La pregunta de los 64,000

Vivimos en el país de las justificaciones. Sobran los pretextos para maquillar los errores sobre el
Adina Chelminsky

Necesito un antipsicótico para combatir mis alucinaciones: últimamente oigo en mi cabeza, claramente, la voz de Pedro Ferríz Santacruz repitiendo “Y ahora por el gran premio de los 64,000 pesos dígame usted… ¿Por qué no crecemos?” México es un país estancado; en los últimos cuatro años el PIB per cápita ha caído más de 1%. La cifra de crecimiento anual de 7% que prometía Fox a lo largo de su campaña era más que un buen deseo, es el nivel necesario que se debe de dar, de manera sostenida, para lograr un real avance en el bienestar económico y social; si consideramos que en los últimos años el crecimiento promedio ha sido de 1.35%, es innegable que en vez de caminar para adelante estamos dando pasos para atrás.

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Estoy segura que ningún concursante podría dar una respuesta correcta para explicar la situación, sin embargo sobran pretextos para justificarla:
Excusa 1: No sólo es México. El mundo está pasando por una época de reajuste, la recuperación económica no ha respondido como se esperaba: El precio del petróleo está por los cielos, China empieza a desacelerar, la guerra en Irak no tiene fin y la fortaleza de la economía estadounidense enfrenta perspectivas más moderadas para 2005. ¡Está fuera de nuestras manos poder combatir las circunstancias mundiales! (Dato curioso: Mientras que en 2005 se espera que México crezca 3.2%, países como Chile y Rusia, enfrentando el mismo panorama mundial, crecerán a 4.7% y 6.6%, respectivamente.)

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Excusa 2: Es culpa del neoliberalismo. El fracaso de México radica en las erradas políticas seguidas en la década de los 90. El maquiavélico Salinas y su plan de dominación mundial dieron al traste con el país, para siempre (Preguntas inocentes: ¿Alguien sabe realmente lo que significa neoliberalismo o salinismo? ¿Antes de los años 90 el país funcionaba de maravilla? ¿No es ridículo seguir utilizando al mismo chivo expiatorio?).

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Excusa 3: “Perdone nuestra apariencia mientras remodelamos”. Estamos aprendiendo a ser una democracia; después de 70 años de un régimen unipartidista es lógico que vivamos avasallados por escándalos políticos que no nos dejan concentrarnos en nada más (Humilde opinión: videos, manipulación, intrigas, lágrimas y risas; los escándalos políticos de los últimos meses van más allá de una novatada de principiante, son un descaro colectivo y desmedido que lo único que evidencian es la falta de capacidad y compromiso de todos los involucrados).

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Excusa 4: Los cambios toman años. Bien hemos aprendido que no existen los milagros económicos, los cambios verdaderos no pueden ser de la noche a la mañana. El gobernar un país es cuestión de ensayo y error, hay que tener paciencia para poder traducir el proceso político en resultados económicos (Golpe de realidad: efectivamente el desarrollo toma muchos años… siempre y cuando cada uno esté formado por 365 días de arduo trabajo. El crecimiento económico no es como el baseball, nunca se gana un partido por los hits de la novena entrada).

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Mal dice el dicho que al nacer las excusas se murieron los idiotas, en México coexisten una gran cantidad de ambos.

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* Comentarios: adina@prodigy.net.mx.

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