La recta final

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Sergio Sarmiento

La competencia por la Presidencia de la República ha entrado a su fase final. A diferencia de las anteriores elecciones, el resultado se mantiene sin definición clara. Pero además de la duda sobre el ganador, hoy surge una gran incertidumbre sobre lo que puede ocurrir después de la elección.

- El debate entre los candidatos presidenciales del 25 de abril no modificó de manera radical las posiciones en la contienda, pero sí reafirmó una tendencia de alza de Vicente Fox, el principal candidato de la oposición. Francisco Labastida, el candidato del PRI, reaccionó días después con un reajuste en su equipo de campaña. Invitó a colaborar con él a antiguos rivales, como Manuel Bartlett y Humberto Roque, y al ex subsecretario de Gobierno y experimentado operador político Jesús Murillo Karam. A Emilio Gamboa le volvió a dar la responsabilidad de tratar con los medios. Es difícil saber si estos cambios le darán los resultados esperados. El problema fundamental con el que carga el candidato del PRI no es operativo: es el costo político acumulado por su partido durante más de 70 años de ejercicio ininterrumpido del poder. Fox se está beneficiando de un voto de protesta antipriísta que se ha fortalecido de manera notable en los últimos años.

- Según la mayoría de las encuestas serias de opinión, la competencia entre Fox y Labastida está en un virtual empate. La diferencia entre los dos punteros es de apenas unos tres puntos porcentuales, lo que coloca la carrera en el margen de error de las encuestas de opinión.

- No se puede prever cuál de los dos resultará finalmente el ganador. Fox tiene la ventaja de estar al alza, pero Labastida cuenta con el apoyo de un sistema político que, pese a su debilitamiento, aún es poderoso.

- La única predicción que se puede hacer con razonable confianza es que el resultado será muy cerrado: el más estrecho, quizá, de la historia del país. Pero Fox ha señalado que, debido a las marrullerías del sistema, cuestionará una derrota suya de menos de 10 puntos porcentuales.

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- Cualquiera que sea el resultado de la elección, es poco probable que el ganador obtenga un margen de victoria tan amplio. Surge así la posibilidad de un conflicto electoral. En 1988 México vivió una controversia sobre la legitimidad de la elección presidencial que el país arrastró de manera dolorosa durante años. Entre 1994 y 1997, con el fortalecimiento del sistema electoral, este tipo de controversias pareció desaparecer del panorama. Pero, ante la actual polarización política de México y el debilitamiento del sistema político, un nuevo conflicto que cuestionara la legitimidad del proceso electoral del 2 de julio podría poner en peligro la estabilidad misma del país.

- Sergio Sarmiento es investigador del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington

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