La política monetaria

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José Manuel Suárez Mier

Ha sido objeto de especulación tanto el crecimiento del circulante a finales de 1999 como el programa de política monetaria para el 2000. Es inusual que se preste tanta atención a un tema que es misterioso para la mayoría de los ciudadanos, salvo por dos razones: Primero, la expansión del dinero fue muy superior a lo planeado el año pasado, lo que se identifica como algo preocupante por su potencial para reforzar la inflación. Y segundo, el 2000 es un año electoral por lo que la ciudadanía se torna recelosa ante la posibilidad de que el Banco de México (Banxico) esté dispuesto a imprimir más billetes para “comprar votos”.

- Respecto a la primera inquietud se puede afirmar que un aumento en la cantidad de dinero por encima del crecimiento real de la economía resultará inflacionario siempre y cuando la demanda por dinero de la sociedad no crezca. Con una menor inflación o tasas de interés decrecientes, como ocurrió en 1999 cuando el aumento en precios fue menor al del año anterior (13% frente a 18.5%) y que a su vez permitió una caída apreciable en los réditos, la gente prefirió mantener una mayor proporción de efectivo porque se redujo el costo de hacerlo. Esto hizo posible un aumento en la oferta de dinero superior al previsto que no resultó en presiones inflacionarias sino en una inflación menor a la proyectada. Algo así se espera este año.

- En cuanto al asunto electoral existe un fatal maridaje entre los años de elecciones presidenciales y la recurrencia de crisis económicas que muchos ciudadanos atribuyen a un mayor gasto público financiado mediante la creación de dinero adicional, con el fin de que el electorado se sienta mejor o para comprar descaradamente votos.

- Uno de los párrafos del Programa Monetario no ayudó a tranquilizar las inquietudes: “Como es usual en años electorales, los gastos relacionados con las campañas políticas conllevan la transformación de depósitos bancarios en billetes y monedas, ya que los partidos políticos necesitan efectivo para realizar una diversidad de pagos”.

- La necesidad de ofrecer una mayor cantidad de billetes y monedas vinculada a las campañas políticas, no implica ninguna actividad impropia por parte del banco central. La visión que así lo considera es debatible, pero desde que entró en vigor la ley del Banxico de 1994 que lo dota de cabal autonomía respecto del gobierno federal existe la prohibición explícita para que el banco financie gasto público o le preste al gobierno con cualquier propósito. Con mayor razón se aplica tal prohibición para respaldar los gastos de campaña de algún partido político.

- En consecuencia, se puede afirmar que la política monetaria ejecutada por el banco central en l999 y la planteada para el 2000 son compatibles con las metas de inflación y no están vinculadas al proceso electoral en curso.

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El autor es socio del Centro de Investigación para el Desarrollo.

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