaciones se fusionaron con empresas nacionales y europeas y crearon grupos capaces de enfrentar a sus rivales estadounidenses. En el seno de la Unión Europea, Francia encontró salida para sus ambiciones.

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Esta fiebre de fusiones contagió a su vez a varias Bolsas de valores. Unidas, atraen a inversionistas y emisoras con más facilidad.

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Sin embargo, los últimos años de deceleración han dejado estragos en la economía francesa que se encuentra en una situación delicada en cuanto a la competitividad del país y la rentabilidad de sus empresas. Como muestra, la nación cayó de la posición 20 a la 30 en el Informe de Competitividad Global 2002-2003 del Foro Económico Mundial.

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Las adecuaciones que deban realizar las compañías galas en pro de la rentabilidad se darán en un contexto más favorable para el sector privado. El cambio de gobierno en mayo de 2002 es responsable de este optimismo.

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Pero el panorama es más complejo: mientras la política de fomento industrial se descentraliza para encarar el reto de la reconversión, muchas factorías nacionales se transfieren a la Comunidad Europea.

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Francia ha vinculado su suerte con la Unión Europea para conquistar mejor al mundo. Por ello no extraña que su percepción de México sea que apostó por la integración norteamericana para excluir al resto de los países, en particular los europeos, concluye Ochman. El fuerte desequilibrio de la balanza comercial a favor de Estados Unidos es la mejor muestra del sesgo mexicano.

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La alternativa que Francia ofrece para México es un enorme potencial hasta ahora desaprovechado. Así, aunque la disposición del tablero ha cambiado para el sector privado, 2003 le reserva una lucha feroz con sindicatos y localidades perjudicadas por las reducciones del personal.

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Gobierno probusiness
“Somos un gobierno amigo de los negocios”, afirma Benoît Battistelli, director adjunto de Nicole Fontaine, delegado en el Ministerio de Economía, Finanzas e Industria.

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Entre las palabras clave del presidente Jacques Chirac, durante su campaña de reelección junto al primer ministro Jean-Pierre Raffarin, están: “Liberar las energías.”

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“En  política industrial esas palabras significan relajar las rígidas normas que se habían acumulado en Francia bajo la dirección de Lionel Jospin”, indica Battistelli.

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En medio de las leyes más emblemáticas de aquella rigidez están la instauración de las 35 horas laborales y la legislación sobre los despedidos. La reducción de la jornada laboral era un esquema para crear más empleo, pero el actual gobierno ya empezó a flexibilizarlo. La Ley de Modernización Social, que imponía duras exigencias a las agrupaciones que deseaban recortar personal, también fue impugnada.

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La nueva administración también promueve una serie de medidas específicas, como la Ley de Iniciativa Económica que, por ejemplo, facilita la transferencia de los negocios familiares de una generación a otra e incentiva con su política tributaria los business angels, término prestado de Estados Unidos para designar la ayuda a emprendedores exitosos que invierten en nuevos negocios.

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¿Raffarin al rescate?
La confederación de empresas –Medef– no puede más que sentir alivio frente al gobierno actual. Con el anterior la relación estaba caracterizada por la hostilidad, afirma Giroux, vocero de la agrupación.

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Pese a lo anterior, la coyuntura macroeconómica le resta mucho margen de maniobra a Raffarin. La tasa de desempleo de 9.3%, según los pronósticos de CDC Ixis, reducirá el consumo interno, principal sostén del crecimiento del PIB de 1.6% en 2002. Además, el déficit de 3% que Francia reportó para ese mismo año toca con el límite establecido por la Unión Europea. En consecuencia, el gobierno queda sin capacidad de fomentar más crecimiento con la política fiscal.

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El Medef espera muchas reformas de Raffarin. Confía en una acelerada liberalización del sector de energía y avances en cuanto a las últimas privatizaciones (Air France, Électricité de France, France Telecom). La confederación también aguarda la reforma de los sistemas de pensiones, salud, educación y un régimen de adelgazamiento del Estado.

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