La pasión, Según Microsoft

La nueva misión de la firma de Gates: potenciar las capacidades de cada persona, familia y negocio.
Juan Antonio Oseguera

‘‘Empezamos con la visión de una computadora en cada escritorio y en cada hogar. Todos los días encontramos nuevos caminos para que la tecnología mejore y enriquezca la vida de la gente. Apenas estamos comenzando”, dijo Bill Gates, presidente de Microsoft, en su última conferencia en Comdex. Este es el mantra que hoy guía a la gran empresa de software, que en todo resquicio posible quiere participación. Ahora, ya liberado del estrés del juicio por monopolio, el magnate reenfoca la visión de la compañía, a casi 30 años de fundada.

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Orlando Ayala –vicepresidente de la división mundial de Socios y Soluciones de Pequeño y Mediano Mercado en la organización– profundizó sobre la nueva cara del corporativo y la pasión que lo mueve.

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Microsoft en todos lados, ¿también en los teléfonos celulares? Van contra Nokia y Symbian (sistema operativo para teléfonos celulares y dispositivos PDA con comunicación inalámbrica).

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Hay que ligar esto con la presentación de .Net. Más importante que el dispositivo es saber si realmente Nokia es un competidor en la plataforma. El equipo como tal es interesante. Para el consumidor resulta relevante que haya innovación en el sistema, pero realmente es la experiencia la que hará la diferencia.

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El teléfono es importante, pero más vital es el Pocketpc, que ayuda a exponer 90% de la infraestructura de sistemas de gestión de la compañía. En un asistente digital personal [PDA, por sus siglas en inglés] de este tipo hay Word, Excel y correo electrónico, entre otros. Por supuesto que la agrupación finlandesa tiene mucho mercado. La pregunta es: ¿va a tener el ritmo para poder invertir en la plataforma al paso que lo estamos haciendo nosotros? La batalla no es por el dispositivo, sino por el software.

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¿Quién ganará?
El que sepa innovar. Las compañías han cometido un error. Han considerado al individuo como único e indivisible, como un solo ente, cuando realmente este personaje ejerce diferentes papeles en el día. Por ejemplo, en la mañana se levanta, sincroniza el PDA y se informa –los primeros 10 minutos de la mañana sabe lo que pasa en el mundo–. Luego, se sube al automóvil y en un semáforo responde un correo electrónico, en la oficina obviamente entra a reuniones y sigue sincronizado. De regreso a casa puede ver en el Windows Media Center sus películas. Microsoft está presente desde que se despierta hasta que se acuesta. El usuario sabe cómo y en qué contexto quiere la información.

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¿Cuál fue el aprendizaje para Microsoft después del juicio?
Hubo mucho durante el litigio: ser más proactivos en comunicación. La organización no fue lo suficientemente efectiva en este terreno –especialmente a nivel de gobierno y educación, en donde estaba invirtiendo–. Muchas de las acusaciones que se hicieron estaban relacionadas con el hecho de que no hubo una actividad para informar las cosas, inclusive a la competencia.

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Mucho éxito tiende a crear arrogancia. Creo que, con base en el proceso judicial, lo que se aprendió fue que al final tuvimos tiempo para pensar en el cliente, para ser más competitivos.

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Qué pasó después del juicio ¿se detuvo el desarrollo?
Cuando te ubicas como líder en una industria tienes muchas responsabilidades: trabajar de manera más cercana, incluso con la competencia, en la parte de estándares y ser proactivo en la apertura del código. Hemos sido muy abiertos en este punto. Sin embargo, debemos dedicarnos más al área educativa y a los programas para compartir el código fuente. Yo creo que no se dejó de desarrollar nada…

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¿Fue un parteaguas el litigio en Microsoft?
No, no dentro de la firma. Cambiamos la visión de la compañía, pero no por el juicio. Fue una evolución muy interesante. Nos dimos cuenta de que somos una parte muy importante en la vida diaria de los individuos. La visión consistió en pensar positivamente. Como empresa, los mejores años están por venir. Hace tres años estábamos muy preocupados porque .Net no existía. Esta tecnología es una apuesta tan grande como lo fue Windows.

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En México y Latinoamérica hay un boom en los gobiernos por adquirir tecnología. ¿Cómo cubrir este nuevo nicho?
Más que el vínculo con un cliente, la relación con el gobierno es multifacética. Nuestra obligación es habilitar la tecnología que pueda asegurar la infraestructura de un país. Estamos considerando seriamente tomar la administración de un Estado como ejemplo de éxito. No sólo se trata de vender. La relación con un gobierno debe ser una asociación a largo plazo, a diferencia de con un cliente común. Tenemos la obligación como corporativo de llevar tecnología para habilitar el acceso a recursos informáticos de la manera más económica posible.

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¿Ya tienen ejemplos de trabajo con algún gobierno?
Con el de Singapur hemos trabajado muy de cerca. En este año han liberado 21 servicios para los ciudadanos. Por ejemplo: un burócrata puede entrar al sitio del gobierno y ver su propio miniportal, saber qué cursos ha tomado o puede tomar. También puede ver su currículum, hacer un examen, evaluar sus habilidades y mandar esta prueba a otras dependencias para hacer un cruce entre sus capacidades y las necesidades de otras áreas. El sistema conecta a las personas con los que ofrecen trabajo a través de servicios web.

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Obviamente, el gobierno de Singapur ha invertido fuertes cantidades de dinero en infraestructura, como en ancho de banda. En México se debería buscar que el ciudadano pueda realizar transacciones que le hagan la vida más sencilla. No sólo se trata de ir a buscar requisitos a un portal, sino completar la operación en línea.

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En México ya se elevó a rango de delito organizado la piratería. ¿Qué opina?
Lo que está pasando en México es increíblemente visionario. En la medida en que estas cuestiones se resuelvan se darán las condiciones para invertir y establecer una industria de software saludable en el país.

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Esto se asocia con Linux. El cómo se licencie no tiene que ver con nosotros. Creo que hay mucho desconocimiento del círculo virtuoso del modelo de software comercial. Esto no ha sido probado ni replicado por ese sistema operativo. De hecho, la gran pregunta es: ¿cómo se va a crear una industria de desarrolladores en México? En la India está muy claro. Ese modelo ha podido demostrar rotundamente que el esquema es un círculo virtuoso en el cual se comercializa el código compartido, se genera utilidad, se reinvierte dinero en investigación y desarrollo y reinicia el proceso.

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En el caso de Linux cualquier cosa escrita sobre el chip prohibe comercializarlo. Este esquema tiene una serie de problemas desde el punto de vista de propiedad intelectual. Hasta que el modelo no pruebe lo contrario –y no sé cómo le van a hacer– no será viable. Al desarrollar en este sistema de código libre se corre el riesgo de que alguien salga demandado por violación de patentes, por haber escrito encima de Linux.

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No sé quien está creando el debate. Microsoft no lo puede hacer. La industria es la que tiene que preguntarse: ¿cómo va a crecer el negocio de software en México? En general, las inversiones en propiedad intelectual no sólo se aplican a piratería, sino a cómo crear un modelo económico viable desde el punto de vista comercial.

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¿Es preocupante?
Sí, lo es para Microsoft. La propiedad intelectual tiene un valor que debe de tomarse en cuenta. Nuestra agrupación está creada y basada sobre éste. Los fundadores de Linux lo han dicho: “Nuestra misión en el mundo es que el software sea libre.” Ignoro de dónde vendrá la innovación.

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